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Una obra de arte

El gran juego del Manchester United bate al magistral Neuer y destroza el sueño del Schalke

Una verdadera obra de arte. El fútbol del Manchester United, rácano en multitud de ocasiones y sobre todo cuando de una eliminatoria a doble partido se trata, se mutó anoche en una trituradora fantasiosa que solo Neuer, el san Pedro de la portería alemana, puso en entredicho. Y fue por momentos porque el Mufc, agitador, preciso, terrible, acabó por reventar cualquier atisbo de resistencia. Giggs y Rooney firmaron las dianas y la probable sentencia del sorprendente Schalke, que se agarra a los cinco goles marcados en San Siro en la ronda anterior para no despedirse de Europa en el penúltimo escalón.

Sorprendió Ferguson al sentar de inicio a Nani en favor de Valencia, desoxidado desde que se recuperara de una fatal lesión en el tobillo. Pero apenas se le echó en falta porque desde que se abrió el telón al partido el fútbol lució en todo su esplendor. Los jugadores se presentaron de buenas a primeras, como si representaran un anuncio por la espectacularidad de las acciones. Raúl le hizo un caño a un rival con la primera pelota que absorbió, Giggs realizó un control con el tacón y Rooney soltó un disparo con rosca y envenenado que enfilaba hacia la escuadra, pero que la manopla de Neuer desbarató. Un aperitivo.

SCHALKE, 0 - MANCHESTER UTD, 2

Schalke: Neuer; Uchida, Matip, Metzelder, Sarpei (Escudero, m. 73); Farfán, Papadopoulos, Jurado (Draxler, m. 83) Baumjohann (Kluge, m. 53); Edu y Raúl. No utilizados: Schober; Plestan, Charisteas y Karimi.

Manchester United: Van der Sar; Fabio, Ferdinand, Vidic, Evra; Valencia, Carrick, Giggs, Park (Anderson, m. 73); Rooney (Nani, m. 83) y Chicharito (Scholes, m. 73). No utilizados: Kuszczak; Smalling, Rafael y Evans.

Goles: 0-1. M. 67. Giggs remata raso un pase interior de Rooney. 0-2. M. 70. Rooney, a pase de Chicharito.

Árbitro: Velasco Carballo (España). Amonestó a Metzelder, Fabio y Sarpei.

Veltins Arena: 60.000 espectadores.

Nada remilgados y poco recatados con la retaguardia, ambos equipos se batieron con la mirada puesta al frente, con el ataque por bandera y con el fútbol sugerente al poder. Corrían los laterales por la banda, repartían los medios el cuero con diligencia y resquebrajaban a la defensa rival con la mezcla y la asociación. Pero las jugadas colectivas no se punteaban con el tino necesario. Por lo menos hasta que Giggs lo decidió.

La apuesta, en cualquier caso, conllevó dos consecuencias: las líneas se rompieron y el partido fue un auténtico espectáculo, superlativo. Entre otras razones, porque las zagas se esmeraron en cerrar los pasillos interiores. Temerosa una de la catapulta que tiene Jurado por pie; apocada la otra ante los movimientos de Chicharito y Rooney. Pero como los recursos del Manchester United son inagotables, como su gen competitivo resulta de lo más lustroso cuando la necesidad lo exige, pronto venció la inicial efervescencia del Schalke, debida quizá a que entiende la semifinal como un regalo. Un remate de Farfán, otro de Jurado y uno último de Escudero, bien dormidos por Van der Sar.

Condicionado por la baja de Höwedes -Rangnick puso al mediocentro Matip de central-, el Schalke palideció en la defensa y encumbró a Neuer, único capaz hasta la fecha de arrebatar el don del gol a Chicharito, la definición perfecta en el área rival. Hasta en cinco ocasiones le escupió sus remates, como repitió después con Giggs con dos paradas sensacionales, hasta el punto de que en una recordó de refilón la manopla de Banks ante Pelé, cuando sacó la mano justo a tiempo frente a un testarazo picado. Por arriba, por abajo, a la izquierda y a la derecha, lo mismo le daba a Neuer, que cosía su portería con los guantes.

Lo más sorprendente, sin embargo, no fue la generosidad de la propuesta del Mufc, sino el acierto en el pase. Juego a uno o dos toques, devoluciones siempre rasas y por lo tanto ventajosas, movimientos de ruptura en los metros concluyentes, conducciones a última hora que rompían las líneas... y el remate final. Hasta la parcela de Neuer, manoplas de oro; hasta que Giggs, con la fórmula de la eterna juventud (37 años), dijo basta. Desmarque entre los dos centrales, pase al hueco de Rooney y toque sutil y cruzado ante la salida de Neuer. Barrera tumbada, tiempo de disfrute redondeado por el propio Rooney, que en un santiamén se la volvió a liar al Schalke con un remate certero a pase de Chicharito. Dos dianas en dos minutos y un triunfo que le asoma a la final de la Champions.

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