_
_
_
_

Más peleas que fútbol

El St. Pauli, que se declara "antifascista", vence al Hansa Rostock (1-3), parte de cuya afición está tradicionalmente relacionada con la extrema derecha, en un partido que tuvo que ser suspendido 10 minutos por los enfrentamientos entre los ultras

Pocas alegrías como la de hoy puede llevarse la parroquia del St. Pauli, de la Segunda División alemana. Para algunos, casi sea tan satisfactoria como volver a la Bundesliga, a la que pertenecían el año pasado. Resulta que han vencido a uno de sus máximos rivales, el Hansa Rostock (1-3). Sin embargo, la tensión entre ambos equipos tiene poco que ver con lo deportivo y mucho con lo político. Mientras que el St. Pauli se reconoce en sus propios estatutos como "antifascista", el Hansa tiene un sector de aficionados neonazis, lo que ha hecho frecuentes los enfrentamientos entre los ultras de ambos bandos. En esta ocasión tampoco han faltado los incidentes. Antes del silbato inicial, los seguidores del Rostock llenaron el campo de bananas desde la grada y antes del descanso el partido tuvo que ser suspendido durante 10 minutos, mientras los jugadores se refugiaban en los vestuarios, después de que se lanzara una bengala al campo. Además, antes del duelo varios aficionados enmascarados atacaron un cuartel de la policía produciendo daños materiales.

Seguramente, la gran diferencia entre ambos equipos y la mayor peculiaridad del St. Pauli sea el carácter oficial de su ideología. El viraje del equipo de Hamburgo hacia la izquierda comenzó a mediados de los ochenta, cuando un sector de jóvenes seguidores comenzó a llevar al campo el emblema pirata de la calavera y las tibias cruzadas. Un símbolo lleno de significado en una ciudad portuaria y que representaba, según recoge la web del club, "los pobres contra los ricos, los trabajadores contra los jefes". En un principio costó que calara, ya que "los mandatarios del club y los espectadores más antiguos lo veían como un símbolo de violencia". Pero su ascenso fue imparable y actualmente forma parte de la imaginería del club, estando presente en su mercadotecnia oficial.

Los estamentos del club, que le definen como "antirracista" y "antifascista", evolucionaron a la par que su público, y el St. Pauli se convirtió en un símbolo de la izquierda, generando acérrimas simpatías. Se calcula que cuenta con 11 millones de aficionados en Alemania y, cuando estaba en Tercera, seguía llenando su campo con 15.000 espectadores, cuando la media de la categoría eran 200. Su imagen revolucionaria también le acercaba al mundo del rock y el punk -recibe los partidos con el Hell Bells de AC/DC y celebra los goles con el Song 2 de Blur- lo que ha provocado que bandas como Bad Religion o Turbonegro le hayan dedicado canciones. Su carácter abierto le ha facilitado tener un presidente abiertamente homosexual y cuando sus seguidores se enteraron de que el ex mandatario Wilhem Koch había pertenecido al Partido Nazi, le quitaron su nombre al estadio.

Por su parte, Rostock es una ciudad con una presencia sustancial de la extrema derecha. Se encuentra enclavada en el estado de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, en el que el partido de extrema derecha NPD obtuvo el pasado septiembre un seis por ciento de los votos en las últimas elecciones regionales. La dura legislación alemana respecto al empleo de imágenes o símbolos nazis hace que en el Hansa no haya constituido como tal ningún grupo de seguidores neonazis, aunque tradicionalmente se haya vinculado al club con esta ideología. Rostock fue multado en 2006 con unos 20.000 euros por los cantos racistas que parte de su público profirió al delantero del Schalke 04 Gerald Asamoah, de origen ghanés.

De esta forma, en los que encuentros entre ambos a menudo toman el protagonismo los radicales, varias de cuyas barbaridades pueden verse en Youtube. Hace dos años, en una visita al Hansa, 23 aficionados fueron detenidos y 27 policías antidisturbios resultaron heridos por el lanzamiento de piedras y fuegos artificiales. A lo que tampoco han ayudado los jugadores en ocasiones. En aquel partido, Deniz Naki, delantero del St. Pauli de padres turcos, celebró la victoria (0-2) dirigiéndose a la afición del Hansa con el gesto de cortarles el cuello, tras lo que clavó una bandera del St. Pauli en el césped. Hoy, Rostock ha vuelto a ser testigo de lo peor de su rivalidad.

Suspendido el Colonia-Mainz por el intento de suicidio del árbitro

El encuentro de la Bundesliga que debía enfrentar al Colonia y al Mainz fue suspendido por el intento de suicidio de Babak Rafati, el colegiado designado para el encuentro. La policía de Colonia, que encontró al trencilla en su hotel con cortes en las muñecas, ha confirmado su tentativa de quitarse la vida. El árbitro se encuentra ingresado en la UCI de un hospital, fuera de peligro.

El presidente de la Federación Alemana de Fútbol (DFB), Theo Zwanziger, que se ha desplazado a Colonia para visitar al colegiado, ha explicado que sus asistentes fueron a buscarle cuando no se presentó al partido. "Sólo puedo explicar que la presión en nuestros árbitros y el rendimiento deportivo es tremendamente alta. Y no logramos llevarlo a un equilibrio adecuado", argumentó. A lo que añadió que en la habitación del hotel se han "encontrado notas que aún deben ser evaluadas". De momento, no se ha confirmado la posible motivación de lo sucedido.

Unos aficionados del Rostock prenden fuego a una bandera del Sankt Pauli.
Unos aficionados del Rostock prenden fuego a una bandera del Sankt Pauli.MATTHIAS KERN (GETTY IMAGES)
Recogepelotas del Rostock limpian el campo de las banadas lanzadas por los seguidores del equipo.
Recogepelotas del Rostock limpian el campo de las banadas lanzadas por los seguidores del equipo.MATTHIAS KERN (GETTY IMAGES)

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_