Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

Dueños de las dos áreas

Tan decisivo como Villa, que aprovechó su único remate para romper la sequía de 11 partidos, resultó el partido de Valdés

El partido, como nunca, se decidió en las dos áreas. En la del Barcelona, Víctor Valdés dejó claro que es uno de los mejores porteros del mundo. En la de Ricardo, decidió Villa, el delantero más certero de la historia de la selección española, que rompió su maleficio. Un remate, un gol. Y habló Messi, que alcanzó el gol 50 en lo que va de temporada. Ningún futbolista en un equipo español ha marcado más goles que el argentino en una misma temporada. "Chutaron dos veces y las dos fueron gol", se lamentó Mendilíbar, el entrenador de Osasuna. Tenía razón: dos tiros a puerta, dos goles. Mayor eficacia imposible.

"¡Pero tira, David, tira tú!" reclamó Guardiola a Villa, después de que le cediera la ejecución de una falta sobre la frontal a Alves. De nada sirvió que les avisaran de la orden del jefe, primero Maxwell y de inmediato Busquets: la tiró Alves y la tiró mal, fatal. Al entrenador se le torció el gesto, seguro como estaba de que no podía pasar un día más sin que Villa celebrara un gol. Pocos minutos después, Villa, un futbolista "vital, fundamental e insustituible" en este equipo, según le definió Guardiola en la rueda de prensa previa al partido, acompañó en la jugada que activó Afellay, a Jeffren y buscó el centro, raso y duro, de adentro afuera, que metió el canario. Villa, que llevaba 11 partidos sin meter un gol, llegó antes que Monreal y remató a la red. Al tiempo que abría el marcador rompió un maleficio que le perseguía desde el 26 de febrero, cuando el Barcelona visitó Mallorca; 22 goles le contemplan en este curso y con el de ayer, ya son 11 a Osasuna.

"Es muy importante para él hacer goles. Hablaremos con él, que seguro que se ha animado con su gol, y nos animará a nosotros", aseguró Guardiola, que explicó no haber tenido la necesidad de hablar con el delantero para calmar su ansia durante los 11 partidos que ha durado su mala racha: "Es tan bueno, es tan fuerte... A veces cuando te lo encuentras le dices algo, pero poco más...". "David está feliz porque ha marcado. Para un delantero es importante", terció Afellay, satisfecho, según dijo, porque en su caso de lo que se trata es de hacerlo cada vez un poco mejor cuando le toca jugar. Thiago, con su desparpajo característico, admitió que para el equipo era muy importante que Villa hubiera recuperado el olfato: "Los delanteros cuando no marcan están un poco desquiciados. Pero Villa tiene el gol entre ceja y ceja y después de marcar ha jugado mucho más suelto". "Sí, si no marcan están tristes, por eso es muy importante el gol, para él y para el equipo", terció Alves.

Pero el encuentro tuvo otro protagonista. Tan decisivos como Messi y Villa -sustituido por 27 vez- resultó el partido de Víctor Valdés, que cumplía su partido número 400 en la portería del Barça -le faltan 10 para atrapar a Zubizarreta en el primer puesto de los porteros barcelonistas- y demostró otra vez las razones que le han convertido en leyenda. Si al Barça le sirvió el gol de Villa para llegar vivo hasta que Messi sentenció fue por las intervenciones del portero de Gavà, en especial en un remate de Damiá.

Capitán ayer del Barça, Valdés enfila su tercer trofeo Zamora y mira con el rabillo del ojo el récord de Liaño que, con el Deportivo, en la temporada 1993-1994, cerró la Liga con 38 partidos jugados y 18 goles encajados, un promedio de 0,47 por partido que nadie ha superado. La media del portero catalán es de 0,50, después de 30 encuentros bajo los palos, y 15 goles encajados.

Puedes seguir Deportes de EL PAÍS en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.