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Crónica:

A un centímetro de otro éxito

El Villarreal sofoca al Manchester y le basta un empate en la última jornada para clasificarse

Dos goles y cuatro empates en cinco partidos le han bastado al Villarreal para asomarse a la última jornada con todo a favor para dar otro gran salto en su meteórica carrera. Un empate en El Madrigal ante el Lille llevaría al conjunto de Pellegrini a la segunda fase, toda una gesta para un club que debuta en la alta competición europea; un premio extraordinario para una entidad capaz de alumbrar un proyecto brillante en una ciudad sin grandes recursos potenciales. Una aventura soberbia para un equipo que ayer fue capaz de frenar al que hace un suspiro era la gran potencia mercantil del fútbol mundial.

La crecida del Villarreal es tan fulgurante que basta comprobar que en 1991, cuando el Manchester United, su rival de anoche, ganaba la Recopa al Barça, el club castellonense jugaba con sus vecinos de comarca. Y en el curso 1998-1999, culminado con la segunda Copa de Europa del United, el Villarreal se estrenaba en Primera División. Hoy, los tiempos han cambiado y, al menos en esta Copa Europa, el cuadro de Pellegrino tiene más futuro que el United, un club que definitivamente ha cerrado un ciclo.

Frente a un Villarreal sin Riquelme y Forlán, y apremiado por la clasificación, el Manchester apenas rugió la primera media hora y los últimos cinco minutos. Sofocados los dos arreones, el equipo castellonense mantuvo siempre el pulso al encuentro. Eso sí, con eficacia defensiva y sin dejar una muesca en ataque.

Lastimados Forlán y Riquelme, el Villarreal tuvo que cambiar de partitura. Si el uruguayo es el martillo, el argentino es el pastor de todo el equipo, el guía de una coral que sin él se siente en tinieblas. Obligado a mudar al equipo, Pellegrini apostó por Roger, que está en su pretemporada particular tras una larga lesión. Clavado por delante de Tacchinardi, el elegante zurdo catalán apenas tuvo presencia en el juego, y el Villarreal bien que lo padeció.

Se sintió partido por el eje, acorralado ante la imposibilidad de trenzar el juego con un par de pases. Aislado Roger, el United, con sus centrales muy avanzados, arrinconó al equipo castellonense, rezagado en su propio campo desde el comienzo. Un inicio fulgurante por parte de los ingleses, que abrieron el telón con un extraordinario sombrero de Rooney a Gonzalo que a punto estuvo de dar ventaja al Manchester en el primer minuto. Y no fue la primera de Rooney, ese diablillo con fachada de boxeador tan reputado por sus prestaciones deportivas como demonizado por su querencia al matonismo. Es un saco de malas pulgas con un potente tren inferior que le permite una velocidad de reacción insuperable para la mayoría. Además tiene pegada y, chico listo él, ha descubierto que la mejor forma de ganarse el podio de las grandes estrellas es asociarse con Scholes, el otro rechoncho del equipo. Scholes es el centrocampista inglés que mejor entiende el juego y Rooney lleva camino de ser un gran delantero. Uno y otro tejieron lo mejor del United. En realidad, junto a Van Nistelrooy, del que siempre cabe esperar que emboque, Scholes y Rooney es la única semilla que queda por Old Trafford en estos tiempos de decadencia del fergusonismo.

Expuesto a cualquier trastada del dúo estelar del Manchester, el Villarreal se encomendó a sus defensas. En ataque no tuvo discurso: José Mari y Figueroa ni se encontraron. Un desencuentro fatal para los castellonenses, porque O'Shea, Silvestre y demás defensas del United son igual que estalactitas. Sin la pelota a la vista y sin hilo para asustar al rival, Senna, Tacchinardi y Sorín fueron en auxilio de Barbosa. El italiano, esculpido en mil batallas semejantes con el Juventus, se encargó de forrar los tobillos de Scholes, al que hizo desconectarse del partido con un par de triquiñuelas durante el segundo tiempo.

Para entonces el cuadro local ya estaba fundido, sin pilas desde finales del primer acto. Sin Scholes se perdió Rooney, y sin uno y otro el United es puro barbecho. Un mal sueño para una hinchada que se ha visto obligada a rebajar el debate: vista la hegemonía local del Chelsea y la escasa competitividad en Europa, hoy la fiel afición del Manchester discute sobre cosas menores, como por ejemplo qué jugador debe llevar el brazalete en sustitución del despedido Keane. Hoy nada despierta mayor curiosidad en Old Trafford, donde espera una larga travesía. Lo contrario que en Villarreal, donde la historia no ha hecho más que empezar.

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