_
_
_
_

“A los 17 años me dediqué a todo menos al fútbol”

Roberto Soldado, que tras muchos tumbos se ha convertido en el niño bonito de Mestalla, se sincera en esta entrevista

Roberto Soldado, durante la entrevista
Roberto Soldado, durante la entrevistaJOSÉ JORDÁN

Parece un dandi Roberto Soldado (Valencia, 1985) esta mañana primaveral en Paterna, con el pañuelo verde asomándole por el bolsillo izquierdo de la chaqueta negra. Después de muchos tumbos en el Madrid, Osasuna y Getafe, su vuelta a casa, la temporada pasada, lo ha convertido en el segundo capitán del Valencia y en el niño bonito de Mestalla: suma 51 goles en 88 partidos en dos cursos, un promedio ligeramente superior por encuentro (0,58) al de su fabuloso antecesor (0,57), David Villa. Hoy visita el Bernabéu, donde no estará Albelda por decisión técnica.

Pregunta. Usted ganó una Liga con el Madrid en 2008.

Respuesta. Bueno, estuve... [solo jugó ocho partidos]. Con Schuster no tenía trato personal. No era cercano al jugador. Coincidí con Casillas, Ramos, Pepe, Marcelo, Arbeloa, que es amigo mío…

A Ronaldo lo miraba con los mismos ojos con los que los niños me miran a mí"

P. Y con su gran ídolo de la infancia, Ronaldo. ¿Lo desmitificó al conocerlo?

R. Al revés. Lo engrandecí cada día que me entrené con él. Lo admiraba desde sus tiempos del Barça. Cuando coincidía con él en el vestuario, lo miraba con los mismos ojos con los que los niños me miran ahora a mí. Se reservaba en los entrenamientos, pero en los partidos nadie definía como él.

P. En un duelo en Mestalla, las estadísticas mostraron que el portero Casillas había corrido más que él.

R. Sí, pero metió un gol ese día. No trabajaba, pero en el desmarque y en la velocidad era el mejor.

P. ¿Qué ve en los ojos de un niño aficionado?

R. Es lo más bonito de un futbolista: la alegría, la ilusión… No se creen lo que están viendo.

P. Para alguien que vive el partido con tanta intensidad. ¿Cómo se siente al acabarlo?

R. Con temblores en la cabeza, todavía escuchas el ruido del campo y le das muchas vueltas. Tumbado en la cama, estás todavía en el ambiente de estadio. Se te hace de madrugada. Además, soy de los que suele ver los partidos que he jugado, tanto si me va bien como si me va mal.

P. Tan tranquilo fuera del campo y tan agresivo dentro. Ante el Zaragoza a punto estuvo de ser expulsado. ¿No puede controlarse?

R. Antes lo era mucho más, intento corregirlo. Todavía no me han expulsado en el Valencia, toco madera [y se toca la cabeza]. No quiero dejar a mi equipo con 10.

Con Bernd Schuster no tenía ningún trato personal. No era cercano al jugador"

P. ¿No sabe perder?

R. Todos en nuestro interior nos queremos matar cuando perdemos. Hasta cuando juego al tenis con mi hermano, lo quiero ganar.

P. ¿Por qué es supersticioso?

R. Tengo algunas manías que intento repetir cuando me ha ido bien el partido. Me tranquiliza. La suerte influye, pero hay que buscarla con mucho esfuerzo.

P. ¿De pequeño ya tenía un disparo muy potente?

R. Sí, siempre estaba tirando contra las paredes del colegio, con el pantalón lleno de parches. La infancia se debe pasar jugando. Me gustaba ser portero, pero mi padre me dijo: “Ponte de delantero, que es donde está el dinero”.

P. ¿Recuerda el día en que, con 14 años, vino el Madrid a buscarlo?

R. Recuerdo el día en que mi padre me contó que un ojeador del Madrid había estado año y medio siguiéndome; y que Vicente del Bosque venía ese sábado para decidirlo. Me alegré, pero con algo de miedo. Nunca había ido a Madrid y el primer mes lo pasé fatal. Echaba de menos Valencia. Lo más bonito fue la amistad que hice con los compañeros que ahora están desperdigados por diferentes equipos.

P. ¿Y lo peor?

R. El tiempo fuera de la familia que no puedes recuperar.

P. A los 17 años tuvo un año peligroso.

R. Sí, estaba en el filial del Madrid y salí de la residencia para vivir en un piso compartido con Diego León [centrocampista que ahora está en el Nea Salamis Famagusta, de Chipre]. Quería vivir solo, pero no estaba preparado para independizarme. Me dediqué a todo menos al fútbol. Era joven, con dinero, y cada dos noches me iba de fiesta. Tardé casi cuatro meses en recuperarme de una lesión de tobillo. Intentaba disfrutar, pero no es lo que quiero. Gracias a mis padres pude reconducirme. Mi padre pidió una excedencia de dos años en su trabajo y vino con mi madre a vivir conmigo. Yo maduré, pasé al primer equipo, tenía compañeros responsables como Héctor Jiménez [ahora en el Roda, en Segunda B] y conocí a la que es ahora mi mujer. Todo eso me ayudó. Ahora hay noches que me gustaría salir con los amigos, claro, pero lo primero es mi familia y mi profesión. Ya podré disfrutar cuando me retiré.

P. ¿Por qué triunfó en Osasuna?

R. Por mi carácter. Salí del Madrid, que lo tiene todo, pero Osasuna era la realidad: allí están todos implicados, gentes humildes de la tierra que luchan por los objetivos. Jugamos, con Cuco Ziganda, la previa de la Champions frente al Hamburgo, fuimos décimos en la Liga, aprendí mucho.

P. Le convocó Luis Aragonés con España.

R. Tenía 21 años, pero sufrí mucho porque me retorcía de dolor por una lesión en el pubis que ya arrastraba de los últimos partidos con Osasuna.

P. Y volvió a la selección cinco años después, en el amistoso frente a Venezuela, con un triplete y un penalti fallado en 45 minutos.

R. Pasó de todo. Cuando juegas con centrocampistas con esa movilidad y ese pase, el beneficiado es el delantero. Del Bosque me dijo: “Aléjate de la jugada para crear espacios para los medios porque, al final, el balón te llegará”. Tuvo razón. España crea muchas ocasiones y yo soy un rematador.

Me gustaba ser portero, pero mi padre me dijo: Donde está el dinero es de delantero"

P. ¿Por qué remata casi siempre al primer palo y al primer toque?

R. Es instintivo. En el área hay que reaccionar con mucha rapidez. Hugo Sánchez marcó 38 goles una temporada al primer toque, ¿no?

P. ¿Se veía capaz de superar el promedio goleador de Villa en el Valencia?

R. No pensaba hacer los goles que estoy haciendo. Lo máximo habían sido los 20 goles en mi último año en el Getafe.

P. ¿A qué atribuye la crisis del Valencia en los últimos meses en la Liga?

R. El estilo es siempre el mismo y nos ha dado más beneficios que perjuicios. Por la confianza perdida, nos crean peligro con muy poco. Seguimos creando ocasiones, pero no estamos tan finos los de arriba. Cuando nos podemos por delante, nos ha faltado oficio. Carácter sí tenemos, salvo ante el Getafe: allí estuvimos apáticos y sin alma.

P. En el Madrid no juega Ramos, sancionado.

R. Mucho mejor para nosotros, aunque el Madrid tiene una plantilla muy amplia y un contraataque impresionante. Respecto a otros años, ha mejorado mucho en defensa y es muy difícil encontrarle los espacios. Es un equipo muy ordenado.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_