Los maquis del Grand Colombier

Nibali practica el desgaste psicológico atacando a Wiggins en el descenso del primer gran puerto

Devenyns, a la izquierda, Voeckler y Luis León Sánchez, en la ascensión al Col de Richemond.
Devenyns, a la izquierda, Voeckler y Luis León Sánchez, en la ascensión al Col de Richemond.Christophe Ena (AP)

En el Ain, tierra de maquis pegada a los Alpes, se alza el Grand Colombier, un puerto de otro tiempo. Casi 18 kilómetros al 7,1%. Una escalera irregular, tramos casi en descenso, tramos más largos a más del 12%. El primer Hors Catégorie del Tour, y su descenso. Asfalto bacheado de calidades y lisuras varias, curvas contraperaltadas, largas rectas para pedalear a toda máquina. El lugar en el que no está permitido dudar, temblar, mirar para otro lado. El lugar de la emboscada.

Habla Roberto Amadio en la salida y habla como el estratega de una cuadrilla del maquis, de un grupo de resistencia que se prepara para una larga batalla que se ganará no en un día sino día a día, una guerra de desgaste. “Les he dicho a mis chicos, a Nibali”, dice el director del Liquigas, “que hay que intentarlo todos los días, que tiene que intentarlo bajando, pero no porque vaya a ganar el Tour en un descenso, sino para machacarle psicológicamente a Wiggins, para que sepa que para ganar el Tour va a tener que arriesgar, para que por las noches se despierte con pesadillas, Nibali atacando otra vez, otra vez a lanzarse en el descenso, para que no duerma, para…” Así, entonces, una pesadilla, era para Indurain Chiappucci, el ciclista que no medía sus ataques, el corredor que rompía todas las lógicas, el hombre que se pasó toda su carrera intentando arrancar de la cara del navarro la máscara de la impasibilidad y que nunca supo si alguna vez lo había logrado, si en las pesadillas de Indurain aparecía un diablo soltando rayos en el primer kilómetro de cada etapa.

“Tendrán que hacer algo más para que perdamos la calma”,aseguran en el Sky

Wiggins podría ser Indurain, pero Nibali no es Chiappucci. Nibali, el Escualo de Messina, es siglo XXI, ataques calculados, medidos, programados. En la fuga de 25 que se formó antes de la llegada de los puertos, entró Sagan, que le ayudó salvajemente, qué fuerza, qué ánimo, cuando Nibali se fue solo bajando el Grand Colombier y llegó a tener una ventaja de más de un minuto en la ascensión del tercera, el último col, el Richemond. Quedaban aún 25 kilómetros para la meta. Fue todo el apoyo que recibió. Aparte de Sagan, Nibali actuó solo. Evans, quien tan bien baja, se quedó a la rueda de Wiggins, quien nunca se quedó solo, porque Wiggins siempre está con su equipo, su ejército. A Wiggins le guió Porte subiendo y bajando, y el australiano se bastó para mantener a tiro siempre a Nibali, para que su jefe en ningún momento perdiera la calma, pese al tiempo perdido, pese a que Evans buscara el desgaste psicológico con la vieja táctica del agobio pegajoso de la mosca cojonera, de estar todo el día al lado del enemigo, disputándole el oxígeno, el espacio vital. “Ni ha parpadeado en todo el día”, dijo, admirado, Haimar Zubeldia, quien en la última parte de la etapa debió trabajar junto a sus compañeros del RadioShack para echar una mano al Sky en el control del ataque del incansable Van den Broeck (este sí que se parece más a Chiappucci), que amenazaba los puestos en la general del guipuzcoano y su compañero Monfort.

Van den Broeck, en tierra de nadie, aventajó en 32s al grupo de Wiggins y demás favoritos, pero tampoco llegó a amenazar la victoria de etapa al grupo de fugados entre los que se impuso Thomas Voeckler, el francés que empezó el Tour lesionado y rodeado de una polémica dopante y ha ido ganando fuerzas y chispa.

“Habría sido aburrido el día sin ataques”, dijo Wiggins. Y su jefe, David Brailsford, añadió: “Tendrán que hacer algo más para que perdamos la calma”. Quizás Nibali no le quite el sueño aún a Wiggins (nunca se sabe: la fuerza del maquis es la tenacidad, la constancia, la fuerza ante el desaliento), pero otro asunto sí que parece tocar su fibra nerviosa: su posición ante el dopaje. “No es justo que me obliguéis a justificarme todos los días”, respondió a un periodista que le preguntó por el asunto a la luz del caso Di Gregorio. “Soy triple campeón olímpico, seis veces campeón mundial, he sido cuarto en un Tour y tercero en una Vuelta, no soy un llegado de ninguna parte. He pasado decenas de controles. ¿Qué más tengo que hacer?”.

Prólogo: Las variaciones Cancellara

Primera etapa: Los domingos generosos

Segunda etapa: Contra la melancolía, Cavendish

Tercera etapa: La construcción del personaje Sagan

Cuarta etapa: ¿Será Greipel el bosón de Higgs?

Quinta etapa: Y una montaña en San Quintín

Sexta etapa: Una guerra de guerrillas

Séptima etapa: El 'nuevo ciclismo' toma el poder

Octava etapa: Wiggins y sus 'enemigos'

Novena etapa: Wiggins, un Indurain muy locuaz

Cancellara, que va a ser padre de nuevo, se retira del Tour

AFP

El ciclista  Fabian Cancellara (RadioShack) se retira del Tour de Francia para acompañar a su mujer durante el parto de su segundo hijo. El suizo no ha tomado la salida en Albertville de la undécima etapa para viajar a Berna y reunirse con su esposa.

El vencedor del prólogo y maillot amarillo durante una semana ha señalado en un comunicado : "La decisión de irse a casa es más difícil de lo que podría imaginarse pero no solo soy un ciclista, también soy un esposo y un padre con un segundo niño que va a nacer y quiero estar junto a Stefanie"

Cancellara volverá a la competición en los Juegos Olímpicos de Londres para defender el oro que ganó en Pekín en la prueba de contrarreloj.

Sobre la firma

Carlos Arribas

Periodista de EL PAÍS desde 1990. Cubre regularmente los Juegos Olímpicos, las principales competiciones de ciclismo y atletismo y las noticias de dopaje.

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