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Özil se echa el Madrid a la espalda

Mourinho ha albergado dudas sobre las prestaciones del alemán ante rivales de peso, pero en Múnich cuajó la actuación por la que sus compañeros le consideran el más sutil y artista

Özil marca tras un pase de Cristiano Ampliar foto
Özil marca tras un pase de Cristiano REUTERS

La atmósfera húmeda del Allianz Arena se cargó de humo de asado de salchichas y la cerveza encendió los corazones de la muchedumbre, que colgó sus pancartas distintivas en los anillos que circundan la portería del Oeste. Procedían de lugares como Südwestpfaz, Hallertau, Stiepel, Allenstadt, Dürrenwald, Grossheide, Nabburg o Weissenfels. Entre todos los topónimos germanos chirriaba una señal en español, La Bestia Negra, que no era un topónimo, sino una afirmación rotunda. La afición del Bayern se ufanaba de la tasa de resultados favorables a su equipo en campo propio: de nueve partidos, el Madrid no había ganado ninguno. Aunque las leyendas deben confirmarse en el campo, lo cierto es que, de algún modo, pesan en la conciencia de los jugadores. Múnich exige que los visitantes no solo tengan categoría futbolística. Es imposible salir con vida de la guarida del Bayern sin una importante cuota de ingenio y temple para actuar bajo presión. Todo esto tuvo Özil, convertido desde el primer minuto en el jugador más resolutivo del Madrid. 

Consciente de que el Bayern no tenía centrales capaces de salir jugando con el balón, José Mourinho mandó a sus futbolistas a presionar en campo contrario. Eso hicieron durante los primeros minutos. Se metieron nueve en terreno adversario y sembraron el desconcierto. Di María y Özil, intercambiando posiciones por todo el frente de ataque, resultaron indetectables para Luiz Gustavo, Alaba y Lahm. No habían transcurrido cinco minutos cuando Xabi Alonso cogió el balón y lo jugó para Özil, que lo recibió de espaldas, pero ya se sabía el destino del cuero. Lo tocó una vez y dejó solo a Benzema delante de Neuer. El francés remató al primer palo y el portero desvió el tiro por encima del larguero.

Corrió como el técnico quiere que lo haga, pero pensando, con sangre fría

Özil desplegó todas sus habilidades en Múnich. Hizo la clase de actuación por la que sus compañeros le consideran el más impredecible de todos. El más coordinado. El más sutil. El más artista. Dio un paso al frente cuando el Madrid jugó bien y cuando jugó mal. Porque, según transcurrieron los minutos, el equipo español comenzó a desplegarse con más timidez. Mourinho, en la banda, animó a tomar precauciones para evitar pérdidas en zonas sensibles a los contragolpes de Ribéry.

Desde el clásico de noviembre contra el Barça, Mourinho ha albergado dudas sobre la fiabilidad de Özil ante rivales de peso. Le cuestiona su falta de vocación defensiva y ha dudado entre darle la titularidad o alinear a otro jugador con más capacidad de marcaje junto a Alonso y Khedira. Eso hizo en la segunda parte al cambiar al alemán por Marcelo en la primera de las sustituciones. La instauración del trivote acabó con la exhibición.

Al ser cambiado por Marcelo, el ‘trivote’ acabó con la exhibición 

Antes del cambio, a Özil le dio tiempo de igualar la eliminatoria. Con el 1-0 en contra, Alonso inició una jugada al contragolpe con Di María. El argentino abrió para Cristiano, que no consiguió batir a Neuer. El balón, rebotado, propició la segunda acción, en la que Cristiano buscó la línea de fondo para que Özil culminara con el gol del empate. Fue una aparición sigilosa, de nuevo imprevista para la defensa del Bayern, sobrepasada por las llegadas de los atacantes madridistas desde la segunda línea y al segundo palo.

El partido de Özil confirma su magnífica progresión. Durante su primer año en el Madrid, se mostró tímido en campo contrario. Desaparecía del radar de sus propios compañeros. Se mostraba intermitente, cuando no inseguro, ante la competencia de Kaká. No fue el caso en Alemania, adonde llegó dando muestras de agotamiento. El modo de jugar del Madrid, excesivamente directo para su gusto, le obliga a esfuerzos a los que no ha estado acostumbrado.

Özil corrió como nunca en Múnich. Corrió para ayudar a sus compañeros a defenderse, para presionar a los contrarios y para ofrecerse en cada maniobra. Corrió como quiere Mourinho y también tuvo la sangre fría de dejar de hacerlo cuando correspondía. Entonces, mientras los demás siguieron corriendo, él se dedicó a pensar, a poner la pausa y a congelar al Allianz Arena. Mientras él estuvo en el campo, el Madrid fue virtualmente finalista.

 

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