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LIGA | GETAFE 1 - ATLÉTICO 1

Viaje a la medianía

Getafe y Atlético firman el empate en un choque confuso que no contenta a ninguno

Los parroquianos del Coliseum, remolones y descreídos, apenas habían tomado posiciones en la grada cuando se encontraron con el primer tanto de su equipo. A los tres minutos, el patadón y tentetieso del Cata Díaz encontró la complicidad de Miku que persiguió el balón con fe para entregársela a Manu en su primera visita al área. El disparo con el empeine del capitán azulón rebotó en Godín y se volvió indescifrable para un rígido De Gea.

La apuesta ofensiva de Míchel encontraba el premio del gol antes de merecerlo. En el primer intento. El técnico del Getafe liberó su pizarra de ataduras, apostó por el vértigo con Manu y Gavilán en las bandas, dio vuelo a Parejo tras un mes de banquillo y escarmiento, y mantuvo a Miku y Colunga como pareja de ataque. Apenas Víctor Sánchez como único anclaje en el centro del campo. Hasta tres mediocentros -Boateng, Mosquera y Casquero- acompañaban al entrenador en el banquillo. Y dio resultado.

El constante revoloteo de la línea de creación getafense complicó la vida desde el inicio a Tiago y Raúl García. La sociedad que formaron ambos en la sala de máquinas rojiblanca se demostró insuficiente en la contención e incapaz en la creación.

Los de Quique, que han hecho de la turbulencia una forma de vida, llegaban a Getafe sumidos en conspiraciones de vestuario. Desde el primer minuto, todos se esmeraron en buscar a Forlán, por el que dirán. Lo buscaron sin medida. Hasta el exceso. Además, el lenguaje gestual entre los jugadores atléticos escenificaba todas las recomendaciones de los manuales de urbanidad y buen compañerismo para con el rubio uruguayo. Pero los ataques rojiblancos morían una y otra vez en fuera de juego. Hasta cinco veces en el primer periodo cayó el delantero en posición antirreglamentaria. No había más plan.

Mientras, los de Míchel, con más soltura y atrevimiento que de costumbre, se animaban a intentarlo ante la inconsistencia de las filas visitantes. Los azulones son el peor equipo de lo que va de año y viven en una montaña rusa. A medio camino entre el reto y la angustia, luchan por no quedarse en tierra de nadie. Por ello, el duelo tenía aires de punto de inflexión para los locales, que mientras intentan consolidar la permanencia miran de reojo a la séptima plaza que otorga pasaporte europeo.

El vecino, con mucho más abolengo, no presenta mejores registros ni constantes. Descentrados e hipotensos, los rojiblancos se entregaron por momentos a la parodia defensiva cuando Varela placó en el marcaje a su compañero Perea en una falta frontal botada por el Getafe. Mera anécdota. Puro síntoma.

Los discursos de la caseta no alteraron el guión en el arranque del segundo acto. Pero con el paso de los minutos, los rojiblancos evidenciaron sus prisas y los locales su estado de necesidad. Mario Suárez y Elías dieron relevo a Raúl García y Koke buscando manufactura y suministro para Agüero y Forlán. Los tres puntos eran un botín de proporciones incalculables y Míchel decidió que los músculos de Boateng podían afianzar mejor que nadie su custodia. Sin embargo, el equipo azulón interpretó el cambio en términos más de repliegue que de contención y el Atlético comenzó a merodear por el área de Codina con más inercia que entusiasmo. Creció el miedo en el banquillo local. Diez minutos más tarde el mensaje fue inequívoco. Casquero salió por Colunga para reforzar todos los diques. Pero no resultó suficiente.

Asiduos a moverse en el alambre, los rojiblancos descifran los arreones finales con extraña cotidianidad. Solo reaccionan cuando sube la marea. Es entonces cuando alcanzan un estado febril capaz de zarandear las defensas rivales. A diez minutos para el final, Forlán cambio de registro. Abandonó la punta de ataque para animarse en la elaboración. Se asomó a la frontal y sirvió una delicada asistencia a Elías que ejecutó un remate más propio de un acreditado cabeceador que de liviano atacante de apenas 1,70 metros.

El empate firmaba la indefinición del partido y de los dos contendientes. A los dos equipos se les intuye más de lo que muestran. Pero ambos se entregan con asiduidad al desorden que nace de las dudas. Se cruzaban dos trayectorias irregulares que buscaban tomar vuelo en pos de misiones superiores y escenarios europeos. Pero la hoja de ruta de los dos equipos está tan borrosa que amenaza con llevarles hasta un territorio irrelevante: la medianía.

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