EN POCAS PALABRAS

Valeria Luiselli: “Entendí a Stendhal frente a Ruben Darío”

Diez años después de su publicación, la escritora reedita su primer libro, 'Papeles falsos'

Valeria Luiselli, vista por Setanta.
Valeria Luiselli, vista por Setanta.

Diez años después de su publicación, Valeria Luiselli (Ciudad de México, 1983) reedita su primer libro, Papeles falsos (Sexto Piso), un compendio de ensayos narrativos que parece contener el código fuente de su obra posterior.

¿Cómo ha envejecido su libro desde que lo publicó?

Sospecho que la que envejeció fui yo, no el libro.

¿En qué ha cambiado como escritora?

Una escribe su primer libro sin saber si lo va a poder publicar —sin saber siquiera si lo va a lograr terminar—. Por ese mismo motivo, quizá, la experiencia de escritura es mucho más ligera, juguetona, irresponsable, más caótica, de la mejor manera posible. Creo que, desde entonces, he pasado el resto de mi vida buscando las sensaciones que descubrí durante ese primer proceso de escritura. Todavía no lo logro, pero cuando sea tan sabia y elegante como Margo Glantz, lo lograré.

¿Y en qué ha cambiado el mundo desde aquel lejano 2010?

Mi impresión es que en estos 10 años el mundo ha cambiado más que en todos los anteriores en que he estado viva. Y sospecho que esta sensación la comparto no sólo con mi generación, sino con las mayores también.

¿Tiene costumbre de vagar por cementerios, como en el ensayo que abre el libro?

No tanto en Nueva York, donde los cementerios son una réplica en miniatura del downtown: deprimentísimos.

La figura de Brodsky es algo parecido a un leit motiv. ¿Por qué él?

Siempre leo y releo a Brodsky. Me parece uno de los ensayistas más lúcidos, divertidos y agudos del siglo pasado.

Dedicó un ensayo a la indescriptible saudade portuguesa. ¿Es un sentimiento que le resulta familiar?

Irreparablemente.

En porcentajes, ¿cuánto de ficción y cuánto de documento hay en sus libros?

Un 100% y un 100%.

¿Qué libro tiene ahora en su mesilla de noche?

Hay una torre, que de tanto en tanto se cae al piso. El de hasta arriba es Stakes is High, de Mychal Denzel Smith.

¿Un libro que no pudiera terminar?

Hay muchos, y no me enorgullece.

¿En qué película se quedaría a vivir?

En ninguna, sería terrorífico.

¿Qué canción o tema musical elegiría como autorretrato?

Es este momento particular, Bewitched, Bothered and Bewildered, en versión de Ella Fitzgerald.

¿Qué disco ha escuchado más veces en su vida?

Las Metamorfosis, de Philip Glass.

¿Qué representación teatral le ha marcado más?

Una versión de Antígona, de Satoshi Miyagi, en la tradición del teatro noh, montada sobre un espejo de agua en el Park Armory.

¿Frente a qué obra de arte entendió a Stendhal?

Frente a Rubén Darío. Pero no creo entender del todo a Stendhal.

¿A qué fotógrafo coleccionaría?

Tal vez a Sally Mann o a Dorothea Lange.

¿Qué trabajo no aceptaría jamás?

Uno para el cual no estuviera calificada y que con ello afectara las vidas de otras personas. Es decir, el 99,9% de los trabajos.

¿Qué está socialmente sobrevalorado?

Las redes sociales, a las que somos tan adictos. Hay que leer La era del capitalismo de la vigilancia o, por lo menos, ver el documental El dilema de las redes sociales, y luego borrar todas nuestras redes sociales. Yo aún no lo logro, pero juro que este año voy a volver a hacer el intento.

¿A quién daría el Nobel de Literatura?

A Anne Carson.

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