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Plata histórica

Mireia Belmonte bate el récord nacional (2m05s25) y termina segunda una fantástica final de 200m mariposa

Primera medalla de una nadadora nacida en España

Belmonte enseña su medalla de plata. Efe

La ansiedad era el peor enemigo de Mireia Belmonte. Pero ayer, al caer la tarde, se deshizo de la opresión en el pecho, de los terrores escénicos, en la prueba que menos le dejaba pensar. La más fugaz. La carrera que menos se acomodaba a sus condiciones físicas. Lo confesó el martes ella misma. “Lo veo crudo”, dijo. Lo vio tan difícil que simplemente se dejó llevar sin más planes que fundir todas sus reservas en un esfuerzo sostenido de dos minutos. Un relámpago de brazos, espuma, y violentas ondulaciones de cadera. Cuando acabó la tormenta levantó los ojos y vio dos lucecitas brillando en su poyete. Eran las señales que indicaban que había ganado la plata. La primera medalla española en los Juegos de Londres y la primera medalla que consigue una mujer nacida en España en la historia de la natación olímpica.

“Salí al cien por cien”, explicó, al salir del agua, todavía sin saber muy bien cómo organizar sus pensamientos. “Entré muy confiada. Y ya está. Entré a darlo todo y en el último cincuenta he explotado lo que me quedaba de fuerza. Cuando toqué supe que la china había sido primera así es que lo primero que miré es la luz del poyete que señala que has hecho podio, para ver si estaba segunda o tercera. ¡Y salió bien!”.

Mireia llevaba años entrenando la aceleración. En las grandes pruebas internacionales, desde los Juegos de 2008 pasando por los Mundiales de 2009 y 2011, solía acabar las pruebas cortas bien, pero comenzaba a imprimirles ritmo demasiado tarde, a veces por temor a quedarse sin combustible antes de regresar. Esto conducía a la nadadora a meterse en harina cuando las demás rivales se le habían alejado lo suficiente como para que le resultase imposible recuperar los metros perdidos. Manejar el control de la energía es la habilidad más complicada de los nadadores. Fred Vergnoux, el director técnico del Club Natación Sabadell, donde se entrena, lo explicó antes de la competición: “Mireia debe empezar más rápido en todas las pruebas. Es un cambio. Es utilizar un poco más la velocidad que tiene. La fuerza, ahora que tiene un poco más de fuerza. Debe ser capaz de hacerlo. Y cambiar un poco el método de nadar”.

Entré a darlo todo y en el último 50 exploté lo que me quedaba de fuerza"

Mireia Belmonte

“En Shanghái”, prosiguió Vergnoux, “el último 50 del 400 estilos fue el más rápido de toda la final pero terminó cuarta. Esto es un cambio que intentamos estimular en el entreno con trabajos específicos y también cambiando la forma de nadar. El objetivo es hacer el primer 50 lo más rápido que pueda. Todavía creo que puede empezar mucho más fuerte”.

Mireia sabía que tendría dos chinas supersónicas a sus costados. A la derecha, la campeona olímpica de 2008 y plusmarquista mundial, Liu Zige. A la izquierda, la nueva perla, Liuyang Jiao. De modo que la referencia estaba clara. Seguir a las chinas. “La táctica ha sido ir palante”, comentó la española. “No tener miedo y no perder el contacto con las primeras. Nada más. En el último viraje me he visto primera pero sabía que la china me iba a coger. Lo he dado todo”.

Lo primero que miré es la luz del poyete que señala que has hecho podio, para ver si estaba segunda o tercera. ¡Y salió bien!"

Mireia Belmonte

La española salió como una lancha con motor fuera de borda. Deslizándose sobre el agua como un pez volador, a golpe de brazos, patadas y abdomen. Cubrió el primer 50 en 28,32 segundos. Pasó en segunda posición, justo por detrás de Liu Zige. Hizo el segundo largo en 31,43s y se puso en cabeza. El tercero lo salvó en 32,16s y volvió verse primera. Le quedaba el regreso. Los últimos 50 metros. La parte más complicada. Lo hizo en 33,34s y batió el récord de España en un segundo: 2m05,25.

“En la mariposa es muy difícil ver a las demás porque solo puedes mirar a los laterales en los virajes”, recordó. “Sabía que si veía brazos delante de mí era que iba mal la cosa. Como no veía casi nadie he intuido que iba bien. En el último viraje me sentí primera pero sabía que la china me iba a coger”.

Mireia vio agua por todas partes. Buena señal. Este sentimiento de promisión debió darle fuerzas para lo peor. Mantenerse arriba. Evitar hundirse cuando se le acabara la energía y conseguir tocar a tiempo. Liu Zige, tal vez desconcertada ante la española, acabó última. Pero Jiao Liuyang avanzó con las turbinas a máxima potencia para atrapar el oro en 2m04,06s. Fue récord olímpico.

“Estos días me han servido para entrar en competición y quitarme ese miedo tan grande que tenía de nadar”, dijo Mireia, sonriente, con lágrimas en los ojos. “Antes del calentamiento estaba como un flan. Estaba nerviosa pero bien. Eran nervios buenos. El día de la final de 400 estilos estuve demasiado relajada quizá”.

El día de la final de los 400 estilos, su prueba ideal, quedó última. El día de la final de los 200 mariposa, con las peores perspectivas, prefirió pensar sólo en tirar palante. A toda velocidad. Hasta que se evaporara la última gota de energía. Cuando acabó todo habían dos luces esperándola. Una plata histórica.

800 m. libre, otra oportunidad

Esta mañana, Belmonte se ha colado en su tercera final en estos Juegos, al conseguir el segundo puesto en su serie con un tiempo de 8m25,26s. La final se disputará mañana a las 20.45 en el Centro Acuático; otra nueva oportunidad para la catalana de sumar una medalla.

Por su parte, Érica Villaécija, que también disputó esta categoría, no consiguió plaza para la final en su serie, tras quedar cuarta por detrás, entre otras, de la británica Rebecca Adlington, oro en Pekín 2008.

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