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ARTE / PROYECTOS

Yo te buscaré en Madrid

García Galería, uno de los proyectos más personales en arte contemporáneo, apuesta por trabajar con lo local

Vista de la exposición de Pepe Espaliú en García Galería.
Vista de la exposición de Pepe Espaliú en García Galería.

En los años 90 Joaquín García estudiaba Historia del arte y lo sabía casi todo sobre el retrato cortesano en la pintura española del siglo XV. Un día, al llegar a casa, el Telediario mostraba una performance llamada Carrying que un tal Pepe Espaliú hacía en el Paseo del Prado de Madrid, coincidiendo con el Día del Sida. Se quedó alucinado: “Fue de esas cosas que te hacen descubrir cómo el arte contemporáneo es algo que habla de tu tiempo y en tu idioma”, explica. Era la época pre-Internet, pero no le faltó tiempo para ir a la biblioteca a indagar sobre el artista. Hoy, 25 años después, lo expone orgulloso en su galería, uno de los espacios que mejor trabaja con algo tan difícil y a la vez importante en el arte como son los contextos de afinidad. Ésa es la base de García Galería: funciona como radar del contexto artístico en Madrid, una ciudad llena de infinidad de otros contextos.

Encontrar una línea personal de trabajo no es fácil. Lo sabe cualquiera que pone en marcha un proyecto. Pero Joaquín García sólo trasladó a un espacio comercial el estudio de un territorio que había transitado durante años, estudiado con tiralíneas en sus múltiples proyectos, especialmente con Doméstico, uno de los más queridos en el seno de la comunidad artística en Madrid. Los años pasados como director de la galería de Helga de Alvear le dieron “la mejor escuela”. Abrir una galería propia era otro paso más en ese ejercicio de saltarse el guión y no sucumbir en una ciudad como Madrid, tan sumida en la excesiva red institucional. “En Madrid hay un tejido artístico de altísima calidad y quiero apoyar su reivindicación. Por ejemplo, me interesa mucho lo que pasó en Madrid en los noventa, ya que ahora estamos en un momento perfecto para empezar a apreciar su auténtico valor. Quizás el último momento de eso a lo que a menudo llaman “singularidad española”. Por esa misma razón, me interesa defender lo que se hace en Madrid hoy en día, porque ya hay una generación entera de artistas, comisarios y productores de arte que no hay sufrido esa singularidad, y es algo que me interesa mucho. Especialmente, porque es la escena de mi ciudad y muy buena”, explica.

El inicio de García Galería fue excitante, lleno de energía. En 2012 abría junto a otros colegas galeristas en la calle Doctor Fourquet, convirtiendo la espalda del Museo Reina Sofía en la calle con más galerías de todo el país. El DF de Madrid. El objetivo de todas estaba claro: mostrar nuevas actitudes y modelos para conseguir el reconocimiento de la galería por su labor educativa y su papel en la estructura cultural de la ciudad. Había complicidad y retos comunes. Seis años después, algo de ese entusiasmo ha mutado en una preocupación ligera pero latente, como cuando te haces mayor y todo es posible e inasible a la vez. Porque algo de eso tiene el mercado del arte, sobre todo en España, con coleccionistas cada vez menos cautivos y más agentes del sistema. Menos anónimos y más conocidos. Menos consumidores y más protagonistas de la escena social. Es el tema que más preocupa a un sector que tiene la capacidad de proporcionar, como pocos, altas dosis de creencia, convicción, conocimiento, confianza y pasión por el trabajo de los artistas. De todo ello hablamos con Joaquín García.

Empecemos por ahí, hablando de la debilidad del mercado en el contexto del arte español.

O lo que es lo mismo: de la precariedad del sector. Frente a la profesionalización de artistas y galeristas en los últimos veinte o treinta años, hasta superar “el hecho diferencial español”, al coleccionista se le sigue tratando mal. Para mi eso es un problema gravísimo. Si en ese mismo periodo de tiempo, este país ha sacado adelante leyes extremadamente avanzadas o necesarias, no se entiende que ningún partido político se haya preocupado por algo tan básico como la Ley de Mecenazgo. Y estoy convencido que no es por maldad o por un plan oculto: me temo que es por la falta de interés político hacia la industria cultural.

¿Con una Ley de Mecenazgo sería suficiente para que el coleccionismo diera un vuelco?

A ver, es un paso importante pero también están la educación o el papel de la cultura en nuestra sociedad. Desde luego, una ley que apoye al coleccionista es imprescindible. Ahora mismo, comprar arte está casi penalizado. Y eso afecta a nuestros creadores de hoy y a los museos de mañana. Y a todo el tejido cultural. Mientras tanto, esto coloca a la galería en una situación de gran precariedad, y sobre todo de gran debilidad frente a la escena artística de otros países. Si una galería no es lo suficientemente sólida en su propio país no está en situación de salir a promover y defender a sus artistas fuera. Somos una cadena. El otro problema es la falta de continuidad de las instituciones: los vaivenes políticos que cambian de rumbo o, más habitualmente, dejan sin presupuesto a las adquisiciones. Con eso ya nos faltan dos patas de cuatro...

Pero si no te internacionalizas, no vas a ninguna parte... ¿Cómo salir de esa rueda?

Buena pregunta. Ahí estamos todos en este momento: si el mercado nacional es limitado tienes que salir fuera, pero si a nivel nacional no te da para sostenerte, ¿cómo vas a poder hacerlo fuera? Tampoco creo que sea un problema exclusivo de las galerías: es cierto que la escena internacional ahora mismo es muy poco permeable al arte que se hace en España y eso también incluye al artista o a las instituciones. Sinceramente me da mucha rabia que, por ejemplo, el trabajo de los museos españoles no tenga el eco internacional que creo que merece cuando aquí hay museos que tienen programaciones de las más interesantes de Europa.

Una de las máximas de la galería es reivindicar el contexto local. ¿Está sobrevalorado “lo internacional” en campo propio?

Parece que en España siempre estamos entre esos dos extremos: o exageramos la importancia de lo internacional y despreciamos lo propio, o nos vanagloriamos de lo propio desconociendo lo de fuera... Es fácil decir que en otras partes si funciona lo que aquí no y que en otros países tal y cual... y luego resulta que no es así. Quizá la parte más dolorosa de eso sea cierto tipo de coleccionista que prefiere comprar en galerías internacionales o que incluso ni siquiera sabe que el artista que le interesa tiene representación en España. Como que es más chachi decir que algo lo has comprado en una galería de París que en una de Barcelona. Desde luego no hay como ver mundo para encontrar un término medio, pero sí que es verdad que yo desde el principio quise trabajar con y sobre lo local. Desde que llegas a la galería, el nombre ya es claramente español y estamos en Madrid y también lo decimos en todas partes. Pero, sobre todo, porque quizá la base del proyecto de García Galería fue desde el principio el reivindicar la altísima calidad del trabajo de los artistas españoles y mostrárselo a los coleccionistas nacionales e internacionales. “Trabajar con y para el territorio”, creo que escribí en algún sitio al principio y me sigue gustando como definición de la galería.

Antes hablábamos de temas pendientes y, entre ellos, está también la educación. ¿Están los artistas jóvenes preparados para el mundo profesional?

Pues sinceramente no me lo parece: la inmensa mayoría acaba sus estudios sin saber en qué consiste la profesionalización de un artista. En ese sentido, la educación artística en España obvia absolutamente a las galerías. No existen, así de sencillo. Un artista recién salido de la facultad no sabe ni que existen ni para qué sirven. Tienen que recorrer un poco de mundo real para descubrirlas. Poco a poco ven que la galería es lo que les ayuda y permite profesionalizarse: tanto en el sentido económico, vivir de su trabajo como artistas, como al exponer su trabajo dándolo a conocer al público y al resto de agentes del mundo artístico.

Hablemos de los modelos de relación entre artista y galerista. ¿El artista es un proveedor o un cliente? ¿Cómo “atar” la lealtad mutua?

Personalmente desde el principio me tomé este proyecto como una barca en la que íbamos todos en la misma dirección: la galería y los artistas. Somos un equipo e intento que estemos todos implicados al máximo. Sí diría que la galería es un proveedor de obras de arte para los coleccionistas pero para mí la relación con el artista es más la de una construcción conjunta. De hecho, creo que la gente que conoce las exposiciones que hacemos sabe que lo prioritario aquí es lo que quiere hacer el artista, cómo quiere enseñar su trabajo. Mi teoría es que si un artista tiene buenas condiciones para trabajar va a querer seguir trabajando contigo, y si trabaja a gusto los resultados serán buenos y los coleccionistas te lo querrán comprar todo. ¿Tiene sentido?

¿Se percibe que los responsables de colecciones institucionales tengan “galerías preferidas”?

No es mi experiencia: la institución tiene que nutrirse de un numero grande de galerías porque solo entre todas puede reunir las obras que tiene el deber de mostrar, investigar y conservar. Si lo hace de otra forma es que algo no va bien y de hecho hemos visto algún ejemplo recientemente…

Esta exposición de Pepe Espaliú, como alguna otra, cuenta con un comisario detrás. La intervención de un comisario, bien en una exposición o en una feria, ¿puede tener alguna incidencia sobre las ventas? ¿Se considera un aval esta intervención?

No que yo sepa. Vamos que a mí no me ha ocurrido. El comisario es alguien que te proporciona el acceso al trabajo de artistas que tu no conocías o no estaban a tu alcance o no les podías dedicar el tiempo para estudiarlos o investigarlos a fondo para el proyecto que quieres presentar en la galería. En ese sentido, es un signo de calidad de la propuesta o de novedad dentro de la programación de la galería y eso, en teoría, debería traducirse en un aumento de ventas si lo que presentas interesa al coleccionista. Pero no es una garantía comercial per se.

La crítica ¿aporta prestigio? ¿Se hace hoy crítica de arte?

Uff… Pues más bien poco ¿no? Quiero decir, no hay casi medios especializados y los que hay tienen el espacio muy reducido así que difícil… Lo que más hay son reseñas o descripciones, eso que ahora se llama review pero me temo que la crítica necesita espacio para desarrollarse, para argumentar, para explicarse y eso no tiene medios actualmente en España. Pero si es cierto que internet está permitiendo que haya voces que si puedan expresarse con la longitud y la complejidad que necesitan. Y ahí puedes encontrar cosas muy interesantes.

Haz balance del “fenómeno Fourquet”.

Pues sólo puedo decir cosas positivas: han sido seis años muy intensos en los que han pasado muchas cosas. Ya no es ese primer momento de novedad que el público venía en masa a las inauguraciones y nosotros teníamos una relación muy estrecha entre galeristas y veías a alguno calle abajo para pedirle un plinto a otro… pero es que hemos crecido y nos hemos asentado y tenemos mucho más trabajo y hacemos más ferias, y ahora los coleccionistas saben que es mejor no venir el día de la inauguración si quieren ver bien las exposiciones… Todo comprensible. Pero lo más importante es que en Madrid hay una calle con 15 galerías de todo tipo, representativas de lo que se hace en el arte contemporáneo hoy en día, y que están abiertas gratis para que la gente las visite y conozca el arte de su tiempo y además, si quieren y les gusta algo, se lo pueden comprar y tenerlo en su casa. Y eso me parece un lujo.

¿Cómo trabajar desde lo afectivo sin amiguismos?

Pues distinguiendo entre el trabajo y los amigos. Muy sencillo. Una cosa es implicarte afectivamente en la gente con la que trabajas o que pertenece a tu esfera laboral (cosa que me parece inevitable a no ser que seas un asocial o un trepa) y otra beneficiar o priorizar a alguien próximo en el terreno laboral. Me parecen dos cosas muy diferentes y fáciles de separar. Es una cuestión de profesionalidad y de objetividad. Pero creo que son cosas que caen por su propio peso si quieres sacar algo adelante en cualquier ámbito profesional. Por mucho que aprecies a alguien de tu entorno profesional no vas a poder justificar un trabajo que no es bueno por mucho tiempo...