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Anna Tarrés, la niña de Cal Vinyeta

La ‘inventora’ de la natación sincronizada española aprendió a nadar con los cursos que organizaba el panadero de Sarral, el pueblo donde pasaba los veranos con sus abuelos

Tarrés, durante un entrenamiento de la selección de natación sincronizada.
Tarrés, durante un entrenamiento de la selección de natación sincronizada.

La historia de la natación sincronizada española empieza en Sarral, un pequeño pueblo de la comarca de Conca de Barberà (Tarragona) donde Anna Tarrés aprendió a nadar. Hija de un profesor de matemáticas, Josep Tarrés, y de Pepa Campa, profesora de Física y Química y Farmacia, Tarrés es hoy un referente de la natación sincronizada, pero entonces era una niña que competía en la piscina del pueblo, en los cursos que cada verano montaba Damià, el panadero del pueblo.

“Era un bicho. Pequeña, inquieta, era muy divertida. La llamábamos la Vinyeta porque era la nieta de Cal Vinyeta”, recuerda su amiga Ester Vendrell, con la que aún mantiene contacto. “No parábamos: íbamos en bici, buscábamos gamusinos; los días de lluvia, caracoles”. Siguen siendo uno de los platos preferidos de Anna, que, según dicen, tiene un paladar muy fino: “Sí, me gusta el foie, el salmón, las ensaladas, los caracoles... Y tengo un ojo especial para encontrar los mejores embutidos”, dice entre risas. También cuentan que le gusta el cava con locura y que durante años la familia ha tenido producción propia en el pueblo, de la que se encargaba su madre, enóloga.

Como nadadora, en los 70, formó parte de la primera gran selección de ‘sincro’

Pero si Tarrés llegó a la natación sincronizada, la razón hay que buscarla en las clases de catequesis de la iglesia de Sant Isidre, en Barcelona. “Yo tenía una profesora en el cole, Elsa Verdugo, que nos daba clases de gimnasia, y, además, hacíamos natación, que me aburría mucho. La hija de una de las secretarias de la catequesis me dijo que había un club, el Kallipolis, en el que se hacía natación sincronizada, y me llamó la atención porque nunca había oído hablar de aquello. Así que fui”, recuerda Anna. Y se quedó. Hasta hoy, cincuenta y cinco medallas después.

María José Bilbao la vio llegar al Kallipolis, y la recuerda como una niña vivaracha, inquieta y charlatana. “Ya tenía madera de líder”, asegura la que fue primera nadadora de sincronizada española que participó en un Mundial, en 1973, y la primera entrenadora que tuvo Tarrés. “Si no es por ella, yo no estaría aquí”, sostiene Anna, que como nadadora formó parte de la primera gran selección de la sincro española, con Marta Amorós, Eli Salrach, Ester Jaume, Núria Ayala y Eva López.

Fue campeona de España muy joven y acudió a los Juegos de Los Ángeles 84

Fue una época que Tarrés recuerda con emoción, en especial al hablar de “Las plomez”. “Así llamaba César Villegas, el presidente del Kallipolis, a Mari Carmen Chueca, Pura Riera, Judith Sitjar y Eva Enrich. De ellas aprendí lo mejor de la adolescencia, nos lo pasábamos muy bien, en especial cuando Eva nos explicaba sus aventuras con los chicos”, confiesa.

Fue campeona de España muy jovencita y participó en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 1984. “¡En aquellos tiempos ir a los Juegos ya era mucho!” recuerda Bilbao. “Siempre ha sido tan exigente consigo misma como lo fue después con los demás”, comenta su hermana menor, Mar, desde Estados Unidos, donde vive. “Con 14 años, cuando ya hacía sincro, salía del cole al mediodía y se iba a entrenar con chicos. Luego, volvía a clase y por la tarde se entrenaba con el equipo de sincro”. Dice Mar que su hermana “siempre fue valiente y rompedora”.

En 1986, cuando dejó la alta competición, ya licenciada en Filología Anglogermánica, abandonó la natación hasta que Bilbao y César Villegas la empujan a entrar en el Centro de Tecnificación de la Federación Catalana después de los Juegos Olímpicos de Barcelona, en 1992. Allí empezó a fraguarse el “método Tarrés”, eso que Bilbao describe como la consecuencia de la capacidad de Tarrés para asumir conceptos de sus entrenadores y resume diciendo que es “un 99% de trabajo y un 1% por ciento de inspiración”.

“Siempre ha sido tan exigente consigo mismo como con los demás”, recuerda su hermana

“Yo todo lo he aprendido copiando”, suele decir Tarrés, que chupó conocimientos de Heidi O’Rourke, Lucia Baker, que fueron sus entrenadoras, y muy especialmente de Karen Babb, la madre de la campeona olímpica estadounidense Kristen Babb, que se quedó a vivir en Barcelona después de los Juegos. “Con ella descubro la filosofía americana de motivación. Me decía que los españoles siempre corregíamos en negativo y que quizá había que hacer lo mismo, pero en positivo”.

Será por eso que apenas unos días después de haber sido apartada del sueño que ella había construido, se va unos días al Sarral, para ver a sus padres, básicamente, y para que su hija disfrute del pueblo como ella lo hacia de pequeña. Beberá cava, comerá cargols y escuchará a Mozart. Y se bañara en la piscina donde un día empezó todo.

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