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Seis discos de la semana: del ‘country’ alternativo al jazz progresivo

‘Babelia’ analiza esta semana álbumes de Terry Allen, A Girl Called Eddy, Jeff Parker, Pinegrove, Isabelle Faust y dos recopilatorios de música africana

Terry Allen, en un festival en Palomino (California) en 2017.
Terry Allen, en un festival en Palomino (California) en 2017. Getty Images

Renacentista de culto

Por Ramón Fernández Escobar

Seis discos de la semana: del ‘country’ alternativo al jazz progresivo

Just Like Moby Dick. Terry Allen. Paradise of Bachelors / Popstock!

¿Cuántos artistas plásticos ven su obra expuesta en el Met o el MoMA y son a la vez héroes del country? Habrá dificultades para encontrar alguno que no se llame Terry Allen. Y aunque él ironice sobre cualquier etiqueta atribuida a su música, colabore con David Byrne o componga para un ballet (en marzo se publica por primera vez en vinilo Pedal Steal, junto a cuatro sesiones de radio inéditas), sus raíces en la (iconoclasta) escena vaquera de Lubbock siempre afloran, sobre todo, en los extraordinarios discos de canciones que el texano dosifica sin piedad a los que le veneran.

Siete años han transcurrido desde Bottom Of The World hasta este Just Like Moby Dick, y aquel ya se había hecho esperar casi tres lustros. Para el nuevo advenimiento Allen opta por un gran angular si se compara el sonido, por ejemplo, con el minimalismo (piano y guitarra) que sostenía los estudios de caracteres de Juarez. Dicha ópera prima preludió en 1975 el luego llamado country alternativo, en el que Allen sigue ejerciendo de verso libre. El nuevo álbum entronca con su segundo trabajo, Lubbock (On Everything): allí debutó el espinazo de la Panhandle Mystery Band, presente ahora con nuevos miembros, pero siempre vertebrada por la pedal steel de Lloyd Maines y el fiddle de Richard Bowden, además del teclado de Allen. Y este produce junto al guitarrista Charlie Sexton, cuya extensa militancia entre los lugartenientes de Dylan redobla la sabiduría sonora del disco.

Just Like Moby Dick ofrece un tapiz donde el relator y retratista Allen demuestra la tersura de su verbo después de cinco décadas en activo. Sus letras conmueven, estremecen o provocan la risa, pero nunca se ponen de perfil. El texano afincado en Nuevo México zarpa dando un giro a la histórica cruzada de Houdini contra los espiritistas: al mago le angustia, en el fondo, desear creer en ellos. El ritmo se agita con la sátira sobre una supuesta epidemia de la sensación de abandono (‘Abandonitis’), mientras que la soledad hasta la muerte protagoniza ‘Death Of The Last Stripper’, coescrita con Jo Harvey Allen (su pareja) y Dave Alvin, líder de The Blasters. Y uno aún no se ha recuperado de su desolador final cuando los escombros de cierta relación piden paso y devastan todo (‘All That’s Left Is Fare-Thee-Well’) salvo una rendija de esperanza. La misma que proyecta Allen en el cierre (‘Sailin’ On Through’) invitando a brindar mientras nuestra existencia dure y a proseguir con la navegación como el capitán que perseguía a la ballena.

Por primera vez, el también poeta y autor teatral cede las riendas vocales en varios cortes para el lucimiento de una nueva colaboradora, Shannon McNally, en solitario en dos casos y en otro a dúo con Sexton. En los demás, ella pone contrapunto bellísimo a la grave garganta del jefe, musite Allen determinada historia vampírica o practique el spoken word al concebir una ‘Pirate Jenny’ que no es la de Weill y ­Brecht. Y la violencia bucanera parece comedia al lado de la suite ‘American Childhood Trilogy’ donde el maestro lamenta el eterno retorno bélico, de la Guerra Fría a la de Afganistán.


Memorias de África

Por Javier Losilla

Seis discos de la semana: del ‘country’ alternativo al jazz progresivo

Kinshasa 1978. Originals and Reconstructions. Varios Artistas. Crammed Discs

Mogadisco. Dancing Mogadishu Somalia 1972-1991. Varios Artistas. Analog Africa

El mundo fue abducido por el relato punzante de ruido y distorsión de Konono Nº 1 en 2004 cuando la formación de Kinshasa publicó el disco Congotronics. Pero la aventura de los likembés (pianos de pulgar) amplificados rudimentariamente y las percusiones chatarreras de Konono había empezado años atrás. Antes incluso de que en 1978 Bernard Treson, productor de Radio France, grabase en directo a cuatro grupos de trance callejero. Parte de esos registros fueron editados en 1986 por el sello Ocora en el álbum Zaïre: Musiques Urbaines à Kinshasa. Ahí estaban Orchestre Sankaï, Orchestre Bambala, Orchestre Bana Luya y la entonces llamada Orchestre Tout Puissant Likembé Konono Nº 1.

Ahora, en el elepé Kinshasa 1978. Originals and Reconstructions, se recupera material inédito de las sesiones de Treson, con piezas de las mismas bandas: la música bazombo de Konono Nº 1, los ritmos luba de Orchestre Bana Luya, las agitaciones kasaian de Sankayi y el festín mbala, con el acordeón en primer plano, de Orchestre Bambala. Estos son los originales; las reconstrucciones, realizadas sobre otras creaciones de los mismos grupos, conforman un CD firmado por Martin Meissonnier, productor de todo un universo de estrellas africanas (de Fela Kuti a Ray Lema), quien ha remezclado las cintas primigenias llevando así el temblor del asfalto setentero a las pistas de baile del siglo XXI.

Seis discos de la semana: del ‘country’ alternativo al jazz progresivo

Y hablando de bailes: hubo un tiempo, entre los años setenta y los noventa del siglo XX, antes de la guerra civil, en el que la escena musical de la capital de Somalia era un hervidero en clubes, hoteles y bares. La memoria de esa época, extraída de los repletos archivos de Radio Mogadiscio, se recoge en el álbum Mogadisco. Dancing Mogadishu-Somalia 1972-1991. Combos como Dur-Dur Band, Mukhtar Ramadan Idii y Bakaka Band, entre otros, muestran aquí un abanico sonoro que enreda la música autóctona con el funk, el reggae (o el ritmo local dhaanto), el tarab, lo latino, el soul, el latido disco y los efluvios psicodélicos. Hoy Somalia es un polvorín, sinónimo de sufrimiento, inestabilidad y exilio, pero ayer, como quien dice, gozaba bajo el sol de la música.

 

El regreso de un 'instant classic'

Por Laura Fernández

Seis discos de la semana: del ‘country’ alternativo al jazz progresivo

Been Around. A Girl Called Eddy. Anti / Elefant Records

En 2004, Erin Moran, más conocida como A Girld Called Eddy, norteamericana afincada en Reino Unido, firmó un disco de debut calificado de instant classic que hizo perder la cabeza a gente tan dispar y admirable como Robert Smith, Tracey Thorn y Jane Birkin. Giró con algunos de ellos, además de con Richard Hawley, que estuvo tras los mandos del álbum, y luego desapareció. De ahí que su regreso, 16 años después, sea todo un acontecimiento. Su aterciopelado folk-soul, a ratos de una languidez carpenteriana, a ratos de una profundidad abismal y lluviosa emparentada con la de Margo Guryan, ha crecido. La paleta de colores es ahora más amplia y luminosa (los coros gospel, los instrumentos de viento), y quizá menos dolorosa y brillantemente intensa.


Epifanía sobre un 'beat'

Por Álex Sánchez

Seis discos de la semana: del ‘country’ alternativo al jazz progresivo

Suite For Max Brown. Jeff Parker. International Anthem /Nonesuch

Cuenta el guitarrista y compositor Jeff Parker (Tortoise) que tuvo una epifanía ejerciendo de disc jockey hace años mientras mezclaba a John Coltrane con Nobukazu Takemura, y que mucho de su trabajo posterior tiene que ver con aquella revelación: improvisación sobre un beat secuenciado. Sobre este eje pivota su nuevo disco, que tiene además algo de saga familiar: The New Breed (2016, dedicado a su padre) terminaba con las voces de Ruby Parker —hija de Jeff—, que abren también este nuevo trabajo (dedicado a su madre). Partiendo de un jazz de tintes progresivos —mitad escrito, mitad improvisado—, se incluyen elegantes llamadas al hiphop, el soul y el funk con conocimiento de causa. ‘Max Brown’ ilustra perfectamente la epifanía que abría este texto.


Evan Stephens Hall vuelve apesadumbrado

Por Xavi Sancho

Seis discos de la semana: del ‘country’ alternativo al jazz progresivo

Marigold. Pinegrove. Rough Trade / Popstock!

Tras un segundo disco casi genial (Cardinal, 2016), adorado por la prensa y por suficiente público como para poder exigir whisky del bueno en el camerino, Evan Stephens Hall, líder de Pinegrove, se vio involucrado en un caso de coerción sexual. Su reputación, al traste; y la banda, en barbecho. Ahora, en Marigold, su cuarto largo, vuelve Hall apesadumbrado, tratando que sus errores y sus malentendidos hagan que su banda de indie folk y de country emo suene madura y, sobre todo, que nadie pueda pensar, escuchando el disco, que pasarlo bien es una opción. Ni para Hall ni para el oyente. Se ha perdido esa chispa que hacía de Pinegrove lo más cerca que han estado los yanquis de tener unos Hefner. Ahora, simplemente, nos encontramos con otra banda liderada por otro señor triste que espera que empaticemos con sus circunstancias. A la cola.


Derroche de sabiduría estilística

Por Luis Gago

Seis discos de la semana: del ‘country’ alternativo al jazz progresivo

Bach: Conciertos para violín. Isabelle Faust (violín). Akademie für Alte Musik Berlin. Harmonia Mundi, HMM 902335.36. 2 CD

La foto de portada, que muestra a Isabelle Faust con los brazos abiertos de par en par, no puede ser más simbólica: es como si quisiera abarcarlo todo, que es justamente lo que hace. Tras sus Sonatas y partitas para violín solo de Bach, o sus magníficas Sonatas para violín y clave con Kristian Bezuidenhout, ahora recala en los conciertos para su instrumento, no solo en los tres canónicos, sino también en otros que solemos oír en su versión clavecinística, en dos de las sonatas en trío para órgano o incluso en la famosa Suite núm. 2 para orquesta, arrogándose el papel de la flauta solista. Más de dos horas y media de música tocada siempre con brío, perfecto equilibrio entre solista(-s) y grupo instrumental, y con un derroche de sabiduría estilística.