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Crónica:Séptima jornada de Liga | FÚTBOL

Riazor, terreno prohibido

El Atlético lleva once años sin ganar en Riazor y aunque tuvo la oportunidad en esta ocasión de poder al menos puntuar, el Deportivo logró una ajustada victoria que le coloca en puestos de Liga de Campeones y de deja fuera de los mismos a los de Aguirre

Primer partido del Atlético después de la fatídica semana en la que le cortaron las alas para seis meses; Martin Petrov y Maxi Rodríguez, dos jugadores muy importantes, de los que resultan determinantes, muy difíciles de suplir. Y Riazor no parecía un buen escenario para este nuevo Atlético sin bandas, un lugar donde ha cosechado cinco derrotas consecutivas y donde no ha conseguido ganar en los últimos once años.

Se disiparon los miedos a las bajas y a las estadísticas tan pronto comenzó a correr la pelota, porque el Atlético arrancó superior, dominando a un Depor dormido, encerrado, atolondrado en su terreno. Un remate de cabeza de Mista y un enorme zapatazo de Galletti (muy parecido al que terminó en gol en aquella final de Copa ante el Madrid) reflejaban la situación; el Atlético dando y el Depor, encajando.

O se dejaba dominar el Depor o realmente no sabía como atravesar el centro del campo atlético. Parecían sonados los jugadores de Caparrós. Pero llegó la lluvia, y la lesión de Mista, con rotura fibrilar, y el juego de los de Aguirre se apagaba a medida de que el aguacero se hacía más intenso. El Kun Agüero, con sus guantes mágicos, ya estaba en el campo a los veinte minutos.

Despertaba el Depor poco a poco y se desvanecía el prometedor juego del Atlético de Madrid. Riki tuvo la primera buena ocasión de los gallegos (a la media hora) con un excelente y durísimo disparo lejano, pero a pesar de la mejora deportivista, el partido entró en un fase de predominio de la pizarra, esto es, los jugadores aplicados al trabajo encomendado por su preparador. Sólo Luccin, en un buen saque de falta, hizo algo para cambiar el soso devenir del encuentro.

Batalla táctica

Comenzó la segunda mitad como un calco de la Primera; el Atleti al ataque y el Depor, encomiado a Dudú Aouate, que evitó el gol en un mano a mano con Fernando Torres, que parece incapaz esta temporada de finiquitar las jugadas. Un detalle de Agüero terminó con el buen inicio del cuadro rojiblanco, que regresó, como los blanquiazules, al campo de batalla diseñado por Aguirre y Caparrós.

Nada que reprochar al esfuerzo de los jugadores bajo la lluvia, sólo que parecían demasiado pendientes de las órdenes de sus técnicos y el fútbol se estaba dirimiendo entre la obediencia ciega de los imberbes pupilos de Caparrós, apenas unos adolescentes, y la experiencia y el autocontrol de los del técnico mexicano.

Pero el fútbol es prácticamente imposible de dominar, de controlar, y Arizmendi, el nuevo ídolo de Riazor, cabeceó a gol una falta botada por Verdú desde la izquierda cuando nadie lo esperaba; un gol raro, marcado de espaldas a la portería, sin que existiese peligro claro o situación de emergencia en el área atlética.

Tenía que cambiar el panorama, al menos el planteamiento, no podía marcharse otra vez el Atlético sin al menos puntuar. Cierto que los del Calderón cambiaron de actitud y se fueron arriba, y que una jugada entre Agüero y Torres pudo traer el empate, pero pasaban los minutos y no parecía el Deportivo pasar demasiadas angustias.

Es más, los gallegos intentaron no ceder terreno y procuraron llegar hasta el área de Leo Franco a través de jugadas a balón parado y pases largos a Arizmendi y Riki.

No pudo el Atlético remontar, ni siquiera empatar, y puede que un empate hubiera sido el resultado más justo, pero en Riazor, y ya van once años sin ganar, sigue siendo terreno prohibido, una verdadera maldición.

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