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A la pata coja

Los locales descomponen a los visitantes catapultados por Müller

Thomas Müller, tras el cuarto gol del Bayern. Ampliar foto
Thomas Müller, tras el cuarto gol del Bayern. AFP

Especulación, fútbol y balón parado. De todo un poco y en ese orden, cóctel de lo más indigesto para un Barcelona que no halló remedio ni receta, castigado por su falta de inventiva y líneas de pase, también por un Bayern superlativo.

Especulación. La del Barça llegó con la alineación; la del Bayern, sobre el césped. Decidió Vilanova poner antes a Alexis que a Villa para ganar en la presión avanzada, en el trabajo defensivo. Pero la tacañería se expresó en Tello, en la grada porque el Barça, por si las moscas Messi no seguía en órbita y se lesionaba de nuevo, optó por tener a dos jugadores interiores (Cesc y Thiago) para cobrar consistencia y posesión. Pero sin Tello, el equipo azulgrana simplificó su plan y redujo su fantasía, premio de consolación para Villa —suplente de Alexis— y todo un castigo para el extremo canterano, sin galones y sin premio por más que siempre respondiera ante el reclamo del equipo.

No se le contó disparo alguno al equipo azulgrana, hecho que también explica el anonimato de Messi en el encuentro

La racanería del Bayern, que figuró con los esperados —acaso la novedad de Boateng por Van Buyten—, se dio en el campo; al contrario que frente al Arsenal y el Juventus, cuando ejerció una presión adelantada y atosigadora, decidió ante el Barça retrasar la línea unos metros. Estrategia que le dio el balón al Barça, pero que no incomodó al equipo alemán, abrigado en la fase defensiva y con un despliegue de las alas brutal en la transición.

Fútbol. Para el Barça solo hubo una rampa de acceso a la portería del Bayern. La estratagema, dado que el único punto flaco del Bayern era el hueco a las espaldas de los laterales, era que Pedro bajara a recibir y arrastrara a su pareja de baile para que Alves se aventurara en la carrera. Un recurso válido para pisar área y estéril porque sus centros se perdieron en la indefinición. Tanto, que no se le contó disparo alguno a puerta. Hecho, en cualquier caso, que también explicó el anonimato de Messi en el duelo, atado en corto y empecinado en recibir en campo ajeno —para hacer de quarterback— en vez de buscar las cosquillas al espacio. Quizá porque sus músculos no estaban para carreras explosivas; quizá porque el 10 requiere siempre del balón para expresarse.

Roto el Barça en las zonas determinantes, se relamió el Bayern, a la contra y con carreras de galgo de los extremos. Bien cortadas por las correcciones de la defensa, pero mal resueltas en la prolongación, en las jugadas a balón parado.

Los saques de esquina del Bayern, estupendos, fueron jeroglíficos para un Barça escaso de centímetros

Saques de esquina. Fuerte, medio metro por encima de la cabeza y con la rosca de dentro hacia fuera para atacar al cuero en el remate de frente. Córners lanzados con maestría (de Ribéry desde la izquierda y Robben al lado opuesto) y jeroglíficos para el Barcelona, escaso de centímetros. Primero fue Dante el que extendió la jugada con un testarazo al palo largo y luego le imitó Müller; dos esféricos prolongados, dos remates (Müller y Mario Gómez) a la red.

Y no se acabó lo que se daba porque el Barça no interpretó el fútbol y se olvidó de la competitividad, también de los cambios. Así, el Bayern —aunque regresara a la especulación al quitar a un delantero por un mediocentro— acertó en un pick&roll baloncestístico del mismo Müller a Jordi Alba, bien completado por Robben. Y Vilanova, que no movió ficha hasta el minuto 83, cerró los ojos al final, cuando el Bayern resolvió definitivamente la eliminatoria con una última diana. Fue de Müller, que iba renqueante, con la pierna maltrecha. Pidió el cambio. Pero fue un símil del duelo: el Bayern ganó a la pata coja.

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