Manda Verdú, decide Stuani

El Espanyol alcanza su primera victoria después de un esforzado remonte ante el Rayo

verdú celebra su segunda diana.
verdú celebra su segunda diana.Andreu Dalmau (EFE)

Hay futbolistas que marcan tendencia por su calidad, inciden en el partido con sus intervenciones y al mismo tiempo reflejan el estado emocional del equipo en el que juegan. Habitualmente son centrocampistas, gente como en su día John Lauridsen o ahora Joan Verdú, referentes ambos de la sufrida hinchada del Espanyol.

El gran danés, como se conocía a Lauridsen, fue un fino interior de los años ochenta. Aparentaba por sus andares que era cojo y, sin embargo, le daba muy bien a la pelota, en corto y en largo, tenía pase y tiro, criterio y visión de juego, y prefería atacar a defender, virtudes y defectos que alguna vez en le relegaron a la suplencia. Estrella de Sarrià, fue homenajeado en Cornellà-El Prat en el duelo ante el Rayo.

ESPANYOL, 3-RAYO, 2

Espanyol: Cristian Álvarez; Raúl Rodríguez, Colotto, Héctor Moreno, Capdevila; Forlín (Baena, m. 69), Víctor Sánchez; Javi López (Stuani, m. 75), Verdú, Wakaso (Sergio García, m. 69); y Longo. No utilizados: Casilla, Galán, Cristian Gómez y Rui Fonte.

Rayo: Rubén; Tito, Gálvez, Labaka, Casado; Mohamed Abu (Trashorras, m. 58), Javi Fuego; Piti (Adrián, m.79), Chori Domínguez (Rodri, m. 69), José Carlos; y Leo. No utilizados: Dani, Sueliton, Lass y, Delibasic.

Goles: 0-1. M.11: Leo Baptistao. 1-1. M.38: Verdú. 2-1. M.49: Verdú. 2-2. M.63. Leo Baptistao. 3-2. M.91. Stuani.

Árbitro: Teixeira Vitienes. Expulsó a Labaka por una entrada a Javi López (m.67 ) y por doble tarjeta amarilla a Colotto (m.80) y amonestó a Verdú, Gálvez, Rubén, Forlín y Rodri.

Cornellà-El Prat. 21.497 espectadores.

Tanto por su posición de volante como por su delicado pie, Verdú guarda un cierto parecido con Lauridsen. Fue el protagonista de la tarde, la expresión máxima del Espanyol, un club que vive momentos de máxima inestabilidad y, sin embargo, mantiene su carácter irreductible.

Verdú se equivocó gravemente en un pase intrascendente y habilitó a Leo para que pusiera el 0-1. El asistente indicó que Colotto sacó la pelota cuando ya había rebasado la línea de gol y el árbitro avaló la ventaja del Rayo. El juego blanquiazul resultaba por entonces impreciso y confuso. Verdú era un saco de nervios, pero se corrigió con clase y grandeza, y le dio la vuelta al marcador con dos tantos después de que el poste le escupiera un buen disparo. Uno fue clarividente: recibió una asistencia de Víctor Sánchez y antes de picar el balón sobre la salida del portero oteó el marco para no errar en el remate: 1-1. Y el segundo de oportunista: empezó la jugada cuando metió el cuero en el área del Rayo y no salió hasta remachar el último rebote: 2-1.

Al monólogo de Verdú en su partido 200 en la máxima categoría respondió Leo por parte del Rayo. Hasta cierto punto parece más normal que los goles los meta un delantero y no un medio. Y el brasileño no perdonó el regalo de Verdú ni más tarde el obsequio del Chori Dominguez. No jugaba ni bien ni mal el Rayo, sino que era espectador del enredo del Espanyol, fotografiado en la alineación y en la lista de convocados: no estaban Tejera ni Simão, dos de los fichajes de la temporada y regresaron Baena y Sergio García.

El Espanyol es un club que vive momentos de máxima inestabilidad y, sin embargo, mantiene su carácter irreductible

Pochettino agrupó al equipo en una línea de cinco medios y repitió la misma zaga de Valladolid. Quería ganar a partir de la estabilidad defensiva, santo y seña del Espanyol. La puntería de Leo le obligó a un nuevo ejercicio de superación y, finalmente, a alcanzar un remonte que supuso su primer triunfo en la Liga cuando el empate ya se daba por seguro.

El partido agonizó un buen tiempo después del segundo tanto de Leo. Había afinado el Rayo su defensa y tiraba la línea del fuera de juego con precisión para desespero de Longo, un excelente ariete que frente al Rayo no consiguió enfocar la portería. Y tampoco tenía excesivos problemas para cerrar el Espanyol. Únicamente una llegada de Piti puso en peligro a Cristian Álvarez. Ni siquiera las expulsiones de Labaka —discutible— y de Colotto —penalizó por simular un penalti y por un bloqueo en la divisoria, acciones impropias de un central y de un equipo que acumula cinco tarjetas rojas en ocho partidos— alteraron el tono de un partido caldeado en la grada por la bronca de La curva jove.

Fue la mejor medicina para el Espanyol: un gol agónico para combatir el angustioso inicio de temporada

Hasta que en la prolongación, un centro de Sergio García fue cabeceado en posición dudosa por Stuani. Una estampa que evocó los tiempos de Pandiani. El uruguayo redimía entonces al Espanyol como lo hizo su compatriota Stuani. Ya se sabe que los partidos los manejan los medios como Verdú y los resuelven arietes del estilo de Stuani. Fue la mejor medicina para el Espanyol: un gol agónico para combatir el angustioso inicio de curso que le llevó hasta la cola. Nada dijo el Rayo, seguramente consternado por las convulsiones del Espanyol.

Sobre la firma

Ramon Besa

Redactor jefe de deportes en Barcelona. Licenciado en periodismo, doctor honoris causa por la Universitat de Vic y profesor de Blanquerna. Colaborador de la Cadena Ser y de Catalunya Ràdio. Anteriormente trabajó en El 9 Nou y el diari Avui. Medalla de bronce al mérito deportivo junto con José Sámano en 2013. Premio Vázquez Montalbán.

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