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FÚTBOL | PRIMERA DIVISIÓN

Tito asume el legado de Guardiola

El ayudante del entrenador se presenta como la mejor solución institucional para el Barça

Messi abraza a Guardiola antes del entrenamiento de ayer
Messi abraza a Guardiola antes del entrenamiento de ayer AFP

Tito Vilanova sustituirá a Pep Guardiola. Así, a bote pronto, puede parecer una decisión provisional o difícil de interpretar, sobre todo por parte de quienes miran desde fuera al Barcelona y entienden que el fútbol precisa soluciones grandilocuentes. Habrá hasta quien recuerde con chanza que Tito es Pito, el mismo al que José Mourinho, el entrenador del Madrid, metió el índice en el ojo durante el partido de vuelta de la pasada Supecopa de España, gesto inmortalizado en una pancarta en el Bernabéu: “Mou: tu dedo nos muestra el camino”. A efectos barcelonistas, en cambio, Francesc Tito Vilanova se presenta seguramente como la solución más inteligente para afrontar la transición que se impone por la renuncia de Guardiola.

Ni que sea por comparación con las respuestas que se dieron en situaciones anteriores igualmente delicadas, el club convirtió el funeral de su profeta más venerado en uno de los actos de mayor afirmación de la religión barcelonista. Asumió una de las decisiones más traumáticas de su historia, como la de aceptar la salida del técnico que más éxitos le ha dado en menos tiempo (13 títulos en cuatro años) y respondió con una solemne declaración institucional. La puesta en escena resultó tan rotunda como ha sido el mismo relato del guardiolismo. El mensaje fue clarividente: no se trata de sustituir a la persona, más que nada porque Guardiola no tiene clon, sino que se impone aplicar su legado, de manera que difícilmente puede haber mejor sustituto que su ayudante.

Así las cosas, nadie pensará que Guardiola está instigando contra el entrenador para volver al banquillo. A Tito se le respeta y se ha ganado el derecho a sustituir a su mejor amigo. No se podrá acusar al presidente, Sandro Rosell, de haber aguardado dos años su partida para poder ejercer de secretario técnico, como cuando fichó a Ronaldinho en tiempos de Joan Laporta. Y se valorará la función del director deportivo, a veces ninguneado por el dejar hacer de Rosell y a menudo solapado por el intervencionismo de Guardiola. Andoni Zubizarreta estuvo ayer lúcido: “¿Por qué Tito? Representa el trabajo, la idea, el análisis. A menudo nos decimos que, cuando necesitamos a un jugador, miramos hacia abajo. Así que, cuando precisamos de un entrenador, ¿por qué no vamos a mirar lo que tenemos en casa? Me comentó Guardiola que lo importante es la idea, el principio y el juego. Y quien puede representar tales conceptos es Tito. También recuerdo que Pep afirmó cuando tomó posesión: ‘No os preocupéis Irá bien. Y ahora pienso que también irá bien”.

Zubizarreta ha tratado desde noviembre de que Guardiola reconsiderara su decisión de abandonar el Barcelona de la misma manera que ha laborado para tener preparado el sustituto. La trascendencia del entrenador exigía que no se demorara el relevo para evitar el desgaste de la entidad y el director deportivo no tardó ni un minuto en anunciar el nombre del nuevo técnico.

La función de Zubizarreta quedó avalada por Rosell, que estuvo tan preciso en el grueso de su discurso como equívoco en la anécdota, cuando se refirió a que los Reyes le habían traído carbón cuando pidió la renovación de Guardiola. “Gracias, Pep, por la felicidad que nos has dado”, afirmó tras felicitarse por “la maduración” del barcelonismo, expresado en el comportamiento del público ante el Madrid y el Chelsea.

No se trata de sustituir a la persona porque Guardiola no tiene clon, sino que se impone aplicar su idea, de manera que difícilmente puede haber mejor sustituto que su ayudante

Rosell ha aceptado la propuesta de Zubizarreta y respetado la voluntad de Guardiola. Ningún familiar, ni siquiera Tito, consiguió que Guardiola reconsiderara la decisión que tomó a finales de 2011, cuando decidió que la actual sería su última temporada por “el desgaste del tiempo” y no por cobardía. “Me he vaciado. Necesito llenarme, tomar distanciamiento”, repitió en una declaración parecida a la de abril de 2001, cuando se despidió como futbolista; “no tengáis miedo, espero lo mejor de Tito”.

Aunque la incertidumbre que ha rodeado la continuidad de Guardiola podía convertirse en un culebrón, Tito se presenta como la mejor salida. Ha sido también la solución menos dolorosa para los futbolistas, sobre todo para los capitanes y Messi, ausente destacado en el acto de ayer, siempre protagonista. Al nuevo entrenador le corresponderá decidir sobre el papel de La Pulga y la necesidad de que el equipo vuelva a los orígenes o se reinvente tras evolucionar hasta extremos universalmente reconocidos. La obra de Guardiola trasciende al Barça y, una vez acabada, se impone aceptar su renuncia en el club.

Ahora se trata de gestionar su legado sin pretender ejercer sus mismas funciones. Guardiola era la mejor síntesis y expresión del Barça. A Tito le ahora tocará ser el entrenador, de la misma manera que Zubizarreta ejerce de director deportivo y Rosell de presidente. Hay que repartirse los papeles a partir de un credo inequívoco. Guardiola consiguió la catarsis momentánea en el Barça. El reto es demostrar que su ideario funciona sin su presencia.

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