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La puntería se impone a la fe

El Valencia vence en Vallecas (1-2) por su mayor efectividad ante un Rayo sin tino en el remate

La pizarra de Unai Emery y la eficacia de su pelotón de delanteros le valieron al Valencia para cumplir el expediente ante un Rayo al que le sobró alma y le faltó puntería. En un partido áspero, que no sucio, con el físico y las triquiñuelas tácticas cortando cualquier innovación, el acierto de Jonas inclinó a los 20 minutos la balanza a favor del conjunto visitante, que sacó el máximo rendimiento a sus aproximaciones al área vallecana. El delantero brasileño convirtió una apertura de Mathieu hacia el interior aparentemente intrascendente en un zarpazo mortal para el cuadro de José Ramón Sandoval; Jonas le pegó desde fuera del área, con un derechazo ajustado al palo que le salió que ni pintado al brasileño. El gol sorprendió a Cobeño, no muy afortunado en la jugada, pero no anestesió al Rayo, que se resistió a tirar la toalla incluso cuando Tino Costa embocó una jugada a tres bandas.

RAYO, 1 - VALENCIA, 2

Rayo: Cobeño; Tito, Jordi, Arribas, Casado; Movilla (Trashorras, m.70), Javi Fuego; Lass, Michu, Piti (Botelho, m.64); y Delibasic (Tamudo, m.54).

Valencia: Alves; Barragán, Rami, Dealbert, Jordi Alba; Albelda, Tino Costa, Mathieu, Feghouli (Piatti, m.76); Jonás (Pablo, m.68) y Soldado (Aduriz, m.59).

Goles: 0-1: M.19 Jonas; 0-2: M.56 Tino Costa; 1-2: M.83 Tamudo.

Árbitro: Estrada Fernández (comité catalán). Amonestó a Javi Fuego del Rayo Vallecano, y a Albelda, Piatti, Jordi Alba y Diego Alves del Valencia.

10.100 espectadores en el Estadio de Vallecas.

Tres días después de firmar la mayor goleada de un equipo español en el formato actual de la Liga de Campeones, el Valencia mudó su lado más esplendoroso, con el que le hizo un siete al Genk, por una versión sobria y sin estridencias con la que sumó su cuarta victoria a domicilio en el campeonato, solo por detrás del Madrid (5). A falta de gasolina y con cuatro cambios en el 11 respecto al duelo de 72 horas antes, los del Emery contuvieron al Rayo secando su juego por las bandas con oficio. Barragán y Rami se repartieron a Piti por la orilla izquierda, mientras Jordi Alba seguía ganando puntos como el lateral izquierdo del futuro de la selección. Salvo algún escarceo de Lass, meros fuegos artificiales, el carrilero defendió su parcela sin concesiones. Lejos de su mejor versión, la promesa guineana no estuvo ni rápida ni habilidosa. Su regate tampoco fue endiablado.

La ventaja del Valencia no desanimó al equipo franjirrojo, al que le costó 40 minutos sacudirse los complejos. Cuando lo hizo, rompió el hielo a balón parado: Javi Fuego botó una falta, Arribas saltó más que nadie en el segundo palo y Diego Alves evitó el empate a quemarropa con una mano milagrosa. El equipo de Vallecas era un martirio para el Valencia en las jugadas de estrategia, como demostró a continuación en otra falta que Delibasic remató cruzada al poste derecho de Alves, aunque el árbitro anulara la acción por un fuera de fuego que no lo era.

La segunda parte empezó como terminó la primera, con el arquero del Valencia inexpugnable. En otra jugada de vértigo Diego Alves salvó el gol tras otro remate de Delibasic. El Rayo no atinaba con el gol, justo al revés que el Valencia, que creyó finiquitar la contienda tras una grandísima jugada colectiva: Feghouli alcanzó la línea de fondo y de acuerdo con los cánones asistió atrás al área, Mathieu -que estuvo en todas- dejó pasar la pelota alborotando al personal y Tino Costa le pegó rasa y cruzada.

El encuentro parecía sentenciado, o así lo entendió Emery, que decidió dar descanso a Soldado, su goleador fetiche aunque no se le viera. La entrada de Aduriz en su lugar tampoco aportó nada nuevo a una película de la que ya se barruntaba el final. Pero el Valencia no contaba con el espíritu irreductible de Tamudo, al que Sandoval había puesto en el tapete justo antes del segundo gol. El nueve volvió a demostrar sus condiciones de cazador batiendo a Alves tras ayudarse del brazo para controlar el esférico.

Estrada dio el gol por bueno y el Valencia terminó sofocado, asediado por tierra, mar y aire, encerrado en su área achicando balones. La fe del Rayo le premió con una última jugada de estrategia que animó a Cobeño a sacar su lado de delantero. Y justo con todo a favor, con la defensa del Valencia tirando mal el fuera de juego, Tito remató a las nubes.

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