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AUTOMOVILISMO | FÓRMULA UNO

La noche más mágica de Fernando Alonso

Fernando Alonso consigue su primera victoria del año en una carrera revolucionada tras el accidente de Piquet

No pudo haber un mejor estreno. Fernando Alonso abrió la historia del circuito de Singapur con una victoria tan loca como brillante en la que la fortuna jugó un papel crucial para definir el primer podio del asturiano esta temporada. El trazado urbano y nocturno de Marina Bay cumplió el sueño más inesperado de Renault, ver a su piloto en lo más alto del cajón. No faltaron incidentes. Estaban reservados para el último momento, cuando los nervios más a flor de piel estaban por un Mundial que empieza teñirse de color británico a falta de tres citas. El accidente de Piquet convulsionó el Gran Premio y transformó la carrera, relanzó a su compañero y poco a poco, con los dedos cruzados, Alonso caminó hasta meta para demostrar que lo más impredecible es posible en la Fórmula Uno.

Sólo Fernando y Kubica pusieron emoción a la salida. La buena tracción de los Ferrari no dejó lugar a los adelantamientos y mientras el trío de cabeza se mantenía sin cambios, el asturiano inició el ataque desde la decimoquinta posición, apurando la frenada y saltándose la primera chicane. Coulthard, Webber y Button fueron sus víctimas, y desde la duodécima plaza insistió en una carrera monótona hasta que Nelsinho Piquet inició la revolución. Lo demás fue cuestión de suerte. Sin duda, Singapur guardaba sorpresas. En la vuelta 14, el compañero de filas del español patinaba hasta estrellarse contra el muro y obligaba al safety car a hacer su primera aparición del fin de semana, pero Alonso ya había realizado su primera parada en boxes.

Con el paddock cerrado por la presencia del coche de seguridad en pista y todos los 'grandes' descargados de combustible, la misma fortuna que ayer arruinó la calificación a Fernando le premió con la quinta posición. Los adelantamientos estaban prohibidos y el asturiano, aprovechando que sus rivales tenían que cargar gasolina, comenzó a escalar puestos uno a uno hasta colocarse quinto. Rosberg, Trulli, Fisichella y Kubica pasaron a liderar la comitiva, pero el de Williams tenía pendiente una sanción, los dos italianos una entrada a repostar y el polaco una penalización de un stop and go de diez segundos que cumplir.

La ruina golpeó esta vez a Felipe Massa. El brasileño apuró su depósito de gasolina para no ser sancionado y cuando le tocó su turno, el equipo arruinó todas sus opciones. El semáforo que Ferrari utiliza para indicar el regreso a pista se puso verde cuando el mecánico encargado de la gasolina todavía no había extraído la manguera y Massa arrancó con tal mala suerte que arrancó parte del sistema de repostaje. El rostro del brasileño al final del pit-lane parado y con el tubo colgando de su depósito era reflejo de su agonía. Cualquier error a estas alturas puede acabar con sus opciones al título. Sólo al final podrá decirse si Singapur fue la clave que decidió el Mundial.

Poco a poco, las aguas volvieron a su cauce. La entrada de Trulli a repostar dejó a Fernando Alonso comandando la carrera por primera vez desde el Gran Premio de Brasil del año pasado con la amenaza de Rosberg, Coulthard y Hamilton en su retrovisor y el hándicap de un circuito enlatado en el que adelantar a un piloto se considera casi una heroicidad y donde la potencia de los motores no es tan importante como la pericia de los pilotos.

Singapur traía dos carreras. Una, la de Alonso; otra, la de Hamilton. El británico, cuarto, apenas presionó a David Coulthard y completó su actuación con la calculadora en la mano, sonriendo bajo el casco por un futuro que ahora se pintaba mejor. Con su principal rival por el título en decimosexta posición, la presión se limitaba a mantener su coche en pista y esperar a que el devenir le colocara en el podio. El ex compañero del asturiano sobrepasó al escocés antes de su última carga de combustible y ya pisaba el cajón. Todo salía a la perfección. El ritmo del Renault estaba a la altura y la destreza de Alonso era impecable.

Al final, nuevo coche de seguridad y más accidentes. Las esperanzas de Vettel y Kimi Raikkonen acabaron estrelladas contra el muro mientras la carrera volvía a ser una procesión. No peligró la victoria ni el segundo cajón de Rosberg. Los muros ya apenas se rozaban y la locura se desataba dentro y fuera de la pista. El box de Renault era una fiesta y Alonso gritaba de júbilo metido en su monoplaza mientras hacía 'pajaritos' con las manos. Himno español para la primera victoria de Alonso en el primer Gran Premio de la historia de Singapur. El mejor regalo para una temporada aciaga.

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