Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Media hora para enmarcar

España destroza a Serbia (26-21) en una segunda parte sensacional, que cierra con un parcial para la historia: 16 a 7

Maqueda lanza ante la oposición de dos jugadores serbios Ampliar foto
Maqueda lanza ante la oposición de dos jugadores serbios EFE

España se fue al descanso perdiendo contra Serbia por 10-14 porque se olvidó de lo que es, un equipo, y no supo atacar. Pero terminó ganando por 26-21 tras media hora para enmarcar, después de un parcial increíble: 16-7. Una segunda parte que algún día deberá servir de ejemplo para los niños que este verano han pasado unos días en alguno de los muchos campus que se convocan en España.

España no tiene sentido si no funciona como equipo y eso fue, con mayúsculas, en el segundo tiempo. La selección, que busca una final que no ha catado en unos Juegos, solventó con una lección de balonmano lo que fue una primera parte para olvidar, marcada, sin duda, por la lesión de su portero, Sterbik, duda para el próximo partido por un problema en los gemelos que le obligó a dejar el campo a los 10 minutos de partido. Los médicos son optimistas y el jugador también, pensando en lo mucho que le queda por pelear al combinado español, pero no vendría nada mal que el seleccionador, Valero Rivera, empezara a tener un poco de suerte.

ESPAÑA, 26; SERBIA, 21

España: Sterbik; Rocas (3p), Maqueda (4), Guardiola (1), Morros (1), Raúl Entrerríos (2) y Ugalde (4) -equipo inicial- Hombrados (ps), Gurbindo (1), Víctor Tomás (4), Aguirrezabalaga (-), Sarmiento (4), Aginagalde (2) y Cañellas (-)

Serbia: Stanic; Prodanovic (2), Vujin (2), Manojlovic (-), Ilic (7, 1p), Nikcevic (3) y Toskic (2) -equipo inicial- Marjanac (ps), Markovic (-), Rnic (1), Beljanski (-), Vuckovic (-), Cutura (-) y Stankovic (4)

Marcador cada cinco minutos: 2-2, 4-3, 6-6, 8-7, 8-11 y 10-14 (Descanso) 12-15, 15-16, 16-17, 18-20, 24-20 y 26-21 (Final)

Árbitros: Abrahamsen y Kristiansen (NOR). Excluyeron por dos minutos a Morros, Víctor Tomás, Maqueda y Guardiola (2) por España; y a Prodanovic (2), Beljanski y Manojlovic por Serbia.

Tras una primera parte que no auguraba nada bueno, Rivera se echó a la cara a sus jugadores en el descanso y les instó a tirar de orgullo y compañerismo para recuperar su esencia y les pidió que fueran más que nunca lo que son, es decir, un equipo. Y eso sucedió. España, que fue machacada por el poder en el tiro exterior de Ilic y Stankovic, se fue a la caseta magullada, pero reapareció resplandeciente, combativa y orgullosa hasta aplastar a esos serbios de acero contra los que había chocado.

A partir de una defensa tremendamente agresiva —empezaban en 5-1 y terminaba prácticamente con un 3-3, intensos y rápidos en la anticipación a más no poder— para combatir el potencial de los martillos serbios, España se ganó el balón mordiendo hasta robarlo en ocho ocasiones, lo que le permitió correr para remontar y, finalmente, para destrozar al conjunto balcánico, incapaz de dar respuesta a un equipo que jugó media hora maravillosa. Esa esencia de grupo permitió defender muy bien y atacar mejor, en parte porque Rivera se sacó un conejo de su chistera sin fondo. La variación táctica en el ataque por la que optó el seleccionador amargó la vida a Stanic, al otro lado del parqué de la Caja de Cobre, y terminó siendo decisiva.

El primer tiempo estuvo marcado por la temprana lesión de Sterbik, uno de los porteros españoles

Consciente de que Serbia pudo correr en el primer tiempo porque España, con poco tiro exterior, no supo atacar suficientemente bien en estático, Rivera ordenó abrir el campo por los extremos a Ugalde y Tomás, atacó con dos centrales —Aginagalde, Moros, Sarmiento, todos arrimaron el hombro— y en 10 minutos igualó el partido, con un parcial de 5-2.

Emergió entonces la enorme figura del capitán, Hombrados, luz y guía de este grupo, que mostró para qué sirve el talento y la experiencia que le dan los 40 años. Ese al que llaman Jota, ese que siempre está cuando se le necesita, no paró ninguno de los 10 remates de los serbios en el primer tiempo, frío, sin apenas haber podido calentarse tras tener que sustituir a su amigo Sterbik, pero cambió el signo del duelo con, al menos, tres intervenciones fundamentales en la segunda parte, mejorando su estadística en un 20%. A partir de la defensa y de ese acierto del capitán, voló España, en especial Tomás, agresivo atrás y letal en el contragolpe, con cuatro goles de cuatro intentos.

Serbia sucumbió a la maravillosa media hora del balonmano español en su estreno olímpico en Londres, seguramente la mejor segunda parte de la era de Rivera al frente del equipo, que se medirá el martes a Dinamarca, precisamente la actual campeona de Europa.

Puedes seguir Deportes de EL PAÍS en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.

Más información