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Lío gordo para España

La derrota ante Rusia en baloncesto crea un dilema al equipo de Scariolo, que probablemente solo pueda evitar a EE UU antes de la final si pierde mañana con Brasil, que se juega lo mismo

Pau Gasol se lamenta tras fallar un tiro libre a falta de cinco segundos para el final del partido.
Pau Gasol se lamenta tras fallar un tiro libre a falta de cinco segundos para el final del partido. EFE

Fracasado el fútbol y con la armada del tenis convertida en una flotilla, el baloncesto, que parecía una apuesta firme, se ha metido en un lío monumental: ¿es posible que ganar sea perder? La selección, con la lengua fuera ante la irrelevante Gran Bretaña, llegó con la alarma encendida ante Rusia, que tiene potencial. España, fulminante al inicio (20-2) y vacilante después —la primera ventaja rusa, 47-49, fue a 2.55 de concluir el tercer cuarto—, sucumbió al final (77-74). No fue una simple derrota. Ahora, su último duelo del grupo, mañana ante Brasil, supondrá una encrucijada, un dilema ético. Rusia ya es primera de grupo, por lo que evitaría a EEUU, presumible vencedor del suyo, hasta la final. El segundo del grupo, no, porque en caso de superar los cuartos se vería con LeBron y compañía en las semifinales. Es la plaza que corresponderá al ganador del España-Brasil. El que pierda será tercero, lo que le alejaría del dream team hasta la pelea por el oro. Salvo que cerrado el partido entre españoles y brasileños (21.00), la NBA, que ayer padeció ante Lituania (99-94), se dé un batacazo ante Argentina (23.15). En el baloncesto, una final es algo más que garantizarse como mínimo la plata. Si la segunda medalla ya tiene valor en sí misma, el póster de una final ante un equipo de ensueño es un bingo añadido.

En los grandes campeonatos no siempre hay atajos. Una sola derrota puede conducir a un campo de minas y suponer una condena

En los grandes campeonatos no siempre hay atajos. Una sola derrota puede conducir a un campo de minas y suponer una condena. Un traspié te desvía del camino. Y España, tan fiable desde el estirón de sus júniors de oro, se ha desviado de la ruta que preveía. No sin méritos para ello. “Somos un equipo de contrastes, irregular”, enfatizó Pau Gasol, errático en un tiro libre final que pudo haber sellado al menos la prórroga. Sin remedio, ahora España tiene que hacer cuentas, pero cualquier pisoteo a los códigos de la deportividad dañaría para siempre su prestigio. Mucho peor, que irse de Londres sin premio.

Quien sí abandonó los Juegos sin podios fue el tenis español, lo que no ocurría desde que este deporte se reintegró al programa olímpico en Seúl 88. David Ferrer y Feliciano López, caídos el viernes en la semifinal ante los franceses Tsonga y Llodra, repitieron su papel ante los teloneros de aquellos, Gasquet y Benneteau, y se quedaron hasta sin bronce. Un decepcionante broche al mal torneo de todos los españoles, de la derrota instantánea, a la primera, de Verdasco, a la inesperada de Ferrer ante Nishikori en octavos. No fue el tenis la única disciplina a las puertas de medalla. Un peldaño atrás, la tiradora Fátima Gálvez y el marchador Miguel Ángel López fueron quintos.

Bolt toma el relevo de Phelps, el hombre que ha marcado un antes y un después en la piscina y en el deporte

Con el estadio olímpico otra vez abarrotado, el público expresó su admiración por el sudafricano Óscar Pistorius, con prótesis de titanio en las piernas, y clasificado para las semifinales de hoy de 400 metros (21.40). Y, cómo no, quedó rendido ante el aperitivo de Usain Bolt, que hoy puede engordar su leyenda en la esperadísima final de 100 (22.50). El jamaicano toma el relevo del gran Michael Phelps, que ayer se despidió de la natación con 22 medallas colgadas del pecho tras el oro conseguido con EEUU en el relevo de 4x100 estilos. La mejor despedida al hombre que marca un antes y un después no solo en la piscina, sino en el deporte.

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