Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
ITALIA 2 - FRANCIA 0

Italia, siempre Italia

El equipo de Donadoni aprovecha dos jugadas a balón parado ante Francia y será el rival español

La irreducible Italia, la Italia de casi toda la vida, resucitó por enésima vez y ya tiene cita con España en Viena. Un alta dosis de energía y mayor decisión de principio a fin le permitió desterrar a Francia, un selección sin brújula desde hace tiempo que ayer cerró el ciclo más brillante de su historia, la caducidad de una generación de innegable prosapia que se ha perpetuado en exceso. Italia, a su estilo, mostró una gran vocación y rentabilizó a balón parado dos patinazos de su adversario: un penalti con expulsión de Abidal y una falta lanzada por De Rossi que Henry desvió a la red. Con ventaja, el equipo de Donadoni logró que el tiempo menguara su destino triunfalista. No le hizo falta más que mantener el pulso frente a un rival pálido y destartalado antes y después de quedarse con diez jugadores. En el barbecho, nadie se maneja como el regimiento italiano.

Los primeros pasos del partido pusieron de relieve la tortuosa jornada que esperaba a Abidal y Gallas, los centrales franceses. Cada pelotazo a Toni era un suplicio para Francia. Bastaba que Pirlo se activara para que Italia deshilachara a su rival, confuso desde el inicio del torneo, incapaz de dar con el molde preciso. Su seleccionador en nada le ha ayudado. Nada peor que un técnico al que le da un ataque de entrenador. Lo padeció Domenech, ese catalán afrancesado con aire de cicuta, que convirtió a un vulgar lateral en un mal central postizo. Abidal se enredó en cada pase frontal a Toni y en medio del calvario acabó por darle un estacazo cuando el italiano enfilaba hacia Coupet tras un estupendo servicio de Pirlo. Un desatino de doble valor para Italia: penalti y expulsión. Anotó Pirlo y Domenech, empeñado en destrozar su escasa reputación, sufrió otro cortocircuito: retiró a Nasri, relevo de Ribéry minutos antes, el único con destreza en el medio campo, y reconstruyó la trinchera con Boumsong. Francia no tenía más remedio que apelar a la épica, que mirar al frente, pero su seleccionador es más proclive al fútbol vitamínico, incluso cuando su equipo está en el alambre.

Accidentado Ribéry, Francia, a la que no le sobra ingenio, quedó supeditada a la inspiración de sus dos puntas, Henry y Benzema. El primero juega con un desdén que delata que la memoria es su razón de ser. No hay huellas del virtuosismo que le encumbró en el Arsenal. Su sucesor, Benzema, es víctima de la confusa transición francesa. Llegó a la Eurocopa destinado a la gran pasarela, pero el torneo le ha resultado un tormento. El chico no sabe cuál es su papel dentro de una selección dominada por los viejos jerarcas. Domenech, que le dejó con el carro del pescado ante Holanda, tampoco le ha conducido con mimo.

Aupada por el gol de Pirlo y con la corneta de Gattuso, Italia sometió a Francia siempre por la misma vía, de forma frontal, con Toni como diana de todos. El delantero del Bayern falló unos cuantos remates ante Coupet por lo que su equipo tuvo que remar más de la cuenta, inquieto por un marcador corto y porque no llegaban noticias de Holanda. El partido subió de voltaje y lo pagó Pirlo, que vio una tarjeta por una entrada a Benzema cuando Perrotta estaba caído en el área francesa. Un castigo que condicionó al propio Pirlo y alivió a España, que se medirá a los italianos sin su faro principal. Poco después, Michel, el árbitro eslovaco, detuvo el juego con Evra lastimado sobre la hierba. Antojos arbitrales.

Con Francia a la intemperie, rebajada y sin otro recurso que alguna laberíntica arrancada de Benzema, el cuadro de Donadoni se volvió más conservador y dio un paso atrás. Holanda ya ganaba e Italia padeció el mal italiano. Se empecinó en regatear al tiempo lo más cerca posible de su portero, una invitación que Francia no aprovechó, salvo un remate final de Benzema al que respondió con reflejos Buffon. Para entonces Italia había elevado el marcador con un lanzamiento frontal y lejano de De Rossi que Henry convirtió en siniestro total para Francia. Italia, tras un arranque de torneo tan bacheado, había resuelto la ecuación. Condenada como parecía estar, se abrió paso entre las cenizas. Se dirá que por competitividad y se apelará al gen italiano, pero seguramente no tendría calculado desde su concentración previa que Holanda tumbaría a Rumania. Pero ya se sabe, en el psicodrama, nadie como Italia, que en cada fase del torneo resultará más peligrosa. Ya tiene a España a la vista.

Puedes seguir Deportes de EL PAÍS en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.