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COLUMNA i

Hollywood

La serie ‘El último magnate’ es probablemente la mejor crónica de los entresijos del Hollywood de entreguerras

Gonzalo Suárez declaró en cierta ocasión que en algunas películas estadounidenses había secuencias que suponían el presupuesto total de una película española. Naturalmente, tenía razón. En la serie El último magnate (Amazon), adaptación de la novela homónima e inacabada de Scott Fitzgerald, hay varias. Las de algunas fiestas o la de la ceremonia de los Oscar en los complicados años treinta, por ejemplo, tienen unos costes de producción que equivalen a la totalidad de un largometraje medio español.

No han tenido suerte los Fitzgerald en sus incursiones en la televisión. Ni la que comentamos, ni Z: The Beginning of Everything, que narraba la historia de Zelda, la mujer del escritor, distribuida también por Amazon Prime Vídeo, consiguieron superar la primera temporada. El último magnate, una serie de 2017, es probablemente la mejor crónica de los entresijos del Hollywood de entreguerras, con sus vicios y virtudes, miserias y grandezas. No solo es la mejor; es la más lujosa en decorados y vestuario, además de lucir un reparto espléndido: Matt Bomer, Lilly Collins, Kelsey Grammer y Jennifer Beals, entre otros.

Lo curioso de esta excelente producción es la recepción que tuvo entre los críticos. Para Maureen Ryan, de Variety, “recuerda la elegancia melancólica de las mejores películas de los años 30”. Para Brian Moylan, de The Guardian, “los diálogos son tan toscos que parecen ladrillos salidos de la boca de los actores”. No sabemos lo que opinaría Fitzgerald de esta adaptación; lo que sí sabemos es lo que opinaba sobre Hollywood: lo dejó escrito en Historias de Pat Hobby, las reflexiones y andanzas de un guionista alcoholizado sobre lo que se llamó “la fábrica de sueños” que para él se convirtieron en pesadillas.

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