Ferrer contra el caníbal

El español busca ante Djokovic su primera final grande, en la que ya espera Murray tras vencer a Berdych 5-7, 6-2, 6-1 y 7-6

Ferrer muerde un calcetín mientras le atiende el fisioterapeuta
Ferrer muerde un calcetín mientras le atiende el fisioterapeutam. segar (REUTERS)

David Ferrer roe y masca un calcetín mientras le atiende el fisioterapetua. Es jueves. Compite los cuartos de final del Abierto de Estados Unidos contra el serbio Janko Tipsarevic, que primero manda por dos sets a uno y luego se adelanta 4-1 en el parcial decisivo. Es un momento de reflexión. Un instante, con el tercer set ya casi perdido, en el que se decide a cambiar su plan —la insistente percusión sobre el revés— y convertir el partido en una batalla, el tenis en agonía, el encuentro en un pulso de deseos, voluntades y ambiciones. ¿Quién quiere más esta victoria? ¿Quién está más dispuesto a sufrirla? Esas son las preguntas. Las mandíbulas que sujetan ese tejido manchado son las que dan las respuestas, porque son las mismas que luego atrapan al número nueve mundial y no le sueltan: unas fauces poderosas, insaciables y voraces, las mismas que forman el altavoz de un grito (“¡Vamos!”) que cierra la remontada del español (6-3, 6-7, 2-6, 6-3 y 7-6) y le cita con el serbio Novak Djokovic en semifinales.

No me siento ante mi última oportunidad”, dice el número cinco, de 30 años

“David es un luchador”, resume el número dos mundial, que es el campeón defensor y que no se perdió ni un segundo del duelo del español, en el que observó cómo este acaba fresco como una lechuga tras 4h31m de debate. “Es uno de los competidores más fieros que hay en este deporte”, prosiguió el favorito, citado con Ferrer tras la segunda semifinal, en la que el británico Andy Murray derrotó al checo Tomas Berdych 5-7, 6-2, 6-1 y 7-6(7). “La gente tiende a no pensar en él, pero es uno de los tenistas más completos que hay, es competitivo en cualquier superficie. Te hace ganarte tus puntos”.

A los 30 años, el español disputa su cuarta semifinal grande y busca competir su primera final de la categoría. Frente al impresionante caminar en el torneo de Nole, espléndido durante toda la quincena, él ha vivido un torrente de emociones en partidos cocinados a fuego lento. Capacitado para igualar e incluso superara el alto ritmo del número dos en el juego de fondo —esa será su táctica, desbordar por intensidad—, el español tiene un problema. El mejor tiro de Djokovic, el resto, coincide con el más debil de los suyos, el saque.

Tras Rafael Nadal, Nole es el tenista que más juegos ajenos ha conquistado en lo que va de curso (33%), mientras que el español es el tenista del top 10 que más dobles faltas comete (112). Nole le obligará al riesgo cuando falle el primer saque. Atacará su segundo saque con la codicia de los hambrientos. Si Ferrer no sirve como ante Tipsarevic (15 aces), vivirá en un continuo atolladero, porque le faltará aire donde debería haber oxígeno: en sus dos cruces de 2012, Djokovic, ganador en ambos, promedia 10 bolas de break sobre el saque de Ferrer, que se procuró cuatro de media y ahora debe recuperarse de las emociones de un partido de los que se recuerdan para toda la vida.

En sus cruces de 2012 Nole se procuró diez bolas de break de media por cuatro suyas

“Ha sido uno de los partidos más emotivos de mi carrera”, dijo el número cinco mundial sobre su victoria en los cuartos de final contra Tipsarevic. “Quizás lo pueda comparar a la Copa Davis”, añadió el alicantino, que precisamente ha sido convocado para las semifinales de esa competición (España-Estados Unidos, entre el 14 y el 16 de septiembre), donde es duda el doblista Marc López, que se retiró por lesión en las semifinales del Abierto. “Hubo muchas emociones”, subrayó Ferrer. “Mi rival también se mereció ganar el partido. El tie-break fue una lotería y yo tuve suerte en momentos importantes”.

Hubo un tiempo, en 2009, en el que el mismo Ferrer se dio por retirado para los grandes escenarios. Ocurrió en Benidorm, entre vientos huracanados. Se cayó una grada, pero no hubo heridos. Lo más parecido a eso fue Djokovic, al que le metió un rapapolvo en la primera eliminatoria de la Copa Davis (6-3, 6-3 y 7-6). Entonces le preguntaron si se veía volviendo al top-10, si se veía cerca de los mejores. “Lejos, lejos”, dijo. ¿Y ahora?, le preguntaron en Nueva York al actual número cinco. ¿Es este el partido decisivo de su carrera, siente que es el que decidirá si fue muy buena o excelente, cree que tendrá más oportunidades así en la treintena? “Yo no pienso que este sea mi última oportunidad, mi última opción, de ganar un grande”, contestó en una rueda de prensa. “Me centro en el partido. En las semifinales... y a disfrutar del momento”.

Sobre la firma

J. J. MATEO

Es redactor de la sección de Madrid y está especializado en información política. Trabaja en el EL PAÍS desde 2005. Es licenciado en Historia por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Periodismo por la Escuela UAM / EL PAÍS.

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