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Manuel Vázquez Montalbán: regreso al futuro

La marca MVM reaparece con fuerza 15 años después de la muerte del escritor con la recuperación de sus títulos emblemáticos y la resurreción de su mítico detective Carvalho

Manuel Vázquez Montalbán, en Barcelona en 1985. Ampliar foto
Manuel Vázquez Montalbán, en Barcelona en 1985. Magnum Contacto

"Los programadores de divorcio entre cultura de élite y cultura de masas morirán bajo el peso de la masificación de la cultura de élite”, escribió en 1969 Manuel Vázquez Montalbán (Barcelona, 1939-2003), nacido en el vencido barrio del Raval, crecido bajo la presión auditiva del “tu padre está en la cárcel” o “mejor no hablar del pasado” y formado bajo la espada “del gran esfuerzo económico en casa para que estudies”. Luego se convirtió en ilustrado del XVIII y, como guiño, se hizo puente cultural. A los 15 años de su ausencia reaparece por moderno, visionario y necesario.

MVM novelista y ensayista

“Mi obra es memoria histórica y poder”, se resumía Vázquez Montalbán en los noventa. “Como ensayista, parece que se ocupe unas veces de literatura y arte y otras de ideología y política, pero se ocupa de cultura política sabiendo que está hecha de aquellos… Y en sus mejores novelas no hizo nada diferente”, refuerza el catedrático de Literatura Española Jordi Gracia. Ejemplos:“El escriba sentado [1997] no habla solo del papel de la literatura en una sociedad capitalista, sino de las transacciones de un intelectual en una sociedad consumista a la que debe sabotear desde el lenguaje mismo, como demuestra un muy vigente Manifiesto subnormal [1970]”. En novela, en El estrangulador (1994) se respira “escepticismo irónico y descreído, pero también militancia incansable, por eso la épica política debía ser cantada en un novelón sobre altos vuelos políticos como Galíndez [1990] o en la épica humilde de la supervivencia de la derrota en El pianista [1985]”. En ambos géneros, “su percepción crítica es un refugio para la desorientación actual”, dice Gracia citando La aznaridad (2003) “como anticipo de la peor derecha de hoy”, o las novelas comentadas, vivas por “su alianza entre compromiso civil y político y especulación estética: algo parecido al regreso del realismo sucio que parecen vivir hoy las letras”.

“Su mezcla de ficción, reportaje e investigación recuerda a Carrère”, dice la editora Silvia Sesé

“Es un escritor clave a recuperar en múltiples facetas; su mezcla de ficción, reportaje e investigación recuerda a Emmanuel Carrère”, dice la directora editorial de Anagrama, Silvia Sesé, sobre Galíndez, reflexión sobre la ética de la resistencia a partir del asesinado político vasco y que acaba de repescar, y a la que seguirán El pianista y el Diccionario del franquismo (1977). Mucho de resistencia sentimental tenía también Barcelonas (1987), sabio y emotivo recorrido por su ciudad, escrutada en cada Carvalho, entonces llenas de obras olímpicas, aviso preclaro a sus conciudadanos de que se les estaba “extirpando un fragmento importante de su memoria, mitad cerebro, mitad corazón”; el Consistorio lo ha recuperado. Acertó en los pronósticos especulativos y de destrucción de tejido humano y urbano.

MVM poeta

“Siempre se espera un verano mejor y propicio / para hacer lo que nunca se hizo…”. Es el primer verso que recordó haber compuesto, pero nunca lo publicó. Porque fue también poeta: Blas de Otero dijo que era su sucesor y el primero de sus 23 premios fue en 1969, el Vizcaya, por Movimientos sin éxito. Y un año después, su inclusión en Nueve novísimos poetas españoles. “Su obra narrativa ha anegado a la poética que, encima, queda desplazada en los ochenta por la hegemonía de la poesía de la experiencia, más realista”, enmarca Manuel Rico, autor de Memoria, deseo y compasión (2001), aproximación total al verso vazquezmontalbaniano. Esa poesía social alambicada desde la vanguardia expresiva (“ya es hora de que la literatura se alimente de cine y canción”, escribió en 1969), la cruda posguerra y la insobornable conciencia crítica, con huellas de T. S. Eliot, Gil de Biedma o Gabriel Ferraté, “acabó en modesto tirachinas”, resumió cáustico él. Una educación sentimental (1967) y Praga (1985) serían las mejores puertas, sin olvidar Ciudad, poema de 1960, que dio pie al poemario homónimo (1997) y germen de El estrangulador, aspecto que Rico resalta: los vasos comunicantes entre géneros. “En Una educación sentimental está la semilla de El pianista, con presencia tamizada del padre, y en Pero el viajero que huye [1991] hay aromas de Los pájaros de Bangkok [1983]”. A los 15 años del deceso, “es difícil ver su estela en la poesía de hoy”. La reedición de Poesía completa. Memoria y deseo: 1963-2003 (Visor) permite seguir buscando.

Carlos Zanón: “Tuvo olfato para aventurar la corrupción política o el boom inmobiliario”

MVM autor policiaco

La complicidad entre Vázquez Montalbán y su criatura más internacional, Pepe Carvalho, fue tal que en los tres años de enfermedad que alertaban de los problemas cardiovasculares del escritor sin este saberlo se traslucieron en el pesimismo del detective y en sus tramas. Fue Carvalho quien, en 1979, al ganar el Planeta con Los mares del sur, transmitió a su creador “seguridad y capacidad de aprendizaje” como novelista. Aunque de entre los 24 títulos carvalhianos (en 2019 volverán Milenio I y II y el Quinteto de Buenos Aires, en Planeta) él prefería Los pájaros de Bangkok y La rosa de Alejandría (1984) y consideraba Tatuaje (1976), La soledad del mánager (1977) y Los mares del sur más de “cierto aprendizaje”, es esta trilogía la que el escritor Carlos Zanón, que el 15 de enero resucitará a Carvalho con Problemas de identidad (Planeta), recomienda —junto a Quinteto de Buenos Aires— para ver la génesis de “uno de los pocos personajes emblemáticos del noir español”. Resalta el autor de Yo fui Johnny Thunders la importancia de su denuncia política y social: “Su olfato para aventurar la corrupción política o la del boom inmobiliario o la decepción por la Transición ahora tan en boga es brutal ya en libros de los ochenta”. Siempre escritos “desde la alta literatura, no hay saldos”, y con una técnica particular donde “se resuelven los casos hablando, a lo teniente Colombo: son libros de entrevistas”, su mayor legado al género es “el optimismo: su Carvalho era pesimista, pero transmitía la alegría de vivir a través de la cocina, la lectura o el trato con la gente, no era el clásico investigador amargado y eso se ve en muchos detectives actuales”.

MVM periodista

“Un ejemplo de opinión no dogmática, capaz de salir de su burbuja marxista, impensable hoy, donde cada uno vive atrincherado en su ecosistema informativo”, defiende Francesc Salgado, compilador de la obra periodística de Vázquez Montalbán, como primer gran legado de quien escribiera casi 9.000 artículos en 42 años. Ambición literaria, documentación bibliográfica y oral, recuperación de la cultura popular, compromiso político, sensibilidad social e ironía marcan, ya con apenas 21 años, un estilo que parece de nacimiento. “Era ya muy leído: en Solidaridad Nacional escribe como un pequeño historiador”. Y a destajo: 70 pesetas el artículo; 150 la entrevista. Cree Salgado que le inspiraba también la voluntad de un “periodismo cívico, rellenando agujeros de conocimiento, y por ello, cuando cree que falta memoria histórica, se lanza en 1969 con la Crónica sentimental de España en Triunfo”. Cuatro cabeceras dicen mucho de su periodismo:“Por Favor, con Perich y Juan Marsé y las impagables Noticias del 5º canal; Triunfo y La Calle, por la serie de Sixto Cámara con su vecina Encarna; EL PAÍS, por sus textos de política nacional; e Interviú, por los de internacional”. Su éxito como columnista ocultó su faceta de gran entrevistador: Mis almuerzos con gente inquietante (1984) o Un polaco en la corte del rey Juan Carlos (1996). Pero ni así, asume Salgado, “nadie con 30 años, ni los más brillantes estudiantes de Periodismo o Filología, lo tiene hoy en la cabeza”.

MVM cronista deportivo

El cartel en la panadería del barrio del partido del Barça en los cuarenta y sus actuaciones como aguerrido delantero centro (corpulencia a la carga, poco gol), ya en los sesenta, con el equipo Les Flors de Maig y su intelectual alineación (Josep Fontana, Borja de Riquer, Josep Termes…). Es la iconografía vital de Vázquez Montalbán con el fútbol. El becario de las falangistas El Español y Solidaridad Nacional ya aborda el deporte en 1961, que asomará en Crónica sentimental de España o en el libro Política y deporte (1972, con el seudónimo Luis Dávila). El deporte como cloroformo del poder al pueblo, la “ceguera inclasificable” de la izquierda ante “la única participación épica legalizada de nuestro pueblo” y el Barça como “médium” en la historia de una Cataluña que pudo haber sido lo cosía todo. “Rompió con los prejuicios de la cultura de la izquierda, que miraba la gastronomía como una cosa de pijos; la copla, de franquistas, y el fútbol, de garrulos”, comenta el escritor Sergi Pàmies, a quien designó como heredero, y que fija el inicio del “triple acto terrorista” en la serie Barça, Barça, Barça de Triunfo (1969). Pàmies cree que hizo escuela: “Creó un espacio inexistente: el comentario cultural del deporte, conocedor de cierta tradición sudamericana de los Eduardo Galeano, Osvaldo Soriano…”. Destaca esa facilidad para la mezcolanza de la alta y baja cultura (“aparecían en la crónica Kubala, Marcuse, Mi Jaca y un fricandó”), así como un análisis crítico de regusto marxista “que he intentado mantener”. Y sobresale su capacidad de singularización: “Detectaba paradigmas con brutal instinto: con Beckham fue el primero en alertar de la globalización del fútbol”. Cuando el balompié mutó el lugar simbólico que le habían dejado la política y las religiones por el mercantilismo planetario, él se fue despegando. Pero quedan libros, recomienda, como Fútbol. Una religión en busca de Dios y el recién Barça, cultura i esport (en Base), que demuestran que fue un gran delantero centro… periodístico.

MVM gastrónomo

En los fogones igual había un arroz de bacalao y verduras a fuego lento, que él controlaba desde el piso de arriba, mientras escribía. ¿Por qué ha sido el gastrónomo más popular desde la Transición? “Porque fue un aventurero del paladar, de mirada inquisitiva, siempre abierta a nuevos movimientos, lejos de la cocina cobarde que reproduce la mesa-camilla de casa; y también muy generoso con los nuevos cocineros”, resume el periodista Pau Arenós, autor de Los genios del fuego y gran conocedor de todas las cocinas del escritor. Ayudó a la popularización de esa faceta que traspasará a su detective la pasión. “El Carvalho gastronómico sí es cien por cien Manolo, incluso compartieron el viaje de la humildad culinaria a la opulencia”. Un personaje que también le sirvió al escritor: ante la incómoda reivindicación desde la izquierda de esos placeres, “en un contexto de líderes como Carrillo o la Pasionaria, que ya reflejaban que no comían en exceso, Carvalho le sirvió de parapeto”. Tan bien pertrechado en la alacena como en la biblioteca (un millar de ejemplares del tema), recuerda Arenós que escribió él solo una enciclopedia (Carvalho gastronómico: 10 volúmenes), y de su producción restante destaca Contra los gourmets (1985): “Todo su corpus gastronómico es un redescubrimiento continuo, pero este mundillo es cada vez más autosuficiente con Twitter e Instagram: hay pocos cocineros y comensales que lean; no hay memoria, es ceniza”.