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Xavi sabía el camino

El capitán del Barcelona impone el ritmo de juego, reparte asistencias y culmina el plan que le bullía en la cabeza desde el regreso de Milán

Xavi da una indicación durante el partido. EFE

Salió Xavi, el primero. Y detrás de él, el Barça: seis campeones del mundo y el número uno. Ahí iba Xavi, el partido en la cabeza desde que regresaron de Milán, mil veces reconocidos los detalles que se necesitaban en el Camp Nou. Y así le fue a él y le fue a los que le siguieron camino de la remontada que reclamó para este Barcelona inolvidable. Detrás de Xavi, en fila, comparecieron Valdés, de rojo, en su partido número 100 en la Copa de Europa, Piqué, Busquets, Pedro, Iniesta, Alba, Mascherano, Villa, Alves y Messi. Iban 30 segundos, la recuperó el Barcelona y Mascherano la tocó para Piqué, que se la dio a Xavi por vez primera en el partido.

A partir de ahí fluyó el Barcelona al chasquido de los dedos del capitán, el dueño del balón, que empezó a jugar el partido el lunes, cuando se fue a honrar a Busquets con Messi, la noche que el deporte catalán escogió al de Badía como el mejor del año, y lo cerró ayer, con un pase genial para el tercer gol de su amigo Villa. Solo Xavi sabe de la paciencia que ha tenido El Guaje este año, así que la asistencia que le dio suena a merecido regalo, para la remontada que Xavi necesitaba, la cuadratura del círculo. “Durante la semana, nos hemos repetido que no podíamos irnos de esta manera de la Champions. Nos ha hecho ver que si recuperábamos nuestro nivel, lo conseguiríamos”, explicó Alves.

Le dio el pase de gol a Villa y consoló a Mascherano tras el segundo de Messi

De Xavi nació el primer gol de Messi —una pared en la frontal—, el primero de La Pulga contra un equipo italiano en jugada. Después del segundo de Messi, el número 58 en la Champions —solo le supera Raúl, que llegó a los 71— no buscó los abrazos, sino que se fue a por Mascherano. Ajeno a la fiesta, el rosarino se relamía todavía una herida que pudo ser aún más dolorosa. Habían pasado solo unos segundos desde que Niang rematara al palo tras un error suyo y Xavi se fue a por El Jefecito olvidándose de la montaña de abrazos cerca de la portería de Abbiati, en el gol norte. Se giró y miró al sur, en la búsqueda del compañero compungido por un error que pudo costarle la eliminación al Barcelona. Xavi sabía que Mascherano le necesitaba más que Leo y a por él se fue, ejerciendo de capitán, dando sentido al equipo.

El radar del número 6 vio también las diagonales de Pedro, como intuyó los apoyos a Busquets, y demostró otra vez que no hay excusas, que si no hay línea de pase, se inventa. Tuvo por delante la movilidad de Messi, la paciencia de Villa en su incansable trabajo para fijar a los centrales, los desmarques de Iniesta y encontró siempre al de Fuentealbilla y a Busquets. Todo ello en la noche en que igualaba a Iker Casillas como el tercer jugador con más partidos en la Liga de Campeones (127), solo por detrás de Raúl (142) y de Ryan Giggs (134).

Ya había manifestado que a un equipo ganador le faltaba una gran remontada

No necesitaba Xavi más que la pelota para jugar y hacer jugar. En torno a su toque se reunió el Barcelona. En el enésimo ejercicio de imaginación, Xavi encontró líneas de pase donde solo había piernas. A veces ganó metros a base de control; otras, sin siquiera tocar el balón. Por suerte para el Barcelona, reapareció la pelopina, esa invención del de Terrasa de la que saca petróleo simplemente dejando correr el balón para seguirlo con un golpe de cintura. Y cuando eso pasa, el Barça juega bien, justo lo que requería para superar los dos goles de ventaja con los que compareció el Milan.

Y con la misma cadencia que tocó, trotó para tapar, para salir al encuentro de quien fuera menester. Donde no le alcanzaron las fuerzas, tiró de oficio justo cuando más apretó el Milan en busca del gol que le metiera en cuartos. Y así, detrás de él, corrieron todos a abrazarse a Jordi Alba como un equipo. “No recuerdo un partido tan intenso. Hemos disfrutado, ha sido histórico. Debe servirnos de ejemplo para competir en el futuro. Hemos jugado bien por las bandas, hemos presionado más arriba, hemos tenido una pizca de suerte. Todo ha salido perfecto”, se congratuló el de Terrassa. Lo había anticipado, había manifestado que a la maravillosa escuadra que tantos títulos ha conquistado en los últimos cuatro años y medio le faltaba una gran remontada. La consiguió en el momento más oportuno, cuando más lo necesitaba. Él sabía el camino.

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