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Clásicos con muchas dudas

Barça y Madrid afrontan dos retos en una semana que, a la espera de la ‘Champions’, pueden marcar para bien o para mal su futuro

Como síntoma de las incertidumbres, Villa y Kaká marcan las vísperas

Cristiano Ronaldo hace un gesto durante el partido del sábado en Riazor.
Cristiano Ronaldo hace un gesto durante el partido del sábado en Riazor. AP

El fútbol es a menudo una secuencia de desmentidos, de verdades a medias, de intrigas. Cuando se anticipa el momento culminante del curso, resulta que los dos colosos, Barça y Madrid, tienen más dudas que certidumbres. Europa les ha dado un meneo, máxime a los azulgrana, y el destino de ambos puede dar un vuelco sideral. Por más que los barcelonistas tengan la Liga atada, un traspié mañana ante su eterno adversario y no hacer cumbre ante el Milan dejarían al Barça en una situación delicada. Descontado en su favor el campeonato liguero y sin otras emociones, al club y su entorno le quedarían más de dos meses por delante para sumirse en unos cuantos debates de calado. Con Tito Vilanova aún convaleciente en Nueva York, tiene la encrucijada de Víctor Valdés en la portería o el papel de Villa y Alexis, desteñidos como tantos otros que gravitaron en torno a Messi. Discusiones más o menos encendidas en función del paso del Real Madrid en Europa y su papel en la final de Copa. Porque ya se sabe que ambas instituciones se miran de reojo a cada instante. Es irremediable.

Si Villa apunta a la resurrección en el Barça, lo mismo pasa con Kaká en el Madrid

En la otra orilla, el Madrid, extraviado desde hace tiempo en la Liga y al límite en Europa, aún puede encontrar consuelo, sino un botín magnífico. Se vaya o se quede Mourinho, los títulos son el mejor sedante para tener continuidad o afrontar cualquier transición. Ocurre que un Madrid apeado de la Copa, la Champions y, por supuesto la Liga, podría entrar en erupción en la primera semana de marzo, a unos meses de las elecciones. No se vislumbra, por ahora, una oposición a Florentino Pérez, y en la caseta hay algunas cuentas pendientes entre el técnico y un sector de la plantilla. Pérez gobierna sin azotes, mientras que en el Barça se han agitado los líos entre Sandro Rosell y sus predecesores. En cuestiones de banquillo, si el equipo culé se viera obligado a dar un relevo a Tito porque este no se viera con fuerzas, el asunto sería más complejo que si el Madrid tuviera que sustituir a Mourinho. El Barça tiene un sello tan definido que acota el abanico de posibilidades. Por el Madrid es habitual que desfilen entrenadores de todos los perfiles. Tampoco en el mercado hay muchos jugadores que seduzcan lo suficiente como para ser capaces de aplacar una crisis. Neymar, que cautiva en Chamartín y en el Camp Nou, y muy pocos más.

Todo esto y mucho más es lo que se juegan Barça y Madrid en los próximos días. Los dos clásicos de esta semana comenzarán a señalar cuál de los dos acude al diván. A la Copa llegan los de Roura con incertidumbres que no tenía. El equipo encaja demasiados goles y en ataque —en Milán, claro ejemplo— ya no ha sido tan punzante. Quizá porque Messi parece algo tieso, por más que él defienda como terapia propia jugar, jugar y jugar. El rebrote de Villa ante el Sevilla es su alivio.

El Madrid, juzgado por la Liga, es un tiro al aire y no es solo un problema de motivación

El Madrid, juzgado por la Liga, es un tiro al aire. Se va y viene de los partidos con facilidad y frecuencia, incluido en el que se midió al United, lo que subraya que no es solo un problema de motivación. Si Villa apunta a la resurrección en el Barça, lo mismo pasa con Kaká en el Madrid. En Riazor dio síntomas del Kaká del Milan. Ahora falta que gane peso a ojos de un entrenador que siempre le ha mirado con recelo. Los clásicos no siempre son un duelo esgrimista entre Messi y Cristiano, que apenas dejaron pistas en la ida copera, donde emergió Varane, un secundario imponente.

Tras el bajón barcelonista, resulta complicado señalar por qué vericuetos irán estos clásicos. La Copa es un órdago, pero por muy despejada que esté la Liga ninguno puede quedar mal parado cuando se miden entre sí. Con ellos hay un plus en juego.

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