Bálsamo para el Granada

Impulsados por un gran Mikel Rico, los de Anquela bajan del altar a un Betis sin fútbol

Paulao salta con El Arabi junto a Beñat
Paulao salta con El Arabi junto a BeñatToni Rodriguez (Diario As)

Comienza a ser un clásico que el Granada encuentre en los partidos ante el Betis un bálsamo para sus heridas. Y bien que lo avisó el entrenador bético, Pepe Mel, que no paró de repetir a lo largo de la semana que el halago debilita y que la igualdad es la premisa básica en la Liga española. Harto de hacer milagros, el técnico no pudo evitar la derrota de su equipo ante un Granada mejor las tres cuartas del partido, impulsado por un fantástico Mikel Rico y que solo vio peligrar el encuentro en 15 minutos de la segunda mitad, cuando el Betis se desmelenó con más garra que fútbol, siempre con la defensa hecha un flan y un centro del campo dominado por el mencionado Mikel Rico e Iriney.

No tuvo el conjunto bético su día a pesar de enviar dos balones a los palos, más producto de su buen juego de estrategia que de un dominio claro en el juego. Asfixiado en el centro del campo, el Betis pegó un picotazo en el gol del empate y luego, con una falta de solidez alarmante, encajó un segundo gol impropio de los equipos que quieren estar arriba. Respira el Granada, que ofreció mejores sensaciones que las que deberían emanar de su clasificación, ayudado por un Betis vulgar, que había sido elevado a los altares y al que le falta madurez para ser competitivo a pesar de los intentos de su excelente entrenador.

Si el Betis, cuarto clasificado, es mejor que el Granada, no lo demostró con una puesta en escena lamentable, impropia de un equipo que venía siendo la revelación de la competición. El Granada de Anquela, inmerso en una pésima racha de juego y resultados, hizo de la necesidad virtud para sorprender al Betis con un inicio fulgurante, donde apretó una barbaridad a un rival frío, glacial, que saltó al campo como si se tratara de un entrenamiento más.

La pasión del Granada sorprendió al Betis y lo sometió con justicia en una primera mitad marcada por el gol de Torje a los ocho minutos después de un fallo del meta Adrián y de sus compañeros al no estar atentos a su rechace. Iriney, muy silbado, se comió el solito al centro del campo del Betis, donde dolía ver a Rubén Castro pegado a la banda derecha y, lo que es peor, una incapacidad absoluta para mantener la posesión de balón e hilvanar jugadas ante la enorme distancia entre sus líneas. La presión del Granada, ordenada y sistemática, apagó a un equipo sevillano que se salvó del segundo gol de milagro. El Betis, imprevisible, se apuntó al partido en un cuarto de hora frenético, logrando empatar, pero no fue competitivo, hasta el punto de encajar un gol casi de la nada.

Normas

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Logo elpais

Ya no dispones de más artículos gratis este mes

Suscríbete para seguir leyendo

Descubre las promociones disponibles

Suscríbete

Ya tengo una suscripción