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Jofresa gana a Sabonis

Los hijos de cuatro históricos jugadores disputan la Minicopa

El parqué del Magariños temblaba. El ritmo de una canción de James Brown se mezclaba con el entrenamiento de los jugadores en pista. Acabado el calentamiento la megafonía menciona a los 24 contendientes del Joventut y Unicaja. Entre todos, dos nombres que rememoran el pasado reciente de la ACB: Jofresa y Sabonis. No se trata ni de Rafa ni de Arvydas, sino de sus hijos, David y Domantas, que desde hoy y hasta el domingo juegan la Minicopa del Rey de baloncesto, torneo en que mide a las ocho canteras de los equipos clasificados para el torneo senior.

La pureza del baloncesto y la competición como aprendizaje son la clave de este torneo. Eso creen el ex seleccionador nacional Pepu Hernández y Juan Antonio San Epifanio, Epi, presentes en el Magariños siguiendo la primera jornada. O Esteve Rubio, padre de Ricky Rubio (MVP de la Minicopa de 2004), quien cree que es en estas edades cuando los chicos juegan simplemente por pasión por el deporte. "Luego pasan a ser profesionales y hay muchos intereses". Epi va más allá: "Lo importante es que aprendan a jugar individual, pero también en equipo, a tener una disciplina, que aprendan a ser deportistas".

David Jofresa y Domantas Sabonis no son los únicos jugadores de renombre. El Estudiantes cuenta con Gonzalo Orenga y Lucas Antúnez, hijos de Juan Antonio Orenga y José Miguel Antúnez. Son sólo parte de los 96 jugadores de entre 13 y 14 años que disputan esta Copa y sus cuatro apellidos evocan grandes momentos. Una duda surge cuando se habla de formación en los jóvenes deportistas, pero ¿portar esos apellidos puede ser una presión añadida? Para Pepu, no. "Los jugadores en esta y en cualquier edad no deben de sentir más presión que la que su equipo, o su mente, genera", explica. "Lo demás es ilusión para que las cosas salgan bien". Epi discrepa: "Sí. Sin duda les puede afectar, porque siempre van a ser juzgados por los rivales, por los compañeros y por quien rodea al equipo". La principal ventaja estaría en la experiencia: "Tener un padre con conocimientos, siempre que el hijo quiera que se los aplique, es un plus. Los padres que han sido profesionales les pueden ayudar a ver el baloncesto de una manera más directa".

Una vez en cancha se ve que el apellido no pesa. Pesa la aptitud y la actitud. Algo que, pese a su edad, muchos ya tienen. Como el base del Joventut Xavier Assalit, que pese a su estatura (1,63 metros) no rehuye adentrarse entre los pívots con tal de entrar a canasta. Como el escolta Alberto de Miguel, del Real Madrid, que se juega los tiros de su equipo, casi siempre con acierto. O como Alberto Santos, alero del Kalise, que lo bordó con sus 23 puntos. ¿Y los hijos de las leyendas? Destacó el desparpajo de Jofresa, en la victoria ante el Unicaja de Sabonis. Orenga, Antúnez y el propio Sabonis estuvieron más discretos. Pero, jueguen como jueguen, como diría Juan Orenga, hay que aplaudirlos.

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