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COLUMNA i

Matrimonio

Encuentro 'Historia de un matrimonio' insoportable, falsa y pretenciosamente realista

Scarlett Johansson y Adam Driver en 'Historia de un matrimonio'. En vídeo, el tráiler de la película.

En los dos últimos años he disfrutado en grado sumo con cuatro películas. Son Cold War, Un día de lluvia en Nueva York, Roma y El irlandés. Las dos últimas se han podido realizar gracias a Netflix. Ese supermercado digital, abarrotado de cosas prescindibles o fatigosas, con la labor de entretener a una clientela tan grande como heterodoxa, sabe lo que es la calidad y que la inversión en ella puede salir muy cara. Pero también otorga prestigio, embelesa a una parte, ¿minoritaria?, de su clientela, recibe consecuentes premios, otorga cierta distinción a su negocio. Ignoro las cifras de audiencia de una serie tan lujosa y perfecta como The Crown o cuántos espectadores han sentido embeleso ante las últimas entregas de Alfonso Cuarón (aunque sospecho que Roma, consumida en casa, también habrá provocado algunas somnolencias en paladares prosaicos) y de Martin Scorsese, pero también debemos de ser bastantes los cinéfilos a los que nos compensa pagar la cuota a cambio de disponer una y otra vez, a domicilio, de maravillas como esas.

Aunque no esté muy pendiente de las opiniones ajenas sobre cine en los medios de comunicación y solo me fíe de mis propios gustos, los de siempre me habían puesto la cabeza como un sonajero vendiendo las inacabables excelencias, la torrencial sensibilidad, el realismo y la complejidad de la película Historia de un matrimonio, una de las últimas producciones de Netflix. Por alguna razón no me entra ninguna prisa por deleitarla al estrenarse en las salas y me invento mil pretextos, incluido algo tan divertido e intelectual como mirar las paredes o el techo de mi casa, cuando semanas más tarde la programa Netflix.

Y mi instinto no se equivocaba. La encuentro insoportable, falsa, pretenciosamente realista, habitada por personajes, diálogos y situaciones que me resultan cargantes. Y el arranque es esperanzador. Un hombre y una mujer escriben las razones por las que se enamoraron del otro. A partir de ahí, todo me resulta tan agotador como irritante: el proceso de divorcio entre el director de teatro y la actriz, la custodia del hijo, los abogados, la familia, los amigos, los reproches. Me importa una mierda su tragedia. El director consigue algo tan improbable como que Scarlett Johansson me parezca fea y repelente. Qué tortura.

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