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Reportaje:

El resbalón fatal del 'Pelado'

Un penalti errado por Silva priva a Velez de la final de la Libertadores que reeditarán el Peñarol y el Santos casi medio siglo después de su último duelo

Le llaman El Pelado, aunque en Argentina algunos le comparan con El Loco, con Martín Palermo, por su carácter volcánico y el despiadado remate a portería que exhibe sobre el tapete de juego. Goleador por naturaleza y excéntrico, como el 9 de Boca, Santiago Silva (Montevideo, 1980) experimentó anoche el trance más amargo de su carrera cuando falló el penalti que hubiera conducido a Vélez Sarsfield a la final de la Copa Libertadores que disputarán finalmente el Peñarol, rival del equipo argentino en las semifinales, frente al Santos brasileño, guiado por la magia del joven Neymar.

Apremiado por el 1-0 adverso de la ida, Vélez no terminaba de tomar el pulso al encuentro. Por si fuera poco, un gol de Mier dio alas al Peñarol y ponía contra las cuerdas al conjunto bonaerense, que arropado por su hinchada logró voltear el marcador con las dianas de Tobbio y Silva, al que unos minutos después le llegaría el momento maldito. Tomó el esférico con decisión el ariete, lo depositó con mimo sobre el punto de cal y contuvo el aliento antes de iniciar la carrera y patinar en pleno golpeo. El balón describió el irrevocable camino de la grada y no se alteró el 2-1 definitivo.

Le ocurrió a Beckham con Inglaterra en la Eurocopa de 2004, ante Portugal, o al mismísimo capitán del Chelsea, John Terry, en toda una final de la Champions contra el Manchester United. Como ellos, Silva apuntó con su mirada al punto fatídico en busca de una respuesta, pero el uruguayo eludió toda excusa. "Le quise pegar al otro lado pero resbalé", lamentaba ya en la zona mixta del vestuario; "no hay que buscar explicaciones. Quedamos fuera porque erré el penal. Como tengo los huevos para gritarlos los tengo también para asumir mi responsabilidad".

Ídolo de la grada del José Amalfinati, nadie le hace ningún reproche al futbolista, un trotamundos de 30 años que se ha recorrido medio planeta para dejar huella en equipos tan dispares como River, el Corinthians, el Chievo o el Energie Cottbus alemán. Visceral, combativo y máximo artillero del Torneo Apertura en 2009 y 2010 con 14 y 11 tantos respectivamente, Óscar Tabárez le ha cerrado las puertas de la selección uruguaya, pero él, amante de los grandes desafíos, no se rinde, como cuando aupó a Banfield a su primer cetro de toda la historia hace dos temporadas.

Capaz de festejar un gol simulando un ataque epiléptico, ahora suena como heredero de Palermo en Boca. "Un sueño", admite él, que deberá ver desde la distancia el pulso que mantendrán en la gran final el Peñarol y el Santos. Ambos volverán a verse las caras 49 años después del duelo que protagonizaron en 1962. Entonces, un muchacho de 22 años llamado Pelé hacía diabluras con la pelota y decantó la balanza a favor de los brasileños, que hoy día, después de eliminar al Cerro Porteño, se encomiendan a otro genio, Neymar.

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