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Mourinho rectifica al Madrid

Los visitantes, sin Cristiano de inicio, remontan cuando el técnico recupera a su estrella, junto a Özil y Khedira, frente al Deportivo

Los jugadores del Madrid celebran el segundo gol Getty

Media hora le bastó al Real Madrid para superar un mal trago y sumar una victoria que tapa agujeros, los de un equipo que cuando no se han arrancado todas las hojas del calendario de febrero semeja transitar por la Liga como si lo hiciera por un amargo viaje, un periplo que puede virar a suplicio si no resuelve los envites coperos que le aguardan el próximo martes en Barcelona y después en Manchester. En Riazor remontó al Deportivo, tan esforzado como olvidado por la fortuna, dignísimo en la derrota, que se firmó al final, sólo cuando Mourinho reparó una alineación fallida.

Deportivo, 1 - Real Madrid, 2

Deportivo: Aranzubia; Silvio (Bergantiños, m. 25), Kaká (Jesús Vázquez, m. 58), Marchena, Ayoze; Assunção, Abel Aguilar; Bruno Gama, Valerón, Pizzi; y Riki (Nelson Oliveira, m. 75). No utilizados: Lux; Salomão, Juan Domínguez y Camuñas.

Real Madrid: Diego López; Arbeloa, Pepe, Carvalho, Marcelo (Cristiano, m. 57); Essien (Khedira, m. 57), Modric (Özil, m. 57); Di María, Kaká, Callejón; e Higuaín. No utilizados: Adán; Coentrão, Albiol y Morata.

Goles: 1-0. M. 35. Riki. 1-1. M. 73. Kaká. 1-2. M. 87. Higuaín.

Árbitro: Álvarez Izquierdo. Expulsó por doble tarjeta amarilla a Di María (m. 91) y amonestó a Carvalho, Pizzi, Marcelo, Abel Aguilar, Callejón y Ayoze.

Unos 30.000 espectadores en Riazor.

De inicio lo único excepcional fue esa decisión del técnico portugués. El Deportivo le cedió la iniciativa y el mando recayó en Modric. Por allí andaba Kaká, a la espera de su enésima resurrección, pero ni siquiera amagó con recoger el generalato. Lo asumió el croata, que prontó entregó las armas, tibio, sin entidad para imponerse. Con él y al paso de los minutos el Madrid se cayó. Apenas encontró argumentos cuando el Deportivo le concedió alguna contra, pero fue entonces cuando notó la ausencia de sus velocistas. Cristiano Ronaldo aguardaba en el banquillo. También Özil, su mejor suministrador. Todo el plan del Madrid se limitó a explotar las rupturas de Higuaín y, sobre todo, de Callejón, que explotó un carril donde el Deportivo tuvo que improvisar con un lateral postizo, Álex, tras tempranera lesión de Silvio.

Atribulado como anda con sus penas clasificatorias, el equipo de Fernando Vázquez creció en cuanto se afianzó atrás. La inacción del Madrid le dio la vidilla que necesitaba, el aliento, la confianza. Encontró su espacio porque el recuperado técnico gallego encontró un lugar para Valerón. Entre el destape de Oltra y la manta nórdica de Domingos, Vázquez se vistió de fiesta para regalar nuevos minutos para el genial flaco. Éste respondió ejerciendo de entrenador en el campo, parando y tocando, lanzando a sus delanteros. Que nadie le pida un sprint, pero con él en la mediapunta el Deportivo, en el que sobran jugadores de fútbol, tiene un futbolista. Y no parece tan descabellado que un colectivo de once hombres pueda permitirse uno así.

El técnico local encontró un lugar para Valerón, que repartió caramelos

Valerón repartió caramelos, le dio salida al Deportivo, gestó el gol de Riki, premio a una primera parte en la que el colista acabó desarbolando al Madrid, al que le llegaron por todos los flancos, por el de Pizzi y por el de Bruno Gama, por supuesto por el de Riki, que tiene un cañón en la zurda y al que le sobra hambre. Pudo hasta golear el Deportivo antes del descanso, codicioso, pero sin puntería. Dejó pasar su momento sin alcanzar mayor renta y se abocó al sufrimiento porque Mourinho cortó por lo sano. O por lo insano. Retiró a sus irrelevantes piezas de la medular, Essien y Modric. También a Marcelo, que sigue sin llegar tras su lesión. Se rearmó de un golpe con Khedira, Özil y CR, así como quien tira la chequera encima de la mesa en casa de un club en proceso concursal. Justo en ese instante el Deportivo perdió, también por lesión, a su segundo zaguero de la noche, su Kaká, y todo el mundo en Riazor sintió que el teatrillo cambiaba de decorado, que ya Valerón se había desconectado y el partido ya sólo iría en una dirección.

Su agonía convirtió en eterno el partido para el Deportivo. Empató Kaká en su única aparición desde la frontal, bregó Cristiano Ronaldo y pidió la pelota Özil. Intimidó el Madrid, se juntó el Deportivo, pero se le paró el reloj, perdió la referencia de Riki, agotado y sustituido por Oliveira, que no es precisamente un fajador. Casi sobre la bocina el punta luso no peleó con fe un balón en la medular y propició la rápida respuesta de Cristiano para fabricar el gol de Higuain, el segundo triunfo blanco en Riazor desde 1992.

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