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Siskauskas acribilla al Baskonia

El escolta lituano, imparable, protagoniza la victoria del CSKA ante un buen Caja Laboral

Sabía el Caja Laboral que ante el CSKA de Moscú había que ir a la mina, y picar y picar y picar aunque te cayera el grisú por la cabeza. Y picar y picar. Y acudió al principio un poco desganado harto de los éxitos del equipo ruso con el que tantas veces se ha cruzado en el camino. Tan desganadillo andaba, como en la Liga ACB, que permitió un recital del lituano Siskauskas que a punto estuvo de tirarle la mina encima. Aquello sí que era picar en la canasta del Baskonia, cosida a triples por la muñeca ligera del escolta lituano, que parecía imparable, inalcanzable, un barrenero voraz, a destajo.

Se encontró el equipo de Ivanovic con un doble problema. A la calidad técnica del CSKA, se le añadía la inspiración de Siskauskas para redondear la faena. ¿Y cómo parar a Siskauskas? y lo que es más difícil ¿cómo desactivar las sensaciones de un jugador en racha?

CAJA LABORAL, 67; CSKA MOSCÚ, 71

Caja Laboral: Ribas (8), English (14), Micov (2), Teletovic (11), Splitter (10) —cinco inicial—, Singletary (3), Barac (7), y San Emeterio (12).

CSKA Moscú: Planinic (2), Langdon (13), Siskauskas (24), Kaun (14), Khryapa (9) —cinco inicial—, Holden (7), Vorontsevich, Radenovic, Kurbanov, Ponkrashov.

El equipo de Ivanovic agotó sus fuerzas y su escaso banquillo ante un potente rival

El CSKA nunca se arrugó, ni cuando el Baskonia apretó en el tercer cuarto

El Baskonia apeló a la raza. Vale, Siskauskaus está que se sale pero somos cinco contra cinco, debió pensar o decir alguien, porque el Caja Laboral se aplicó en el segundo a cuarto a la tarea desprovisto ya del peaje del CSKA. Un dominador de la Euroliga, debió pensar o decir alguien, pero un partido a fin de cuentas. Y apareció el Baskonia, en toda su magnitud, no sólo el equipo sostenido por el acierto anotador de English, sino también por el poder de intimidación del grandullón Barac o el versátil Teletovic. Era uno, era otro, eran todos los que poco a poco iban recuperando su trozo de pared en la mina ante un CSKA regular, que tampoco era sólo Siskauskas (que ya era mucho, ciertamente), sino Holden, gran director, o Khryapa, un gladiador, y todos los demás.

Al término del primer tiempo el Baskonia había conseguido que hubiera partido entre dos grandes equipos. Y el arreón del tercer cuarto fue la dosis de adrenalina que necesitaba para creer que no sólo había partido sino que podía ganarlo cuando había estado a punto de darlo por perdido.

Superado el efecto abusón de Siskauskas, que sin embargo siguió anotando y anotando, picanco y picando, el Baskonia ofreció su mejor versión, por variada, por cambios constantes de protagonistas. Ribas aceleraba el paso que Singletary calibraba con cuidado. Y English volvía a tomarle el pulso a los triples, bien secundado por Teletovic y finalmente por San Emeterio al que le costó entrar en esa faena.

El problema era que el CSKA no bajaba el pistón. Es difícil que el equipo ruso suspenda un partido o que se descomponga. Y no lo hizo. El último cuarto, supo mantener escuetas ventajas que nunca le pusieron nervioso, viendo como se consumían los minutos sin que el Baskonia pudiera dar el sorpasso que venía acariciando.

Y ganaron los rusos (otra vez) con un último cuarto pleno de frialdad, es decir, de raciocinio ante un Caja Laboral que ya dio muestras de flaqueza física. Su banquillo tampoco es el del CSKA.

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