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Crónica:FÚTBOL | Liga de Campeones: última jornada de la primera fase

La noche más hermosa del Villarreal

Un gol de Guayre ante el Lille clasifica al conjunto de Pellegrini por primera vez entre los 16 mejores de Europa

Caprichoso como es el fútbol, hubo de ser casi un outsider en el Villarreal, el delantero canario Guayre, quien le diera las llaves del cielo europeo. Puesto que apenas cuenta para Pellegrini, Guayre ya ha dicho que quiere irse en diciembre y el club ha impedido que juegue los cinco partidos en Liga que impedirían su marcha.

Caprichoso como es el fútbol, hubo de ser casi un outsider en el Villarreal, el delantero canario Guayre, quien le diera las llaves del cielo europeo. Puesto que apenas cuenta para Pellegrini, Guayre ya ha dicho que quiere irse en diciembre y el club ha impedido que juegue los cinco partidos en Liga que impedirían su marcha. Lo ha tasado barato: un millón de euros. Pero a Pellegrini le sobra astucia y ayer pensó que, ante la opacidad de José Mari, sería bienvenida la frescura de Guayre. Como también resultó después de que el joven Héctor Font le enviara un delicioso pase interior. El pase para la gloria, pues eso es para el modesto Villarreal estar entre los 16 nobles de Europa después de haber superado un grupo poderosísimo en el que el Manchester ha quedado en la cuneta.

En realidad fue Font, un chico de la casa, un humilde vecino de este pueblo de 45.000 habitantes, quien le cambió la cara a su equipo cuando entró en el minuto 35 por el lesionado Sorín. Le devolvió la esencia, el toque que había perdido tras las secuelas en el alma amarilla que había dejado el paso del Barça por El Madrigal. Borró una primera parte impropia de un conjunto tan aseado con la pelota. Recuperó sus orígenes para entrar en la historia.

Porque antes, el Lille había aprendido la lección del Barça y presionó a la defensa de Pellegrini cuando ésta trataba de sacar el balón jugado. Con parecidas consecuencias. Ausente la técnica de Quique Álvarez, el Villarreal carece de una salida limpia de la pelota. En la Liga española nadie, salvo el Barcelona, se había dado cuenta. Pero el conjunto francés sí. Le invitó al pelotazo y llegaron las piedras de Peña, por ejemplo. El centro del campo amarillo, de pronto, había perdido el control que le caracterizaba, en apenas tres días. La esencia de su juego. No tejía sino que se deshilachaba con un fútbol directo, de pases largos e imprecisos con ventaja para los defensores. Con Senna, recién convocado por Aragonés, a la cabeza de las imprecisiones. El cuadro de Pellegrini jugó esta primera parte tan mal como el día del Barça, pero con la gran diferencia de que los chicos del Lille no eran ni por asomo las figuras azulgranas. Y la con mejora que suponía la entrada en la alineación de Forlán. Al contrario que Lucho Figueroa, el delantero uruguayo oxigena a su medio del campo. Baja a recibir, toca e, inmediatamente, busca el desmarque. Claro que ayer, consciente de la necesidad de su disparo, remató desde cualquier parte, precipitadamente en la mayoría de casos.

La lesión de Sorín propició que Héctor Font, su sustituto, ocupara la media punta y que Riquelme se desplazara a la izquierda, de falso interior zurdo. Font, además, permitía más posibilidades de conservar el balón al tratarse de un mediocampista más de toque que Sorín. En este sentido, sí hubo una ganancia muy evidente, ya que Font trenzó un par de triangulaciones que, dada la carestía de la noche, se antojaron mucho. En una de ellas, el joven volante remató alto tras un pase de Riquelme y se quedó mirando al argentino esperando la aprobación del jefe. Que no llegó. No es ni mucho menos Riquelme el tipo de as generoso que representa Ronaldinho. Y mucho menos ayer, con el enfado acumulado de dos partidos en los que de ninguna manera le salía su juego de salón.

El segundo tiempo comenzó a golpe de contragolpe, con la pelota viajando de una portería a otra, con las emociones desbocadas. Font asumió el arranque de las jugadas de su equipo mientras que, atrás, Gonzalo Rodríguez ejerció la defensa amarilla al filo de la navaja, apareciendo justo en el último momento. El encuentro siguió desmadejado y El Madrigal se sintió toda la noche en el alambre. Observando cómo Senna, uno de sus jugadores más fiables, encadenaba un error tras otro sin que su sustituto natural, Tacchinardi, lesionado, pudiera reemplazarlo. Es uno de los grandes problemas que afronta Pellegrini: la poca densidad de su banquillo.

En un partido tan dividido, decidió la lucidez de Font. La claridad para ver el pase interior a Guayre, que esperaba en el extremo derecho. El envío fue tan preciso de ubicación y potencia que el control orientado de Guayre fue un regate al portero Sylva. Y un gol, por tanto, ante la puerta vacía. El tanto que permitía al Villarreal arañar una muesca más en su camino hacia el cielo. A pesar de que Mirallas pusiera a prueba a Viera y al larguero en el suspiro final del combinado francés. La suerte estaba echada. El Villarreal disfrutó de su noche más hermosa.

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