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"Barru, el mejor de la historia"

El ex portero del Barça recibe un sentido homenaje de despedida

Una camiseta amarilla con el dorsal número 16 quedó izada en lo más alto del Palau Blaugrana, junto a la de Óscar Grau, Xavier O'Callaghan, Enric Masip, Iñaki Urdangarín y Joan Sagalés. Era la del último superviviente de aquella generación de oro que, bajo la dirección de Valero Rivera, llevó al FC Barcelona a ser considerado el mejor equipo del mundo. David Barrufet, el portero mítico de aquel equipo, el capitán irrepetible, recibió ayer un sentido homenaje de despedida frente a 7.000 aficionados que corearon su nombre, vibraron cuando se colgó su camiseta y se emocionaron con sus palabras.

"Has sido el mejor portero de la historia del balonmano", le dijo su amigo Fernando Barbeito, ex compañero de vestuario, que ayer condujo el homenaje. Por la pista fueron desfilando jugadores de distintas etapas y entrenadores que quisieron abrazar a Barrufet en un día tan especial. Juanón de la Puente, Cecilio Alonso, Eugenio Serrano, Xavi O'Callaghan, Andréi Chepkin, Milan Kalina, Enric Masip, Christian Schwarzer y Lorenzo Rico, el portero que le dio la alternativa en el Barça. Después, todos los capitanes de las secciones profesionales del Barça, incluyendo a Carles Puyol, le ofrecieron sus brazaletes.

No faltó Valero Rivera, el técnico que le situó en la portería en el colegio Safa a los ocho años y que, después, le permitió debutar bajo los palos del primer equipo del Barça el 22 de diciembre de 1988, para parar un penalti ante el Puleva. "Tenía físico para ser un gran portero", señala Rivera. "Era grande, tapaba bien y era inteligente. Sabía anticipar el lanzamiento".

Barrufet no solo se afianzó en la portería del Barça sino que se convirtió en el portero de la selección española y culminó una carrera llena de éxitos. Su palmarés es el más amplio que haya logrado cualquier jugador de balonmano, con 71 títulos. Entre ellos, 7 copas de Europa, 2 Recopa, 1 Copa EHF, 11 Ligas, 10 copas del Rey, 2 medallas de bronce olímpicas en Sydney y en Pekín, 1 oro en el Mundial de Túnez 2005, 3 platas y un bronce en campeonatos de Europa.

"Los recuerdos se me acumulan y todos son buenos", comenta el que fue considerado mejor portero del mundo en 2001 y 2002. "Sin embargo, me viene a la cabeza el día en que Iñaki Urdangarín [junto a Barbeito, su mejor amigo en el vestuario] me anunció que dejaba el balonmano. Esperó a que el árbitro pitara el inicio del partido de la final de la Copa de Europa de 2000 para acercarse y decirme: 'vamos a ganar, porque será mi última copa de Europa'. La conseguimos, pero aquello fue un marrón".

Barrufet se despidió del Palau Blaugrana el pasado 8 de mayo en el último partido de la Liga Asobal. Ya entonces el público le dedicó un primer homenaje, colocándose camisetas con el dorsal 16 y convirtiendo el pabellón en una fiesta de tonos amarillos. El portero del Barça renunció a las vacaciones de verano para incorporarse al departamento jurídico del FC Barcelona. Mantiene la vinculación con el balonmano como presidente de la Asociación de Jugadores y directivo de la RFEB.

Revivió la magia del Palau Blaugrana por última vez. Después del que el Barça ganara con holgura al Chambery francés por 38-23 y se asegurara la clasificación para los octavos de final de la Liga de Campeones, Barrufet pisó la pista y se convirtió en el gran protagonista de la tarde. "Quiero daros las gracias a todos", dijo intentando contener las lágrimas, acompañado de su esposa y sus dos hijos. "El mejor título es el cariño que siempre he recibido de vosotros".

Barrufet, durante el homenaje.
Barrufet, durante el homenaje.EFE

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