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CLASIFICACIÓN MUNDIAL | ESPAÑA 3 - ESTONIA 0

España está en el Mundial

Un gol de Cesc logra romper la defensa de Estonia y mete a la selección en la cita de Suráfrica después de ocho victorias consecutivas

España logró su clasificación para el Mundial de Suráfrica en una noche sofocante, ante un rival molesto, sin exhibir la precisión de otras veces, sin emocionar a la grada por el juego, pero levantando a la gente de sus asientos para celebrar el billete que conduce a la Copa del Mundo.

Estonia se tomó el partido con la calma propia de los equipos que no tienen nada que perder. Los rubios llegaron a Mérida el lunes, tomaron el sol, se bañaron, y ayer jugaron sin presión. Como suele ocurrir en estos casos, generaron muchos problemas al equipo que sí competía por un premio. España encontró más complicaciones de las previstas.

Los es estonios se defendieron con aplicación y jugaron con inteligencia. Durante los primeros minutos del partido presionaron arriba, achicando los espacios y ensuciando la salida del balón de Piqué y Marchena. Los centrales españoles no consiguieron encontrar a los volantes. Senna y Cesc tampoco estuvieron especialmente lúcidos en esta fase. Tardaron en entrar en el partido. Llevaban meses sin ser titulares y lo notaron. Durante el tiempo que les tomó la aclimatación, España perdió fluidez. Estos momentos de desorientación coincidieron con el apogeo de Estonia, que salió del vestuario con poco combustible, pero dispuesto a quemarlo en las cargas iniciales. Agotados por el viaje desde Turquía a Mérida, los jugadores del equipo báltico procuraron aprovechar la poca energía que les quedaba en la primera mitad del encuentro. La táctica estuvo a punto de proporcionarles beneficios. Achicaron el campo, cortaron el juego español, y lanzaron a Oper y Kink, los dos puntas, a los espacios abiertos entre Casillas y su defensa. Kink abrió fuego con el primer remate de la noche. Fuera. Luego le tocó a Kink, que cabeceó a bocajarro un centro del astuto Vassiljev. Fuera también. Durante un instante, la hinchada extremeña, muy bulliciosa, bajó los decibelios. Pero ahí se perdieron las ocasiones estonias.

España 3 - Estonia 0

España: Casillas; Capdevila, Albiol, Piqué, Puyol, Fábregas, Senna, Xavi, Silva (Mata, min.79); Villa (Cazorla, min.66) y Torres (Güiza, min.57).

Estonia: Pareiko; Klavan, Piiroja, Rahn, Sisov (Jaager, min.64); Vunk, Vassiljev, Kurglov, Zenjov; Oper y Kink (Lindpere, min.71).

Goles: 1 - 0, Min.33, Cesc Fábregas. 2 - 0, Min.76, Cazorla. 3 - 0, Min.92, Mata.

Árbitro: Oleg Oriekhov (UCR). Amonestó con tarjeta amarilla a Piiroja (min.13), Vassiljev (min.50) y Rahn (min.51) por parte de Estonia.

Estadio: Romano de Mérida. 15.000 espectadores.

La aparición de Torres en escena fue señal de que a la selección le empezaba a llegar oxígeno a los pulmones. Sobre la media hora de juego, el delantero del Liverpool empezó a tirar desmarques inmediatamente seguidos de pases. Sus compañeros lo buscaron y lo encontraron. Xavi, Silva, Cesc, y sobre todo, Villa, consiguieron encontrar canales de elaboración. Les llevó un buen rato. Las asociaciones no resultaron tan fáciles como otras veces porque España cargó todos sus ataques por la izquierda, permitiendo al adversario cerrarse mejor. Las diagonales de Villa, tirado sobre esa raya, se convirtieron en operaciones de gran complejidad: enfrente se le plantaron tres o cuatro marcadores en cada jugada. A Estonia le resultó fácil acumular gente allí, porque del otro lado el ataque español no se presentó. No hubo noticias de Albiol en esa banda, ni se le esperaba. El chico es central, y no se movió de su campo. Desde la derecha partió Silva, siempre hacia adentro, y, ocasionalmente, Torres, que cayó a la banda. España dejó claro que apuntaba al otro costado y hacia ese sector orientó sus incursiones con obstinación.

Los remates de Torres empezaron a desenmarañar la madeja. El goleador del Liverpool sigue sin poder gritar un gol en esta fase de clasificación. En el octavo partido de la serie se quedó sin marcar otra vez, pero se dio el gusto de ametrallar a Pareiko desde todos los ángulos. El primer tiro se le fue arriba. El segundo se lo paró el portero en un mano a mano. El tercero se lo pensó mejor. Recibió solo en el área, respiró, apuntó para asegurar, y Kruglov apareció en el último instante para taparle el tiro.

No fue la noche más afortunada de Torres, pero su presencia permitió desestabilizar a los centrales estonios, que vivieron exigidos. El gol de España llegó después de un movimiento suyo. Torres arrastró a un defensa y se abrió un pasillo. Silva lo vio y Cesc también. Tiraron una pared, rompieron la línea enemiga, y Cesc definió al segundo palo, como los especialistas. El gol fue producto de la insistencia, no de la claridad. La jugada que lo precedió fue por la izquierda, como era previsible. Allí España organizó una romería a la que Estonia respondió con otra muchedumbre. Durante una hora, el partido se resumió en buscar una salida al laberinto que los equipos construyeron en esa cuadrícula. Hicieron falta dos talentos del juego entre líneas como Cesc y Silva para hallar la solución al dilema. Lo hicieron sin alterarse. Con la naturalidad con la que esta selección hace las cosas más complicadas.

A partir del gol de Cesc, el partido se descongestionó. Del Bosque dio entrada a Mata y Cazorla en la segunda parte. La frescura de los recién llegados hizo estragos en los estonios, que jugaron los últimos minutos fundidos por el calor. Cazorla revolucionó las tribunas del Estadio Romano con un disparo de media distancia que reventó la red. El tercer gol de la velada lo metió Mata, que puso de este modo el broche a una noche de fiesta. La octava fiesta de España, que ha ganado todos sus partidos en esta fase de clasificación.

Del Bosque: "Los jugadores se dejaron llevar"

"Es un día feliz para el fútbol español porque vuelve a estar en otro Mundial", dijo Del Bosque, serio como un inspector de Hacienda, después de que su equipo obtuviera el pase al Mundial de Suráfrica del año que viene. El seleccionador dijo que no sabía si la clasificación tras ocho partidos victoriosos le proporcionaría la renovación automática de su contrato con la federación. "No tengo ni idea", aseguró, sin perder la gravedad. "Sólo sé que tengo contrato en vigor [hasta julio de 2010] y que debo seguir haciendo mi trabajo lo mejor posible como cualquier empleado".

"Hoy hemos estado más espesos que otras veces", apuntó el técnico; "no hemos manejado el balón con soltura. Es cierto que ha hecho mucho calor y que eso nos ha podido afectar, pero no es una excusa. El calor lo han sufrido los rivales también". La temperatura en Mérida ascendió a los 35 grados ayer antes del partido.

Del Bosque interpretó que la caída en la tensión del juego de la selección obedeció a factores anímicos. "Esta concentración de casi dos semanas ha sido muy provechosa para todos", dijo. "Pero después de diez días los jugadores han acusado la concentración. Tal vez han estado pensando en regresar a casa y en reunirse con sus equipos lo antes posible. Tal vez han pensado que se enfrentaban a un rival débil, con la clasificación prácticamente lograda, y se han dejado llevar un poco. Es normal".

"Las victorias siempre tapan algunos problemas", dijo Senna, con esa mezcla de honestidad y prudencia que dan los años a los futbolistas inteligentes. "Es verdad que ha habido cosas que no han funcionado como otras veces, pero para eso está el míster, que es muy observador, y sabe detectar los problemas". Con estas palabras juzgó el medio centro brasileño la falta de simetría del equipo, que se escoró hacia la izquierda contra Estonia. "No fue nuestro mejor partido", agregó Senna; "tal vez ha hecho demasiado calor. Pero estoy seguro que los estonios lo sufrieron más que nosotros. Han corrido más porque no han tenido el balón. Lo importante ha sido la clasificación. Hay que celebrar que España esté en un Mundial".

El autor del gol que abrió la lata, Cesc Fábregas, no consideró que ayer hiciera su mejor partido con España, como le sugerían sus entrevistadores en el pasillo que llevaba a su autobús. "Se me juzga por el gol", dijo; "porque los goles marcan diferencias. Pero no creo que haya hecho mi mejor partido con la selección. Me doy por satisfecho con haberme sentido bien, a gusto, y con olvidar la lesión que sufrí".

"Sabíamos que no iba a ser fácil", comentó Marchena", tan sobrio fuera del campo como dentro; "pero lo importante ha sido el resultado".

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