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Crónica:Alemania 2006 | Cuartos de final | Brasil 0 - Francia 1

'O Rei' Zidane

Zinedine Zidane, con una memorable exhibición de fútbol, enseñó el camino de la victoria a Francia, que realizó un gran partido y fue claramente superior a Brasil

Ni Ronaldinho, ni Ronaldo, ni Kaká; la estrella fue Zidane, autor de un partido extrordinario que coloca a la selección francesa en las semifinales y deja fuera del Mundial a los grandes favoritos. Aunque comenzó Zidane, tantas veces jubilado, con una jugada preciosa marca de la casa en el círculo central, el duelo entre las dos últimas campeonas del mundo arrancó en terreno francés, con dominio brasileño, con los puntas de Parreira jugando muy cerca de Barthez.

Tenía Brasil pareja nueva en la cocina, Juninho Pernambucano y Gilberto Silva, los mismos que llevaron la manija en el mejor partido disputado por los amarillos en la primera fase, contra Japón. Por otra parte, Adriano se había quedado fuera, lo que situaba a Ronaldinho mucho más cerca de Ronaldo.

Duró poco ese intenso despegar brasilero, y no porque aflojasen las estrellas cariocas, más bien porque Francia quiso entrar también en el juego del toma y daca y luchó por hacerse con su trocito de posesión, tanto, que pasados veinte minutos el dominio ya correspondía a los chicos de Zidane y Doménech. Tenía que controlar el juego Francia si quería tener posibilidades en el partido y poco a poco, estaba consiguiendo su objetivo.

Temía Parreira un partido lento, jugado con motor diesel por los galos, que saben calcular muy bien los riesgos y empujan a los cerebros contrarios lejos de su portería; tal y como hicieron con Cesc, Xabi Alonso y Xavi Hernández. Así, los miedos del técnico brasileño estaban tomando cuerpo real sobre el césped del estadio de Frankfurt y la muestra más clara del éxito de la estrategia francesa era la inactividad de Barthez, que disfrutó de una primera mitad plácida y tranquila

Se le estaba atragantando el partido a Brasil, y al borde del descanso, Zidane, en otra jugada exquisita, calco de esa primera del inicio, dejó una serie de bicicletas y amagos que remató con un pase en profundidad para Vieira, que llegaba como un tren y al que Juan tuvo que mandar al suelo. Esa jugada desembocó en dos faltas directas consecutivas (con amarillas a Juan y a Ronaldo) justo al borde del área, que no lograron convertir los lanzadores franceses pero que dejaban una sensación de superioridad del cuadro del gallo. Brasil, estaba contra las cuerdas.

Gran Zidane, gran Henry, gran Francia

Zizou, inspiradísimo, salió de la caseta sintiéndose bien, seguro, a gusto, y en su primer contacto con el balón dibujó una preciosa una rosca que remató Vieira de cabeza estorbando a Henry, sólo tras él. Parecía una señal. Porque además, Henry, también parecía enchufado; no temía el uno contra uno y ganaba en velocidad a cualquier defensa brasileño, incluido Cafú.

Parecía difícil que el dominio de Francia no acabase teniendo dividendos, porque era claro y rotundo, aunque en este Mundial la tanda de penaltis está teniendo demasiado protagonismo. Sin embargo, Zidane, O Rei Zidane, al que Gilberto no podía sujetar, enganchó dos minutos mágicos; primero un sensacional sombrero a Ronaldo, y luego, estupendo lanzamiento de falta que Henry mandó a la red entrando sólo en el segundo palo. Gol de Francia, la Francia de Zizou.

Brasil echó mano de Adriano, Robinho y Cicinho, adelantó líneas, buscó, le dio vueltas, intentó encontrar la manera de hincarle el diente al sistema defensivo dispuesto por Doménech, pero Francia marchaba imponente al son que marcaba Zidane, que regó el partido de sombreros, recortes, amagos y roulottes y lideró a sus compañeros hacia la victoria.

Francia, a pesar de la inapelable exhibición de su número 10, también estaba realizando un espléndido encuentro en defensa, con Gallas, Abidal, Thuram y Sagnol, insuperables. Pero si hay que destacar a un jugador por encima del resto, junto a Zidane, ese es Vieira, sencillamente espectacular, un verdadero seguro de vida para cualquier caso.

Francia, con Zidane de Mariscal, a semifinales. Brasil, a casa después de un Mundial para olvidar.

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