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FÚTBOL

Elogio de la paciencia

El Barça, fiel a su juego de toque, derrota a un vitalista Sporting (3-1) después de quedarse con un jugador menos

Aunque Guardiola ha dado la Liga por perdida, el Barça pelea cada partido como si fuera la final de Copa. El guion se repite a diario, desde hace poco también en el Camp Nou, escenario en el que antes goleaba al más fiero. A los azulgrana les cuesta marcar las diferencias, los colegiados intervienen en contra de sus intereses y los contrarios los desafían como cosacos. En cada jornada encuentran también los azulgrana, por tanto, una ocasión para reivindicar su fútbol, para que se escruten sus arbitrajes, para que los rivales se venzan. Todo es muy costoso, y más difícil aún sin Messi, todo es muy sufrido, todo lleva mucho tiempo, incluso la renovación de Guardiola. Todo tiene, sin embargo, su recompensa, y se celebró muy mucho ganar con nueve al Sporting.

BARCELONA, 3 – SPORTING, 1

Barcelona: Valdés; Alves, Piqué, Mascherano, Adriano; Xavi, Keita, Iniesta; Pedro (Tello, m. 59), Cesc (Alexis, m. 59) y Cuenca (Puyol, m. 81). No utilizados: Pinto; Puyol, Muniesa, Dos Santos y Sergi Roberto.

Sporting: Juan Pablo; Damián (Barral, m. 47), Orfila, Gálvez, Botía, Canella; André Castro, Cases, Mendy, Ayoze (Carmelo, m. 48); y De las Cuevas (Eguren, m. 75). No utilizados: Cuéllar; Gregory, Rivera y Trejo.

Goles: 1-0. M. 41. Iniesta. 1-1. M. 49. Barral. 2-1. M. 80. Keita. 3-1. M. 88. Xavi.

Árbitro: Velasco Carballo. Expulsó a Piqué con roja directa por derribar a De las Cuevas (m. 46), y amonestó a Ayoze, Canella, Iniesta, De las Cuevas, Xavi, Gálvez, Carmelo, Keita, Eguren, Barral y Alves.

Camp Nou. 72.442 espectadores.

El partido tuvo una sola dirección. Todos los caminos llevaban hasta Juan Pablo. Va el Sporting partido de la mano de Clemente. Había dicho el técnico vasco que para evitar el descenso necesitaban ocho victorias en 14 jornadas; ahora, en 13. La finalidad de la alineación era inmovilizar a Xavi, Iniesta y Cesc, que recibieron marcas individuales en la línea de medios. A falta de delanteros, los zagueros y centrocampistas rojiblancos mezclaban en cancha propia, para alargar las posesiones azulgrana que tanto detesta Clemente, fiel por otra parte a su declaración de intenciones nada más llegar al Camp Nou: “Haremos lo que podamos y después rezaremos”. No le alcanzó.

Ocurre que los monólogos azulgrana no siempre son efectivos y algún día han resultado incluso estériles. El equipo toca y toca, a veces para no llegar a ninguna parte, empeñado en alcanzar la meta contraria con la pelota atada al pie, más dispuesto a triangular y a tirar paredes que a buscar el tiro de media distancia. El Barça no tiene chutadores ni un ariete goleador que no necesite del juego colectivo para decidir partidos desagradables como el del Sporting. El ataque estático exige mucha paciencia y finura, demanda abrir muy bien el campo y precisa desequilibrio individual,  menguado por la ausencia del sancionado Messi.

Así las cosas, la afición se puso pronto de muy mal humor. Renegaba contra el árbitro, se quejaba del juego del Sporting y le reprochaba al Barça la obsesión por querer meter el gol de la jornada, por ser tan académico y empalagoso, en lugar de solucionar el encuentro por las bravas, como hacen los demás. El fútbol es así de sorprendente. El equipo actualmente más contracultural, el que mejor ha evolucionado el juego de ataque, no tenía respuestas ante el planteamiento más primitivo y conocido, el más antiguo y pragmático. A punto de alcanzar el descanso, el Barça apenas había tenido ocasiones, no pudo armar la pierna, pocas veces se ganó un metro para el tiro. Imposible encontrar un agujero, prisioneros los azulgrana de la red defensiva del Sporting.

El equipo más contractual no tenía respuestas ante un rival pragmático

Los azulgrana, sin embargo, insistían en su fútbol favorito, dale que te pego con el juego de salón. Hasta que se dio el gol: Adriano profundizó por la izquierda, se apoyó en Keita y centró para la llegada de Iniesta, que acompañaba la jugada como si fuera la Cenicienta. Un tanto marca de la casa, como manda el libro de estilo. No valen los de rebote, sino que deben ser bellos, serenos y exactos, como los de Kubala o los de Messi, cuyo rol asumió de forma excelente la segunda línea: Xavi, Keita y un genial Iniesta.

El partido parecía finiquitado en el minuto 40. Falsa impresión. El Sporting empató al poco de reanudarse el encuentro después que el colegiado expulsara a Piqué por tirar a De las Cuevas. La decisión pareció excesiva o al menos Velasco Carballo fue más severo con el Barça que con el plantel de Clemente. El técnico aprovechó la expulsión del central para sacar a un delantero como Barral, que nada más pisar el campo se anticipó a Valdés y embocó un centro preciso de Mendy: 1-1. El gol desmontó al Barça. Hasta Guardiola se paralizó mientras el Camp Nou se crispaba contra el colegiado, que se desentendió de cuanto pasaba en el área forastera. El árbitro no vio ni un penalti; la hinchada contó hasta tres.

El Sporting, viril y aplicado, se puso fiero y complicó el partido para el Barça, hasta que Keita colocó estupendamente en una escuadra un pase de Alexis. Un golazo del único volante que dispara desde la media luna. No había lugar, en cualquier caso, para el arrebato ni para perder los nervios, ni para cambiar de plan, sino para insistir en la estética y en el juego preciosista con coraje. A nadie le sorprendió que el tercer tanto fuera una preciosidad por el pase de Iniesta y el toque de Xavi sobre la salida de Juan Pablo.

No perdieron los azulgrana la delicadeza y en dos jugadas resolvieron un partido que tuvo mucho tiempo muerto y 12 minutos de posesión del Sporting, como anunció Clemente. Lesionado Alexis, el Barça defendió con nueve un resultado ganado tras un excelente ejercicio de paciencia y de sufrimiento. Aunque era un partido para desquiciarse, no se rindió el Barça, épico frente a la adversidad, a la espera de Messi y de que renueve Guardiola.

Medios que aparecen “a traición”

NADIA TRONCHONI

Hace apenas unos días, minutos después de imponerse al Valencia en el Camp Nou, Pep Guardiola, que no podía tener a Alves en su once y utilizó a Montoya, recordó que hace unos años ganó una final de la Liga de Campeones con teóricos suplentes: “No teníamos a Dani (Alves), ni a Márquez, ni a Abidal. Muchas veces cuando tenemos bajas recuerdo aquella final. Por eso tenemos la cantera y a unos jugadores tan fantásticos”, decía.

Sin Messi y sin Busquets, con Villa, Afellay y Thiago lesionados -se sumó Alexis a la lista de la enfermería, con una lesión muscular en los últimos minutos del partido-, el técnico se sacó de la chistera a otro nueve falso, Cesc, y echó mano de La Masia (con Cuenca o Tello de suplente), como manda su manual. Con Cesc desaparecido bajo la sombra de un inseparable Orfila, el protagonismo de los goles tuvo que recaer en la segunda línea, habitualmente fructífera en el Barça, muy oportuna ante el Sporting.

Así lo entendía Clemente, que reconoció que la ausencia de Messi, el mejor del campeonato, era una ventaja para el Sporting, pero añadió: “No está Messi, pero entonces llegan Iniesta, Keita, Xavi... Y siempre aparecen como a traición, con un poco más de distancia”. Desde esa distancia, alejado del área, ha sacado petróleo Xavi, con ocho goles en la Liga, los mismos que Alexis y solo uno menos que Cesc, que se sacrificó como única referencia en punta. Si bien desde la segunda línea llegaron los tres tantos, el que abrió el marcador, el primero de Iniesta en la Liga, y el que dio respiro a los azulgrana, un fabuloso golpeo de Keita que se coló por la escuadra y con el que también el africano se estrena como goleador.

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Sobre la firma

Ramon Besa
Redactor jefe de deportes en Barcelona. Licenciado en periodismo, doctor honoris causa por la Universitat de Vic y profesor de Blanquerna. Colaborador de la Cadena Ser y de Catalunya Ràdio. Anteriormente trabajó en El 9 Nou y el diari Avui. Medalla de bronce al mérito deportivo junto con José Sámano en 2013. Premio Vázquez Montalbán.

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