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Nico Rosberg ya tiene su propia historia

El piloto, forjado bajo la influencia de su padre Keke, campeón mundial en 1982, abre su camino con la victoria en China

Rosberg, aupado por su equipo.
Rosberg, aupado por su equipo. AP

A los 26 años, Nico Rosberg inicia su propia leyenda. Hasta el mismo momento en que ganó el Gran Premio de China de F-1, seguía siendo el hijo de Keke. No le resultó fácil librarse de la influencia de un padre que fue campeón del Mundo en 1982 con Williams, implicado a fondo en la carrera de su hijo. Tuvo que ser muy fuerte psicológicamente para no sucumbir a las presiones que le generaban las constantes comparaciones con su progenitor. “No llegará”, decían los más atrevidos. “No es tan bueno como su padre”. Pero ganando la primera carrera de su vida en la F-1 y ofreciendo a Mercedes la primera victoria desde la de Juan Manuel Fangio en 1955 en Monza, este chico rubio, educado y que domina cinco idiomas –entre ellos el español- rompe los lazos con el pasado y abre la puerta a un futuro esperanzador.

La calidad de Nico Rosberg quedó patente en todas las categorías en las que participó. Es un campeón y lo demostró desde que inició su carrera en los karts y se impuso en el campeonato americano en 1998. En 2000 compitió en la categoría A de Karts en el Europeo y concluyó segundo por detrás de un chico que, ya entonces, recibía el apoyo de McLaren, Lewis Hamilton. Probablemente, ni el uno ni el otro eran los mejores de su categoría, pero corrían con los mejores karts. Y entonces, Keke Rosberg lanzó una profecía que se cumplió a rajatabla. “De todos los que están aquí, solo Hamilton y Nico llegarán a la F-1”, sentenció. “El primero, porque tiene el apoyo de Ron Dennis; y el segundo, porque es mi hijo”.

“No llegará”, decían los más atrevidos; “No es tan bueno como su padre”

Su afirmación tenía una base. Sin dinero es imposible sobresalir en un mundo tan caro y exigente como el del automovilismo. Y ellos dos lo tenían. Rosberg prosiguió su camino en la F-BMW, en 2002, donde ganó el campeonato de Alemania, con nueve victorias y una ventaja de 81 puntos sobre el segundo clasificado. Estaba en el mejor equipo. Pero, aun así debía ganar y supo hacerlo. Aquello le valió un reconocimiento especial por parte de Frank Williams, que le subió al Williams-BMW para realizarle la primera prueba en un monoplaza de F-1, el 3 de diciembre de aquel mismo año, en el circuito de Montmeló.

¿Fue merecido? Probablemente, otros pilotos se lo habían ganado tanto como él. Pero ahí pesó la incidencia de Keke y su amistad con el patrón de Williams. En 2005, Nico era ya el tercer piloto de Williams y seguía compitiendo en la GP2. Luchó hasta el final del campeonato con Heiki Kovalainen y le superó con victorias en las últimas carreras, convirtiéndose en el campeón que ha logrado más puntos en la historia de la GP2: 120. Un año después, el título sería para Hamilton. Y los dos saltaron directos a la F-1, justo una temporada después de su exitoso paso por la GP2.

El debut de Nico Rosberg se produjo en el Gran Premio de Australia de 2006, donde concluyó séptimo. Un resultado sorprendente y tan inesperado como la tercera posición en la parrilla de salida que ocupó en el GP de Malasia en la siguiente carrera. Sin embargo, los problemas de Williams tras separarse de BMW y recuperar los viejos motores Cosworth se hicieron patentes. En los cuatro años que corrió para Frank Williams, Nico subió dos veces al podio. Pero aquella experiencia le serviría después, cuando en 2010 fichó por la recién creada escudería Mercedes, que quiso componer un equipo totalmente alemán, con Rosberg y recuperando a Michael Schumacher.

El reto de luchar con el heptacampeón mundial era de una envergadura psicológica importante

El reto de luchar con el heptacampeón mundial era de una envergadura psicológica importante. Pero Rosberg no se amilanó. Al contrario. En 2010 fue mejor que su compañero de equipo 14 veces en 19 carreras. Y en 2011, pese a las quejas de Schumacher para que reglaran el coche a su conveniencia, Rosberg volvió a superarle 11 veces por siete del alemán. Así entraron en la temporada actual, en la que, por fin, parecían disponer de un coche capaz de luchar con los mejores. Schumacher parecía marcar el ritmo del equipo. Pero sus abandonos en Australia (caja de cambios) y en China (rueda mal fijada), dejaron el camino libre a Rosberg para demostrar su potencial: pole y victoria en Shanghai.

“Nada podría ir mejor. Estoy muy contento”, señaló un ilusionado Nico Rosberg. “Fue una gran carrera y es increíble comprobar lo rápido que hemos evolucionado. Sufrimos en las dos primeras carreras, pero realizamos algunos cambios y han funcionado. Me alegró por todo el equipo y espero que sigamos en esta línea”. Su leyenda comienza a crecer.

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