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TENIS | ARGENTINA

Al Mago ya no le quedan más trucos

Coria, ex número tres del mundo, decide colgar la raqueta

Guillermo Coria ya no juega al tenis. El Mago anunció hoy que se retira. La decisión era previsible: el ex número tres del mundo, de 27 años, ganó sólo tres de los 18 partidos que jugó en 2008, disputó uno en 2009, y ahí, derrotado en Tailandia, descubrió que estaba harto de viajes. El circuito le echa de menos desde hace años, huérfano como está del único hombre que quizás le hubiera puesto problemas a Rafael Nadal sobre tierra batida. Coria, positivo por nandrolona en 2001, fue la segunda cara de uno de los partidos más emocionantes del siglo XXI. La otra la puso Gastón Gaudio, un tenista prodigioso y sensible, ése que constantemente se insulta a sí mismo, el chico que aún hoy visita más el diván del psicólogo que las pistas de tenis. Coria tuvo dos puntos de partido para ganar Roland Garros 2004, el título que le convertía en un mito de Argentina. Lo perdió entre calambres, y nunca volvió a ser el mismo. También le pasó a Gaudio. Es de los pocos casos conocidos de una final capaz de destruir a sus dos participantes, el vencedor y el vencido.

"Me retiro", anunció ayer Coria. "En marzo, jugando en Tailandia, ya me di cuenta de que viajar me fatigaba. La razón no es sólo mi servicio". En su despedida, el tenista argentino tuvo palabras para su golpe más débil, el que ha labrado su leyenda de jugador maldito. Antes, en declaraciones a EL PAÍS, repasó los momentos culminantes de su trayectoria. "Las dos finales que perdí con Nadal en Roma y Montecarlo", explicó; "no las tomo como un momento clave en mi carrera, pero sí como las únicas en las que me quedé conforme con mi juego. Es más, la final de Roma fue el partido en el que mejor jugué en toda mi carrera, junto al que le gané a Agassi en Roland Garros", continuó. "Con Rafa en Roma jugamos durante mas de cinco horas un tenis de alto nivel con muy pocos errores no forzados. Es un recuerdo bonito porque batallamos muy profesionalmente y se definió en el tie-break del quinto set".

"Había perdido las metas que ponía cuando arrancaba el año", explicó en Radio Continental. "Hubo un punto donde hice un click en mi carrera, pero lo voy a contar cuando saque un libro. Es muy fuerte, yo creo que nadie lo sabe, y cuando lo diga muchos entenderán el porqué del bajón. Es algo difícil que me tocó vivir". Coria, que en aquel Roland Garros de 2004 vivía en un apartamento alquilado con su madre y su esposa, estaba destinado a ser tenista desde la cuna. Le pusieron Guillermo por Vilas, el más grande de todos los jugadores argentinos. Su carrera, con nueve títulos vencidos, no le ha alcanzado para igualarle. Sí para dejar un recuerdo de sudor, lucha y sinsabores. De golpes demoledores en la pista. De un saque francamente mejorable. Y de una bondad única, sensible, que siempre le reservó una silla al lado de sus compañeros.

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