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Crónica:FÚTBOL | 11ª jornada de Liga

El Real Madrid se da un festín

Ronaldo y Zidane lideran un noche fabulosa ante un débil y entregado Albacete

Todas las estrellas del Real Madrid, excepto David Beckam, se sumaron esta noche en el Bernabéu a un festín de goles -seis- ante un Albacete rendido a la galaxia blanca, que pareció desempolvar sus mejores regates, acrobacias, cambios de ritmo y galopadas, escondidos desde hace algún tiempo en el baúl de los recuerdos.

La excitación e inspiración con la que salió al campo Ronaldo, autor del primer gol a los pocos minutos de juego, se contagió rápidamente al resto del equipo. Pero el Albacete dio sintomas de encajar bien el golpe con un empate a base de fuerza y tesón, en el primer tramo de la primera parte. Una jugada fea que evidenció las lagunas de la defensa blanca la transformó en gol Francisco.

Poco duraron las tablas en el marcador porque Zidane se enchufó a la fiesta enseguida, y de sus botas salió el segundo tanto, un magnífico zapatazo cruzado desde la esquina izquierda del área, y el tercero, un pase magistral a la cabeza de Raúl, que tan sólo tuvo que empujar -eso sí, con mucho tino- el esférico a las mallas de la portería del Albacete.

Samuel, el defensa argentino apodado el Muro durante su andadura por el Calcio, se valió de una excelente asistencia de Beckham, que volvía al once de gala tras una lesión de un mes, para subir el cuarto al marcador. La grada se frotaba los ojos y trataba de digerir su incredulidad ante tanta efectividad cara al gol después de una decena de partidos ligueros en los que la sequía había agrietado las botas de la delantera del Madrid, que hasta hoy exhibía una media ramplona de gol por partido.

La goleada desangraba irremediablemente al Albacete, que asistía como un mero espectador a una auténtica exhibición malabar de los jugadores del Real Madrid, que nunca antes este año se habían sentido tan galácticos. Uno de ellos, según Florentino al menos, es el británico Owen, que aprovechó los minutos que le brindó García Remón para marcar el quinto y seguir sumando galones en el aristocrático vestuario blanco. Antes de ceder el testigo a Owen, Figo animó el cotarro a base de bien. En casi todas las ocasiones aparecía por algún lado el portugués, que mostró su mejor versión, como casi todos sus compañeros, en la noche de hoy. Una jugada personal estuvo a punto de entronarle. Un sprint desde casi la mitad de campo le plantó en la boca del área defendida por el Albacete, donde sólo un hombre esperaba su regate, que, efectivamente, brotó de sus pies con una naturalidad pasmosa. La salida del portero la sorteó con una sutil vaselina que, lástima para él, se estrelló en uno de los palos. El rechace no fue aprovechado por Zidane, que picó la pelota sin acierto. Nada que reprocharle al francés, ya antes se había ganado el cielo de la hinchada blanca.

El sexto mazazo a la moral albaceteña lo asestó Ronaldo, inventor de una jugada en el corazón del área manchega repleta de regates y amagos que finiquitó con un zarpazo tremendo, que entró como un obús en la portería defendida por Óscar Montiel. Con el pitido final, Florentino esbozaba una media sonrisa en el palco. Y es que las cuentas comienzan a salir en la Casa Blanca, que ha dejado de mirar de reojo, como con complejo, a la armada invencible blaugrana, para afrontar el partido de la próxima semana en Barcelona con cierta confianza. Eso sí, a nadie en el Madrid le amarga un dulce y si el Betis echa esta noche una manita...pues mucho mejor.

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