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La nueva vida de la televisión valenciana tras la escandalosa Canal 9

À Punt, íntegramente en valenciano, remonta su audiencia con el impulso de las fallas y atrae al público más joven de las autonómicas

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VAENCIA 26-3-19 À punt , la Radio Televisión Valenciana. FOTO,MÒNICA TORRES EL PAÍS EL PAÍS

Si de Canal 9 se decía que no hacía falta salir de la cadena para comer en familia, por los enchufados que había, de À Punt, su heredera, se comenta que no la ve ni Dios. Las exageraciones siempre tienen su punto de razón. La primera, en cualquier caso, ya es historia. Murió en noviembre de 2013 con un peso mórbido de 1.126 millones de euros de deuda y 1.660 trabajadores de plantilla. La segunda tiene aún el futuro por delante y nueve meses después de su nacimiento empieza a ver la luz (aún muy tenue) en términos de audiencia. Las recientes fiestas falleras han marcado su pico.

La noche de la cremà, retransmitida por el canal en un programa especial, obtuvo una cuota media del 5,9% de audiencia mientras la retransmisión de las mascletàs cada mediodía logró un promedio del 14%, logrando que muchos espectadores se quedaran a ver los informativos, los espacios más consolidados. Es uno de los datos más esperanzadores para la dirección porque, a falta de una campaña potente de promoción, las fiestas han servido para dar a conocer el canal a un público más amplio, subiendo la media hasta en torno al 2,5%.

Esta cuota es más bien escasa, lejana al promedio del 8,4% que marcaron las autonómicas en febrero en una clasificación liderada por TV3 (16,3%), seguida por TVG (9,4%), C.Sur (8,4%), Aragón TV (8,4%), ETB2 (7,9%), la extremeña C.EXT.TV (6,2%), la manchega CMM (5,8%), la canaria TVCAN (5,7%), la asturiana TPA (5,4%) y Telemadrid (4,8%). Pero hay que tener presente varios factores, además de su juventud y de la extirpación de programas tipo Tómbola: la cuota exigida para junio por el contrato programa de la cadena es del 2%. Además, À Punt, a diferencia de Canal 9, es una televisión íntegramente en valenciano, lo que significa una audiencia mucho más limitada que si fuera bilingüe. Para muchos, la principal razón de la existencia hoy de una cadena pública autonómica es la promoción y protección de la lengua autóctona en un mercado muy atomizado en el que el dominio de la oferta en castellano es incontestable. Bajo esa premisa se puso en marcha la televisión valenciana promovida por la Generalitat, el socialista Ximo Puig y la vicepresidenta, Mònica Oltra, de Compromís, con los votos de todos los partidos, menos el PP, que gobernaba la Generalitat cuando cerró Canal 9.

Hay otro factor que mueve al optimismo en À punt, que dirige la periodista Empar Marco tras ganar un concurso público: el perfil de su audiencia es el más joven de las autonómicas garcias a en gran medida a sus programas culturales (musicales, gastronómicos…), lo que significa que buena parte de su consumo se realiza a través de la web y de las redes sociales, a pesar de los problemas tecnológicos y de la cultura heredada a la hora de implantar una redacción integrada, según apuntan fuentes de la cadena. Con una plantilla de 435 trabajadores, muchos de ellos procedentes de la antigua Canal 9, y un coste anual de 12 euros por habitante es la cadena pública más barata, menos de la mitad del promedio de las autonómicas. El presupuesto anual es de 55 millones de euros al año, inferior al de TV3 (307 millones), Canal Sur (162) EiTB (134), TVG (97,2) y Telemadrid (80 millones) y superior al de Aragón TV (47), TVE CAN (45,4), CMM (38,9), IB3 (32,2), la extremeña C.EXT.TV (24,7), TPA (20), Murcia (15) y Ceuta (2,4).

Son solo algunos brotes verdes que deben crecer y madurar. La industria audiovisual autóctona ha sido el primer beneficiario directo, lógicamente. “Está claro que el sector se ha revitalizado, aunque no tanto como nos gustaría. Aún se está redefiniendo el modelo y la línea editorial, pero por fin hay movimiento después de años de subsistir gracias a un poco de cine y a la publicidad en nuestro caso”, apunta Pedro Pastor, productor de Voramar y vicepresidente de la asociación Productors Audiovisuals Valencians.

Marco ha reclamado incrementar a los 70 millones el presupuesto de la cadena, dentro de la horquilla que contempla el contrato programa. Pero la Generalitat no lo ha aceptado. Pide más recursos para lanzar una cadena que recibe críticas “muy injustas y de todos lados” con nueve meses de vida, y apunta unas mediciones de audiencia que no reflejan la realidad ni la comunidad a la que va dirigida. Una de ellas tiene forma de apelativo, “Telecompromís”, en referencia a la presunta proximidad de la cadena a los postulados y líderes de la coalición. La directora de la radiotelevisión autonómica lo rechaza de plano:"Es una crítica muy intencionada que no tiene ninguna base. Que lo demuestren. Que se analicen los informativos".

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