Los olímpicos líos del Twitter

Dos deportistas expulsados por sus comentarios racistas, críticas al fútbol… El COI establece unas pautas de control

Morganella, durante el partido ante Corea del Sur
Morganella, durante el partido ante Corea del SurPETER KLAUNZER (EFE)

Lo advirtió Sebastian Coe, presidente del Comité Organizador de los Juegos: “Twitter puede mermar las opciones de medalla”, que es tanto como avisar de que “en boca cerrada no entran moscas”. No ha transcurrido una semana de Juegos y ya hay dos atletas que han sido expulsados de la Villa por sus comentarios racistas en Twitter. El futbolista suizo Michel Morganella hizo las maletas ayer y siguió el triste camino de vuelta a casa de la atleta griega de triple salto Paraskevi Papachristou. Uno y otra no habían sido capaces de mantener esa boca cerrada y de ella habían salido sapos y culebras contra coreanos y africanos.

El último caso, el de Morganella, combina el mal gusto con el racismo y el mal perder. Apenas horas después de caer ante Corea del Sur (2-1) en el segundo partido de la competición, al lateral suizo de la cresta mohicana no se le ocurrió otra cosa que soltar lo siguiente: “¡Voy a dar una paliza a todos los coreanos del sur! Menudos retrasados mentales”. El comentario fue borrado de su cuenta de Twitter y hoy esa cuenta ya no existe. Pero más que nunca, en la plaza pública de la red global uno es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras. Eliminar el comentario no acaba con el desaguisado, así que Gian Gilli, el avergonzado jefe de la delegación helvética, lo envió a Suiza sin poner paños calientes: “Ha discriminado, insultado y violado la dignidad del equipo de fútbol de Corea del Sur y del pueblo coreano”.

¡Voy a dar una paliza a todos los coreanos del sur! Menudos retrasados mentales” Michel Morganella, jugador de la selección suiza de fútbol
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140 caracteres de sentido común

Papachristou no llegó ni a competir. “Con tantos africanos en Grecia… los mosquitos del oeste del Nilo comen por lo menos comida casera”, escribió la atleta griega en su cuenta de Twitter el pasado 25 de julio. La supuesta broma incendió la red y al Comité Olímpico Griego no le quedó otra que acabar con el mal de raíz con palabras parecidas a las de Gian Gilli. “No mostró ningún respeto por los valores olímpicos”, declaró Isidoros Kouvelos, secretario general del Comité Olímpico Griego. Papachristou se disculpó después con palabras sentidas: “Estoy muy avergonzada y apesadumbrada (…) Mi sueño está vinculado a los Juegos Olímpicos y no podría participar si no respetara esos valores”. Ya no se puede decir “yo no he sido”, pero sí “yo no quise”. Desde el 25 de julio no ha vuelto a publicar comentarios.

El Comité Olímpico Internacional no prohíbe, desde luego, que se utilicen las redes sociales, pero sí ha establecido unas pautas. “Las publicaciones, blogs y tuits deben en todo momento cumplir con el espíritu olímpico y principios fundamentales del Olimpismo que figuran en la Carta Olímpica, ser dignos y de buen gusto, y no contener palabras o imágenes vulgares u obscenas”. Pero hay otras normas que, más que al espíritu deportivo, se ajustan a criterios de seguridad o se guían por el interés comercial. Los deportistas no pueden comentar su alimentación, no pueden subir a Youtube vídeos tomados desde la Villa Olímpica, y les está prohibido asumir un rol periodístico en las redes sociales, de modo que todo comentario debe realizarse en primera persona. Diarios personales, sí; deportistas reconvertidos en periodistas, no. Los olímpicos “no deben informar sobre la competencia o comentar sobre las actividades de otros participantes”, y al fondo subyace la preocupación por el uso que de esta información puedan hacer los apostadores profesionales.

El COI pide que los blogs y los tuits respeten el espíritu olímpico y sean "dignos y de buen gusto"

Al final, cada comité es responsable del comportamiento de sus deportistas, y la decisión de restringir el uso de las redes sociales la toma, finalmente, el equipo nacional. El comité italiano lo prohibió. El británico lo permite, pero antes de que comenzaran los Juegos tuvo que lidiar con una espinosa conversación entre Dai Greene, capitán de su equipo de atletismo, y su compañero Martyn Rooney: -“¡Oh, no! Instagram [el programa que sube fotos al sitio] cayó, ¿cómo voy a expresar mi belleza interior cambiando el filtro de una imagen de un atardecer?... Es un chiste, me encanta #Instagram”, escribió Rooney. - “Tuit más gay del día”, respondió Greene. El capitán fue advertido de que debe usar las redes con “cuidado y responsabilidad”.

La delegación española es permisiva. La cuestión fue objeto de debate en la última Eurocopa y Del Bosque admitió a regañadientes que los jugadores españoles utilizaran las redes sociales. Ayer, cuando aún coleaban las protestas al colegiado del partido en que se consumó la eliminación de la selección española de fútbol, el triatleta Javier Gómez Noya escribió: “No creo que el fútbol deba ser olímpico: no compiten los mejores y ese rollo de tratar de engañar al árbitro, tirarse, protestar...No en JJOO!”. Después llegaron los matices en su blog personal, donde Gómez Noya se quejó de que sus palabras se habían sacado de contexto por haber mentado al fútbol.

Probablemente, se sabía que esto iba a ocurrir, y se sabe que seguirá ocurriendo. En los Juegos, donde compiten más de 10.000 atletas, muchos de los cuales escriben a diario en blogs, Facebook o Twitter, siempre habrá quien se equivoque. Seguramente todo eso lo advirtió Coe, que antes de que empezaran los Juegos pidió a los deportistas que se concentraran: “Si un atleta busca defender su título de campeón olímpico, no tendría que pensar en leer su cuenta de Twitter”. Es cuestión de concentrarse en competir pero, sobre todo, de sentido común. Seguramente Papachristou y Morganella suscribirán ahora las palabras de Groucho Marx que ya son parte de la sabiduría popular: “Es mejor estar callado y parecer tonto, que hablar y despejar las dudas definitivamente”.

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