Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

La hora de Machín

El técnico del Numancia, invicto en los últimos cinco partidos, nunca había entrenado profesionalmente pese a llevar más de una década en el club soriano

El verano pasado, Pablo Machín (Soria; 1975) cogió un tren que llevaba mucho tiempo esperando. Tras 11 años en el Numancia, le llegó el turno de ser el técnico del primer equipo sustituyendo a Juan Carlos Unzué, que regresó al Barcelona. Antes, Machín había sido preparador del equipo juvenil, del filial, entrenador de porteros y ayudante de técnicos como Arconada, Pacheta, Kresic, Goikoetxea o del propio Unzué. En los noventa fue, además, futbolista del Numancia cuando el equipo estaba en 2ªB. Un entrenador, el más joven de Segunda, que se ajusta a la perfección a la definición de hombre de la casa y cuyo rendimiento supera, de momento, al de los últimos técnicos. El Numancia, tras un inicio con dudas -solo ganó un encuentro de los primeros ocho-, lleva cinco partidos sin perder y suma ya 20 puntos. Esta tarde, ante el Huesca (1-1), el conjunto soriano ha conseguido continuar con la racha.

"Si no es por el Numancia, hubiera sido muy complicado que llegara a entrenar a un equipo profesional. Me considero un privilegiado", reconoció Machín el día de su presentación. "A diferencia de hace años, ahora muchísimos exfutbolistas se sacan el carnet de técnico y para los clubes es más fácil apostar por ellos porque son conocidos, tienen ya un nombre en el fútbol. Yo soy la excepción porque en el Numancia siempre han creído mucho en mí", completa el técnico en una conversación telefónica. En el club, sin embargo, destacan la valentía de Machín a la hora de aceptar el reto. "Juan Carlos Unzué se fue y pensamos que era la oportunidad de Pablo. Era ahora o nunca. Él fue valiente porque tenía una posición cómoda en el equipo, ya que renovó el año pasado como segundo entrenador, y cuando le hicimos la propuesta no dudó en romper el contrato", explica un portavoz del club. "Sé que es difícil ser profeta en tu tierra, pero hay que ser valiente. Es un tren que no podía dejar pasar porque siempre se sueña con entrenar al primer equipo, aunque por la implicación que tengo con este club supone una responsabilidad extra para mí. La oportunidad me ha llegado como algo natural", explica Machín.

En su despedida de Soria, Unzué recalcó los valores de su sucesor: "Para mí, ha sido un ayudante magnífico. Es listo, inteligente, observador y lleva trabajando unos cuantos años con entrenadores interesantes. Estoy seguro de que no se le ha escapado nada de lo que le hemos podido transmitir". A Machín casi no le llegan las palabras para explicar lo que ha aprendido de cada técnico con el que ha trabajado: "Mi referente ha sido Miguel Ángel Lotina porque fue el primer entrenador que tuve profesionalmente y aprendí mucho de cómo trabajaba el aspecto táctico defensivo. De Andoni Goikoetxea me quedo con lo rotundo y carismático que era. Se hacía respetar mucho en el vestuario. Con Gonzalo Arconada aprendí sobre todo a utilizar las nuevas tecnologías aplicadas al fútbol. Sergio Kresic tenía mucha experiencia. Pacheta fue futbolista y sus vivencias me hicieron crecer...". Sobre Unzué, dice que le descubrió cómo hay que trabajar el aspecto ofensivo y recuerda las charlas que tenía con él: "Hablábamos mucho y me contaba anécdotas, curiosidades del trabajo de la escuela Barça. Es una persona que ha trabajado con alguien como Guardiola, qué más se puede pedir....".

Uno de los primeros cargos que Machín tuvo en el primer equipo fue, sin embargo, el de entrenador de porteros, a pesar de que en su época como futbolista se movía en el centro de la defensa. "Siempre he tenido muchas inquietudes al entrenar y cuando trabajaba en las categorías inferiores me di cuenta de una carencia que tenía el club en cuanto a especialistas. En el tiempo libre, cogía a mis porteros para hacer un trabajo específico que creo que era necesario. Cuando en el primer equipo vieron que era conveniente trabajar eso, confiaron en mí". Machín compaginó entonces su trabajo en el equipo juvenil con su tarea como preparador de porteros. Ahora, recalca que pese a no haber entrenado nunca antes profesionalmente, toda esa experiencia le es de gran ayuda: "Es la mejor cantera que se puede tener. Aprendes de errores que a un nivel más alto no tendrías la oportunidad de corregir". Su reto ahora es seguir progresando con el primer equipo. No parece ir por mal camino.