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MÚSICA

Aquella movida del nuevo flamenco

Mientras la nueva ola mecía el pop, una generación de jóvenes introdujo blues, música afrocubana y otras hierbas en el arte jondo. Un espectáculo reivindica esa revuelta

Antonio (en primer término) y Josemi Carmona, miembros de Ketama, en un concierto en Madrid en 1995. Ampliar foto
Antonio (en primer término) y Josemi Carmona, miembros de Ketama, en un concierto en Madrid en 1995.

Con la muerte de Manolo Caracol en 1973 acabó de golpe una época dorada del flamenco. No obstante, el germen del nuevo flamenco por venir ya estaba empezando a contagiarse por la ciudad que lo encumbró. Es precisamente en el tablao que Caracol había abierto 10 años antes en la calle de Barbieri de Madrid, donde los más jóvenes representantes de dos familias gitanas con solera —los Soto-Sordera, de Jerez, y los Carmona-Habichuela, de Granada— empezaron a experimentar junto a Ray Heredia con otras músicas ajenas en principio a su tradición. “Ketama nació aquí al lado, en los camerinos de Los Canasteros, a dos calles de aquí”, recuerda el guitarrista Josemi Carmona, uno de sus miembros, durante un aperitivo en la taberna La Carmencita.

Cuando en 1974 salió Gipsy Rock, primer disco de Las Grecas, y al año siguiente Los Chorbos se dieron a conocer con El sonido Caño Roto, la movida madrileña aún no existía ni siquiera como concepto en la mente de los gestores y programadores culturales de la época. “Nosotros”, dice Josemi, “queremos reivindicar en este espectáculo [La movida flamenca madrileña, este domingo en el festival Suma Flamenca] aquella otra movida: Caño Roto, Manzanita… Mi tío Luis tocaba mucho con Manzanita, que era un guitarrista flamenco fabuloso”. A finales de los setenta, los gitanos tienen un papel muy destacado en los inicios de lo que luego será la movida: el barrio de Caño Roto, Los Chichos, Las Grecas. Quizás sea una exageración: al parecer, el mismísimo Camarón se partía la camisa cuando Tina, de Las Grecas, cantaba por derecho.

La biografía del genio de La Isla acabó por convertir en leyenda aquellas noches flamencas. Desde los años setenta hasta inicios de los noventa, Madrid reunía a los mejores artistas. Entre pase y pase se iban buscando unos a otros por los tablaos para escucharse y divertirse juntos. “Esa es una época importante en el flamenco. Entonces los músicos nos alimentábamos más unos a otros. Nos reuníamos para tocar. Ahora pasa mucho menos”, afirma Josemi Carmona, que ejerce, junto a su primo Juan y a Paquete, de reclamo del espectáculo de mañana.

Raimundo y Rafael Amador, integrantes de Pata Negra.
Raimundo y Rafael Amador, integrantes de Pata Negra.

Apenas habían transcurrido 10 años desde la publicación de aquel primer disco de Los Chorbos cuando aparecieron en escena los Ketama. Pepe Habichuela logró convencer al productor Mario Pacheco para que les grabara un disco “a los niños”. El sello Nuevos Medios se había estrenado en 1983 con un trabajo que hoy pertenece a la antología de la guitarra flamenca: A Mandeli, de Pepe Habichuela, primer “joven flamenco” de la historia con casi 40 años cumplidos. Fue en la célebre cueva del Candela donde el guitarrista le hizo ver a Pacheco que aquellos chavales tenían futuro en esto de la música.

Vistos en perspectiva, aquellos años son de una efervescencia, audacia y creatividad extraordinarias en el flamenco. Enrique Morente estrena su Fantasía del cante jondo para voz flamenca y orquesta en el Teatro Real de Madrid en 1986; un año después sale el disco de Paco de Lucía Siroco, y en 1988 Tauromagia, de Manolo Sanlúcar. Dos cumbres de la guitarra flamenca que hasta hoy siguen resultando inalcanzables en muchos aspectos, tanto técnicos como estéticos. En este contexto Mario Pacheco decidió apostar por los jóvenes flamencos y darles difusión desde Nuevos Medios. Este nuevo flamenco lo abanderaron dos grupos muy distintos y, en ciertos aspectos, complementarios: Ketama, de Madrid, y Pata Negra, de Sevilla. Mientras que los Ketama fusionaron el flamenco con ritmos latinos de ascendencia afrocaribeña, los Pata Negra tuvieron el valor de meterse con el blues afroamericano y hacerlo sonar por bulerías (Blues de la frontera, 1987). Para los hermanos Amador, Jimi Hendrix era tan gitano como ellos, o ellos tan negros como Hendrix. Recordando aquellos conciertos en que Pata Negra y Ketama compartían escenario a finales de los ochenta, Josemi Carmona recuerda: “Cada uno tratábamos de seguir nuestro propio camino, sin copiar a nadie. Yo escuchaba la guitarra de ellos y me inspiraba, sentía envidia sana”.

Cabe suponer que no se trata de un mero ejercicio de nostalgia, sino más bien de una vuelta a los orígenes

Ketama tardó tiempo en triunfar en su propio país. Como en tantas ocasiones, tuvieron que venir los ingleses para descubrir a ciertos artistas españoles. En la prensa nacional se empezó a hablar bien de ellos después de que lo hicieran en la británica: allí les parecían la fusión perfecta entre flamenco y rock, pero aun así seguían sin sonar en la radio. Fue entonces cuando se inventaron aquellos conciertos dobles: los Pata Negra, que sí habían triunfado en España, y los Ketama en el mismo escenario. En esa misma época, Ketama grabó el primer Songhai con Toumani Diabaté. Este trabajo hizo subir su reputación en la prensa especializada, pero siguieron sin sonar en Los 40 Principales. En el diario francés Libération llegaron a decir que Nuevos Medios es la Tamla-Motown española. Mientras tanto, Tomasito se convirtió en una suerte de Michael Jackson: el mismo arte, pero con más gracia.

Cuando Enrique Morente acudió en 1991 a la sala Revólver para ver en directo la presentación del primer (y último) disco de Ray Heredia, fallecido poco después, junto a La Barbería del Sur, decidió que ese es el lugar ideal para captar nuevos acólitos afines a la causa: nacieron así Los Lunes Flamencos. Entre Revólver, la sala Caracol y la cueva del Candela se fueron generando las afinidades electivas que dan lugar al auge de la movida flamenca.

“En este espectáculo nos reunimos tres productores (junto a Juan Carmona y Paquete) que formamos parte importante del nuevo flamenco, para revisitar unos temas y darles la vuelta”, avanza Josemi Carmona. Cabe suponer, por tanto, que no se trata de un mero ejercicio de nostalgia, sino más bien de una vuelta a los orígenes.

Para terminar, le pregunto a Josemi por el secreto del sonido que su padre, Pepe Habichuela, le saca a la guitarra: “Se lo he preguntado muchas veces, pero ni él mismo lo sabe. Solo me dice que tocando así…, despacito, despacito”.

La movida flamenca madrileña. Suma Flamenca. Teatros del Canal. Madrid. El 24 de junio a las 20.00.