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LIGA DE CAMPEONES | BARCELONA 5 - OLYMPIQUE DE LYON 2

Vértigo azulgrana

El Barça cuaja un primer tiempo pletórico

Noche de vértigo en el Camp Nou , como corresponde a la Copa de Europa y a un equipo del estilo del Barcelona, extremista en lo bueno y en lo malo, deliciosamente juvenil y, por extensión, falto a veces de cuajo para finiquitar los partidos más peligrosos. Admirables en ataque, los azulgrana son aborrecibles cuando defienden por empeño del contrario o por falta de jerarquía propia. Esta noche recordaron las mejores épocas del dream team por la facilidad con la que en un cuarto de hora se ganaron la goleada y se complicaron después la victoria. Así de rápida transcurre la vida en el club barcelonista. No existe la pausa ni siquiera en días aparentemente felices como el de anoche por los distintos resultados de la jornada europea.

El triunfo del Barça fue tan bello como indiscutible por la exquisitez con la que apuntó a Lloris. Nadie gana mejor los partidos que los azulgrana de la misma manera que tampoco ningún equipo los pierde tan fácilmente. Esta noche cantaron victoria porque la distancia que pusieron entre los goles a favor y en contra era insalvable para un equipo como el Olympique de Lyón. La diferencia futbolística fue enorme y el juego del Barça mereció la goleada. El marcador, sin embargo, compromete a los chicos de Guardiola por la concesión de dos goles en jugadas muy tontas, indignas de un choque tan bien desequilibrado.

Aunque agrupado alrededor de un medio de tallo largo y físico intimidador como Touré, los azulgrana partieron con un equipo ligero y artístico, la mejor formación seguramente para jugar en cancha ajena y, consecuentemente, garantizar un buen ataque y también la mejor defensa para combatir al Olympique de Lyon. Agresivos y directos, los franceses juegan a robar el balón para que corra Benzema y forzar las jugadas de estrategia que tan bien domina Juninho, de manera que a los azulgrana les interesaba mantenerles alejados de Valdés, conscientes de sus limitaciones cuando cierran en su área.

La respuesta del Olympique de Lyon fue tan valiente como suicida. Puel mandó abrir mucho el campo a sus volantes mientras los defensas tiraban la línea del fuera de juego muy arriba en un intento de que el partido se disputara en pocos metros. El juego fue por momentos muy intenso y los dos equipos se desafiaron con salidas tan rápidas que exigieron la atención permanente de los jueces de línea. Benzema recibía muy a menudo de la misma manera que Iniesta y Xavi enganchaban con Eto'o. El debate se decantó muy pronto a favor de los azulgrana porque maduraron muy bien el encuentro, son mejores técnicamente que los franceses y tienen una fe ciega en su fútbol.

Los goles cayeron en el momento en que aparentemente más peligrosa se había puesto la contienda. A los azulgrana les faltaba pase interior y remate para rentabilizar su buen juego de presión y posesión cuando Makoun se arrimó en exceso, demasiado confiado y perdió el cuero. Intervino Márquez con el pecho y tocó para la salida de Henry, imparable en el desmarque, excelente en el control orientado y definitivo en el mano a mano con el portero después que Boumsong no supiera achicar el espacio. Un tanto precioso que desencadenó la goleada. Repitió acto seguido Henry después de una corta asistencia de Xavi. Apareció después Messi con una jugada marca de la casa tras apoyarse en Eto'o. Y finalmente el propio camerunés se reencontró con el gol después de un quiebro solemne ante Cris.

La profundidad de Henry, la habilidad de Messi y la pegada de Eto'o mezclaron con la vulnerabilidad de los centrales del Olympique de Lyon, pesados, vulnerables y con poco sentido táctico. La pesadez francesa contrastó con la rapidez del Barça. Jugaban de nuevo los azulgrana a la velocidad de la luz, física y mentalmente, dinámicos y precisos, siempre bien puestos. Hasta que concedieron el gol de rigor a la salida de un córner, momento que aprovecharon los muchachos de Puel para subrayar las deficiencias barcelonistas cuando no tienen la pelota y reculan hasta su cancha. El segundo llegó poco después del primero y el encuentro recuperó un interés insospechado porque las ocasiones se alternaron en las dos porterías al punto que por momentos pareció que volvía a escena el partido del Calderón.

Jugaba muy fuerte el Lyon, mejor armado con la salida de Bodmer, y se fracturaba el Barcelona, víctima de un ataque de ansiedad, falto de trazo, excesivamente liviano y fràgil. El desgobierno sólo favorecia a los franceses. A los azulgrana les llevó un buen rato recuperar el juego de posición y la autoridad futbolística. El desgaste francés y la rueda de cambios le ayudaron y al final tuvo tiempo incluso de rematar la victoria con un tanto de Keita. El mejor colofón para un equipo encantador por transparente en las áreas. No tiene trampa.

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