Reducción al absurdo

El sistema de puntuación de la UCI propicia situaciones grotescas, como el intento del Euskaltel de fichar a Freire para no correr

Freire, de rojo, comparte podio en la 92ª París-Bruselas.
Freire, de rojo, comparte podio en la 92ª París-Bruselas.DAVID STOCKMAN (afp)

De los efectos indeseados que el sistema de puntos de la UCI ha llevado al ciclismo —para formar parte del WorldTour, la primera división, que da derecho a participar en las grandes carreras, los equipos deben, entre otras condiciones, clasificarse entre los 15 primeros de una clasificación establecida sumando los puntos individuales que sus 12 mejores corredores consiguen en las carreras— se conocían unos cuantos, pero, ciertamente, no los peores. Y lo peor no es la inflación económica en un deporte en crisis permanente de patrocinadores.

Se habla de efectos perniciosos en el funcionamiento colectivo de un deporte que se corre por equipos, pero en el que gana solo uno. Los directores se preguntan cómo convencer a varios corredores de que trabajen para el triunfo de otro: el trabajador no logrará puntos; el ganador, sí, un solo individuo sacando provecho del trabajo común. Al final de la temporada, quien no tenga puntos no vale nada y es despedible, con lo que la conclusión es obvia y subvierte la lógica ideal del ciclismo, la que creó la figura del gregario: quien trabaja para otro pierde. O se habla del caso de aquel equipo francés que fichó a un ciclista iraní por los puntos conseguidos en el circuito asiático y que se ha retirado de casi todas las carreras europeas en las que ha participado en 2012.

Los 100 puntos del cántabro le habrían valido al equipo vasco para seguir en Primera

Ninguno, sin embargo, alcanza el grado de absurdo, casi surrealista, de la oferta que ha recibido Óscar Freire, ciclista retirado oficialmente desde el 23 de septiembre —un Mundial amargo, acabado entre recriminaciones, y triste— y poseedor de la nada despreciable cantidad de 100 puntos, la diferencia para algunos equipos entre el ser y el no ser. Para el Euskaltel, por ejemplo, en el filo de la navaja.

Después del Mundial, el hermano y mánager de Freire se reunió con representantes del equipo vasco, que le ofrecían un año de contrato. Cuando les dijo que la retirada no tenía vuelta atrás, le respondieron que no habría problemas: que Freire, aunque oficialmente en activo, en la práctica seguiría retirado en Suiza, sin correr ni entrenarse. Lo único que interesaba eran sus 100 puntos, no sus sprints.

Educadamente, Freire, de 36 años, les dijo que no, que no pensaba ensuciar su reputación como uno de los más grandes ciclistas de la historia de España aceptando el cambalache.

Ridícula y todo, la solución habría sido más del gusto de la afición vasca que la alternativa que, finalmente, triunfará en el Euskaltel si en la próxima Vuelta a Pekín no se consiguen puntos: la contratación de ciclistas extranjeros. La construcción del nuevo Euskaltel, ya desligado de la Fundación Euskadi, de la que nació, pasa impepinablemente para sus promotores por la permanencia en el WorldTour. Esta necesidad, apoyada en un patrocinio de nueve millones de euros, choca con una realidad dura: ni sumando los puntos de todos los ciclistas vascos dispersos por otros equipos se alcanzaría el mínimo para estar entre los 15 primeros.

Antes que por el inevitable fichaje de extranjeros —ya efectuados, según algunas fuentes, pero aún secretos: no se harían públicos hasta el 31 de octubre, cuando termina el plazo de fichajes—, Igor González de Galdeano, el mánager del Euskaltel, ha sido muy criticado en el País Vasco por el fondo y la forma de algunas de sus decisiones, como la no renovación de Amets Txurruka, un símbolo del espíritu del viejo Euskaltel, y de otros corredores vascos para hacer hueco a los que llegan con puntos, consideradas una traición a la filosofía fundacional del equipo. La lógica de González Galdeano es, sin embargo, aplastante, hija de la nueva concepción del ciclismo mundial. Vale, dice esa lógica; hagamos un equipo solo vasco. Como no podría estar en el WorldTour, tampoco sería posible mantener una plantilla de 25 o 28 corredores y también sería mucho menor el patrocinio, con lo que tendríamos un equipo de 18 vascos —las no renovaciones serían inevitables—, pero condenado a pelear para poder participar en las grandes carreras. En cambio, si se ficha a cinco, digamos, alemanes con puntos, podríamos tener un equipo con los mismos 18 vascos o algunos más, pero ya en el WorldTour y con más patrocinio, con todo lo que eso significa.

Sobre la firma

Carlos Arribas

Periodista de EL PAÍS desde 1990. Cubre regularmente los Juegos Olímpicos, las principales competiciones de ciclismo y atletismo y las noticias de dopaje.

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