La última muerte de la carretera

Iñaki Lejarreta, hijo y sobrino de corredores, fallece atropellado a cinco kilómetros de su casa

Iñaki Lejarreta se proclamó vencedor de la XII edición del Open Monte Naranco.
Iñaki Lejarreta se proclamó vencedor de la XII edición del Open Monte Naranco.Alberto Morante (EFE)

No hay ciclista a quien no se le haya muerto un amigo ciclista, le decía no hace mucho con fatalidad el escritor Matt Rendell a Pedro Horrillo, y este lo pensaba unos segundos y asentía. Hacía pocos días que justo había regresado de un viaje especial a Italia, un descenso en rápel por el barranco del culmine de San Pietro en el que estuvo a punto de morir cuando se cayó en una etapa del Giro de 2009 —“bajé 70 metros y tuve la sensación vivísima de haber estado allí antes”, recuerda del lugar en el que no murió— y a Horrillo le llevaba una sensibilidad especial.

La idea de la muerte nunca abandona a un ciclista. Y por pura casualidad, la noche anterior, la del pasado sábado, el grupo de ciclistas de la zona, que celebraba la larga cena habitual de la época, había hablado de la carretera, de la N-634, de su peligro incesante. “Algo tenemos que hacer”, dijo Igor Anton, que la usa a diario entrenándose. “No sé qué acción podríamos llevar a cabo para llamar la atención, para que alguien haga algo”. Y Horrillo estaba de acuerdo.

Iñaki era uno de los mejores especialistas españoles en mountain bike, campeón del mundo juvenil y de Europa sub-23 y diploma olímpico en Pekín 2008

A la mañana siguiente, ayer, a las 10.15, a Horrillo le para la policía cuando conducía su coche por la misma carretera, la N-634, Bilbao-San Sebastián, junto a la entrada de la autopista. Un accidente. “He visto un casco de ciclista en una valla de cemento y, siendo la hora que era, enseguida he sabido que era un ciclista profesional, porque solo los profesionales que salen a entrenarse van solos; los aficionados van en grupetas y, como la noche anterior había estado de cena con la mayoría de profesionales de la zona hasta las cinco de la mañana, ninguno de ellos sería, y he pensado en Iñaki Lejarreta”, dice Horrillo, a quien la intuición no le engañó. “Y menos mal que el policía no me dejó bajarme a mirar o levantar la sábana, porque le habría identificado al instante y habría sido un golpe terrible. Iñaki era un buen amigo mío”.

Iñaki Lejarreta, de 29 años, era amigo de Horrillo y una persona muy querida por toda la comunidad ciclista de Durango y todo el País Vasco. No eran ni las diez de la mañana de ayer —una mañana espectacular y hermosa, con un sol brillante, con mucha luz y buena temperatura— cuando, en una larga recta, en una carretera ancha, en una zona con límite de velocidad de 50 por hora, pues era la zona urbana de Iurreta, junto a Durango, a no más de cinco kilómetros de su casa, en Berriz, un Clio le embistió por detrás cuando marchaba en bicicleta por el arcén. Falleció en el acto. El conductor del coche, un joven de 22 años, aseguró que le había deslumbrado el sol, que no había visto al ciclista.

Era dicharachero, culto, inquieto. Podías hablar con él de cualquier cosa, un gran conversador” Pedro Horrillo

Hijo del profesional de la carretera Ismael Lejarreta y sobrino del gran Marino, Iñaki era uno de los mejores especialistas españoles en mountain bike, campeón del mundo juvenil y de Europa sub-23 y diploma olímpico en Pekín 2008. Su mayor preocupación era la desaparición de su equipo, el Orbea, y la necesidad de buscar otro.

“Él también podría haber hecho camino en la carretera, pero eligió el mountain bike porque no le gustaba nada el ambiente que veía, el dopaje”, dice Horrillo. “Y me decía que sufría entrenándose en la carretera, que lo hacía con mucho estrés, y prefería la tranquilidad del monte, pero tenía que salir a la carretera porque había entrenamientos que no podía hacer en el monte”.

Le entrenaba a Iñaki su pareja, Naiara Telletxea, una exciclista con la que vivía y que espera su primer hijo para enero. “Y era dicharachero, culto, inquieto. Era uno con el que podías hablar de cualquier cosa. Era un gran conversador, le daba igual dos horas que cuatro...”, dice Horrillo, ciclista al que se le ha muerto un amigo. “Lo peor es que se te quitan las ganas de ir en bicicleta, porque esto no es un riesgo asumido, parte de la profesión, como mi caída en el Giro, esto...”.

Sobre la firma

Carlos Arribas

Periodista de EL PAÍS desde 1990. Cubre regularmente los Juegos Olímpicos, las principales competiciones de ciclismo y atletismo y las noticias de dopaje.

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