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SIN ESPINILLERAS OPINIÓN i

Vuelve la coartada, regresa el viejo Barça

Ramos cabecea ante Piqué, Busquets y CR. REUTERS

Nadie saldrá en defensa del Barcelona desde la neutralidad, cuando el equipo desfallece en la cancha y su juego queda a merced de las circunstancias, como por ejemplo de los árbitros, y también del acierto de los contrarios, falto de autoridad como ayer tarde en el Bernabéu. Pérez Lasa dejó de pitar en la última jugada un penalti de Sergio Ramos a Adriano que muy bien pudo suponer el 2-2. La jugada servirá de coartada al barcelonismo para explicar la derrota en Madrid. Igual que cuando en marzo de 2001 Losantos Omar anulaba un gol legal a Rivaldo.

El error del colegiado de ayer no justifica la actuación de un Barcelona inanimado y contemplativo, irreconocible como líder de la Liga, reprobable por su ausencia de protagonismo, el mismo que le llevó a destronar sin excusas ni complicidades al Real Madrid. Vuelve el barcelonismo a los viejos tiempos, cuando se creía sometido por mil y una causas de las que no se sentía responsable, nada que reprocharse, la peor de las conclusiones. No reaccionan los azulgrana desde la caída en Milán, con los titulares o con los suplentes, con o sin jugadores de refresco, esté o no Messi.

Ahora ya no se trata de defender la corona del rey del fútbol sino de entender al club que domina el campeonato en unas condiciones adversas: sin entrenador, víctima de la fatalidad, con los árbitros en contra y en la cancha del Real Madrid. Ocurre que no se da cuenta el Barcelona de que ya no se trata de un problema de los contrarios ni de los colegiados sino de su propio momento de forma. Tanto da que jueguen los titulares como los suplentes, es lo mismo que se alineen Mascherano, Thiago y Villa que Puyol, Xavi o Cesc, es igual que sea en el Camp Nou o en el Bernabéu. No va el Barça.

El error del colegiado no justifica la actuación de un equipo inanimado, irreconocible como líder

Hay que recapitular en una institución que presume de una idea, de un método y de un proyecto, nada que ver con el juego instantáneo y a corto plazo del Real Madrid. Los suplentes de Mourinho abatieron a los azulgrana de la misma manera que los titulares: un contragolpe armado después de una pérdida de balón y una jugada de estrategia. Independientemente del resultado, el Real Madrid jugó como lo habían hecho en jornadas anteriores el Valencia o la Real Sociedad e incidió en la trayectoria errática de los azulgrana, que sólo han ganado cinco de los 12 últimos partidos y han contabilizado tres derrotas.

Ante los partidos más exigentes, contra grandes adversarios, ya no valen solo los goles de Messi, que dejó su tanto 39 en la Liga, el 16º consecutivo, el número 50 de la temporada y el 18º contra el Real Madrid, cifra que iguala el récord de Alfredo Di Stéfano en los clásicos. A costa de los tantos del 10, el equipo ha perdido creatividad e innovación y se entrega a la rutina y a la inercia. Apuntado a la Copa del Rey y a la Champions, el Real Madrid trató de desacreditar con su alineación de ayer la Liga que dominan los azulgrana, y cuanto menos discutió la jerarquía del Barça.

Ya no es cuestión de defensas o delantero, sino de método

Los barcelonistas ya no solo defienden su condición de líder sino su jerarquía cuando se enfrentan al Real Madrid, y los últimos resultados avalan el plan de José Mourinho, que solo ha perdido uno de los últimos ocho clásicos. No hay manera de que el Barça gane un partido acorde con su cartel de número uno. Ha perdido tensión y ha dejado de causar admiración. Nadie apostará por su suerte ante el Milan si no para una sangría defensiva que no atiende a los cambios de los zagueros: 13 partidos consecutivos encajando por lo menos un gol. Ya no es cuestión de defensas o delantero, sino de método.

Mascherano no jugó mejor que Puyol, ni Thiago sustituyó a Xavi ni la actuación de Villa dejó en el olvido a Cesc. El Barcelona, convaleciente desde su caída en San Siro, se ha espantando por el qué dirán y por lo que pasa, incapaz de ofrecer una versión de su propia enfermedad. Incluso sus goles son de lo más rebuscados ante la simplicidad de los del Madrid. Ha perdido identidad y capacidad de comprenderse y de rebelarse, y se ha refugiado en la excusa. Se entrega al lamento, expresado en la queja fuera de tono y reprobable de Valdés nada más concluir el partido.

El portero actuó al fin y al cabo como Guardiola en sus tiempos de jugador contra Losantos Omar por anular un gol de Rivaldo. Vuelven los viejos tiempos: los Boixos Nois se infiltran en el Camp Nou y el Madrid le gana al Barça. Un clásico.

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