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Locos por los adoquines

La afición por el Tour de Flandes llevó a un granjero a construir su propio muro de pavés para que la carrera pasara por su casa

El Tour de Flandes es algo más que una carrera ciclista para los flamencos, es un simbolo nacional, de hecho, la carrera recibe el apodo de Vlaanderens mooiste (Lo mejor de Flandes). La clásica, el segundo monumento de la temporada, se disputa mañana (12.30, Eurosport, y 14.00, Teledeporte), como siempre en el 14º domingo del año y es de las más duras debido a sus conocidos muros, cuestas cortas pero duras, muchas de ellas de pavés. Este año la carrera, que une Brujas y Meerbeke, consta de 258 km con 18 ascensiones, diez de ellas sobre adoquines. Todos los años se introduce alguna novedad en la carrera, pero pocas, y lo que puede cambiar es el orden de las ascensiones.

El último tramo de carrera repite la misma sucesión de dificultades y es donde se decide la carrera, sobre todo en los muros de pavés. Los más famosos son: Oude-Kwaremont, la ascensión más larga (1.500 m de adoquines en el kilómetro 171), Koppenberg, las más dura, y el Muur-Kapelmuur, el muro de la iglesia, la penúltima ascensión bacheada y donde se suelen decidir los campeones. Estas cuatro, junto con las demás, pasaron a ser patrimonio protegido en 1993. La pasión que levanta la carrera es totalmente distinta a todas las demás. "Todo el mundo se echa a la carretera desde el kilómetro cero, es un orgullo que el Tour de Flandes pase por tu pueblo", afirma el ex ciclista Pedro Horrillo que define la carrera que corrió cinco veces como "preciosa y excitante". Hay uno de los muros que ejemplifica esta pasión: Paterberg.

Paterberg es un tramo de 360 m situado entre el Oude-Kwaremont y el Koppenberg y se incorporó a la ronda en 1986. Un granjero de la zona, harto de tener que ir a casa de un amigo a ir a ver como los ciclistas subieran el Koppenberg, decidió convertir uno de sus pardos en un camino de pavés que pasara por delante de su casa. Presentó la solicitud en 1984 y dos años después consiguió su sueño. "Es una subida muy corta pero difícil", explica Horrillo; "desde abajo parece que la vas a subir con la inercia, pero engaña". Tiene las peores rampas de todos los tramos de pavés, llega al 20% de desnivel (un 12% medio), y a pesar de que lo han restaurado, siempre hay alguien que se baja de la bici y detrás de él todos.

Los muros son tramos cortos que exigen un esfuerzo máximo, los corredores más fuertes esperan a después de las cuestas para atacar. Este año hay un claro favorito, el ganador del año pasado, el suizo Fabian Cancellara. Pedro Horrillo lo tiene claro: "cuando hay un favorito muy claro es bueno para el espectáculo y malo para él. Todos tendrán una estrategia anti Cancellara". La prensa internacional lo tiene claro en sus pronósticos. Casi unánimente, cinco estrellas para el suizo tremendo y cuatro para los dos belgas que más pueden, Tom Boonen, ganador en 2005 y 2006, y Philippe Gilbert, tercero los dos últimos años. Detrás, con tres, un amplio grupo: Alessandro Ballan, Stijn Devolver, Juan Antonio Flecha...

Juan Antonio Flecha, el más experto de los 13 españoles participantes (cinco del Movistar y siete del Euskaltel también), y también el que más ama la carrera, de la que fue tercero en 2008, y el que más cerca ha estado de la victoria, prefiere no pensar en Cancellara, de quienes todos hablan, y más después de verle machacar a toda la concurrencia hace una semana en el GP E3. "pero lo que hizo entonces no es nuevo ni extraordinario. Es el Cancellara de toda la vida", dice Flecha, quien cruza los dedos para que llueva en Flandes y que, a los 33 años, ha alcanzado una madurez que le hace vivir, por fin, por encima de las obsesiones. "He estado entrenando en Castelldefells, y me ha hecho bueno, incluso el miércoles, que hice casi siete horas, hizo un tiempo magnífico. Pues bien, me llamó Devolver [el belga que ganó dos Flandes seguidas, en 2008 y 2009] para darme envidia, para decirme que en Bélgica hacía buenísimo y que cómo hacía en España. Yo no entiendo la obsesión de la gente, la necesidad de saber lo que hacen los demás. Ese es el primer paso hacia el fracaso. Así le pasó a Boonen con Cancellara, por intentar contrarrestarlo, por convertir Flandes en una competición de a ver quién la tiene más larga, se quedó en nada. Yo no me preocupo de los demás, sino de mí mismo. Haré lo que pueda, hasta puede que gane, y estaré feliz con lo que consiga, aunque no gane. El pasármelo bien corriendo es mi mayor objetivo siempre".

Steffen Wesemann sube uno de los muros del Tour de Flandes en 2004, cuando se proclamó vencedor.
Steffen Wesemann sube uno de los muros del Tour de Flandes en 2004, cuando se proclamó vencedor.REUTERS

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